24 abr. 2014

El Lezama Lima de la pelota cubana

Nadie cuenta mejor esta anécdota que Norberto Codina, quien fue testigo presencial y la recrea con los más deliciosos detalles. El investigador cubanoamericano Roberto González Echevarría estaba de visita en Cuba. Alguien preguntó por él en una reunión de intelectuales y Miguel Barnet reaccionó desconcertado.
—Se ha ido para el interior —dijo, confundido, el autor de Cimarrón—. Quería conocer a un tal Marrero.
El humorista Enrique Núñez Rodríguez, quien también estaba presente, se sintió en la obligación de hacer una aclaratoria:
—Miguelito, ese tal Marrero, se llama Conrado, Conrado Marrero, el Guajiro de Laberinto, el Lezama Lima de la pelota cubana.
El pasado miércoles, en vísperas de su cumpleaños 103, falleció en su casa una de las más grandes leyenda del béisbol latino de todos los tiempos. Fue lanzador de los Senadores de Washington, en Grandes Ligas, y del Almendares y la Habana en la liga profesional cubana.
Como el béisbol es también una ciencia exacta, la trayectoria de Connie —que así era como le llamaban en el Big Show— puede consultarse con lujo de detalles en las estadísticas disponibles en Internet. Lo intangible, lo que perdimos para siempre, es esa admirable tenacidad con la que Marrero agarraba al destino entre sus nudillos.
El Guajiro de Laberinto es inmortal, eso ya lo sabíamos hace tiempo, pero no por eso deja de hacernos parecer más pobres su retiro oficial de la vida.

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