3 jul. 2011

Me hubiera gustado tanto haber crecido en un país normal

Cuando Fidel Castro cayó en cama. Su enfermedad se convirtió en un secreto de estado y Cuba entera se paralizó para esperar el desenlace. Aunque su hermano Raúl fue designado como sucesor (al modo de las más rancias dinastías), nada se hizo sin el visto bueno del líder supremo. Mi país dependía de un solo hombre.
En los países normales, cuando el presidente se enferma, la Constitución indica claramente qué hacer y todo sigue su curso, nada se posterga. Es una aberración, un crimen, que el presente y el futuro de una nación esté pendiente de un solo individuo. Nadie es indispensable. En cada pueblo hay muchos tan o más capaces que el presunto elegido.  
Colombia ha dado una muestra ejemplar de ello. Algunos llegaron a creer que Álvaro Uribe era indispensable para mantener la seguridad democrática en ese país. Juan Manuel Santos demostró en muy poco tiempo cuan errados estaban. Algo muy parecido ocurre en Brasil, donde Dilma Rousseff le ha dado una eficiente continuidad al legado de Lula da Silva.
Cuando Hugo Chávez cayó en cama. Su enfermedad se convirtió en un secreto de estado y Cuba entera se volvió a paralizar en espera de un desenlace. Aunque se trata del presidente de Venezuela; es el que paga las cuentas, el que corre con los gastos y las consecuencias de medio siglo de disparates y quimeras inviables.
Me hubiera gustado tanto crecer en un país normal, en un lugar que no dependiera de un solo hombre; sino del trabajo y las virtudes de todos.

3 comentarios:

Pancho Tristán dijo...

‎100% de acuerdo. 100% de aplauso.

José M. Fernández Pequeño dijo...

Uno del que no se oyera hablar, donde la salud del presidente fuera tan importante como mi deseos de comer helado... Sobre ese sentimiento tratan las 300 páginas de mi novela.

Odette dijo...

A mí también.