18 junio 2015

Un selfie de Diana

Me gustaría ser uno de los mejores poetas de Cuba para que fuera mío este verso: “Cuando Diana echó a rodar sus ojos azules nunca pensé que cayeran en mis manos”. Pero como no soy Emilio García Montiel y nunca llegaré a escribir como él, me conformo con Diana y su mirada.
Hoy, a propósito de su cumpleaños, le di las gracias por haberla encontrado. “¡Por habernos encontrado! —me corrigió ella— ¡Por habernos encontrado!”. Aun cuando vivíamos en universos tan distantes, a veces trato de imaginarme mi vida con ella a los diecipico, a los veintipico o a los treintipico.
Somos de la misma edad y nacimos en el mismo país, pero nuestras experiencias de vida fueron totalmente diferentes hasta que el azar por fin quiso que tropezáramos. Aunque ambos ya estábamos a punto de subirnos en la media rueda, decidimos no volver a separarnos por el resto del viaje.
Hemos pasado todo tipo de contratiempos y cada uno ha intentado hacer realidad el sueño del otro. Esas vicisitudes y esas ambiciones han acabado uniéndonos aún más. La conocí al borde de los 50, pero junto a ella le he perdido el miedo a la vejez.
Es como si hubiera doblado en U y estuviera de regreso a esa rara edad donde se es feliz sin el más mínimo motivo. Ayer, cuando salía de la peluquería, se hizo un selfie. Fue entonces que pensé en el poema de Emilito: “ya nada importa. Humanos o divinos, sus ojos apagaron mi temor”.

15 junio 2015

Cuba es mucho más que un lago, una isla y una nube

El 24 de abril de 1957, Marta Rojas congratuló a Fulgencio Batista. Esperó 11 días para escribirle un “mensaje de felicitación y cariño” por haber derrotado, el 13 de marzo, a los jóvenes que asaltaron al Palacio Presidencial. “Se portó usted valiente y grande y sigue amplio y generoso. ¡Lo admiro!”, concluye la periodista.
En la Cuba actual hay muchas maneras de comportarse como Marta Rojas, quien luego no perdió ni un minuto y se alistó al fidelismo; con tanto entusiasmo, que llegó a pedir que se declarara a La historia me absolverá como obra cumbre de la literatura cubana.
Recientemente, Tomás Sánchez escribió en su muro de Facebook un mensaje para Tania Bruguera donde le advierte que su “performance se lo está llevando el viento”. Lo hizo a raíz de que la artista fuera golpeada y detenida por la policía política de Raúl Castro.
"Creo que grupos, que ni siquiera se ponen de acuerdo entre ellos, están haciéndose promoción a costa de su prestigio internacional y buenas intenciones", dijo el pintor en Facebook. Sánchez, quien durante mucho tiempo pintó a Cuba anegada, ahora parece verla como uno de sus célebres basureros.
Tengo amigos que se resisten a opinar sobre temas políticos cuando de Cuba se trata (lo hacen constantemente sobre el resto del mundo). Ellos alegan que ya están viejos para tratar de cambiar las cosas. Tengo otros amigos que aseguran que todo lo que tienen que decir, lo expresan a través de sus obras (gracias a la abstracción, las metáforas, los símbolos, las analogías…).
Yo, que ya también estoy viejo, cansado y que vivo en el exilio, donde puedo pagarme con mi propio salario todo el Brugal Extra Viejo que me pide el cuerpo, prefiero decir lo que pienso y dejarlo por escrito, aun cuando después se lo lleve el viento.
Cuba es mucho más que un lago, una isla y una nube (aquella memorable obra de Tomás Sánchez). En Cuba hay once millones de cubanos esperando por el futuro y al menos yo, Camilo Venegas Yero, creo que jamás llegarán a alcanzarlo de la mano de los dinosaurios, de los hijos de los dinosaurios y de los nietos de los dinosaurios.

13 junio 2015

La Habana no reconoce al Príncipe de Mantilla

Con apenas 174 palabras resolvió el periódico Granma, libelo oficial del régimen de Cuba, el mal trago de tener que informarle al pueblo que Leonardo Padura había ganado el Premio Princesa de Asturias de las Letras. El texto, firmado por la Redacción Digital, no entra en detalles, sortea elogios y resuelve la situación de la manera más escueta.
El Premio Princesa de Asturias (Príncipe de Asturias hasta 2014) es uno de los más importantes que se le otorga a un escritor en Iberoamérica. Entre sus ganadores se encuentran Juan Rulfo, Günter Grass, Doris Lessing, Arthur Miller, Susan Sontag, Paul Auster, Amos Oz y John Banville, entre otros.
En una entrevista que El País acaba de hacerle a Abel Prieto, ex ministro de Cultura y asesor del dictador Raúl Castro, el funcionario se centra en la necesidad que tiene Cuba de defender la memoria cultural contra “la ola de banalización y frivolidad”. La divulgación del galardón merecido por Leonardo Padura hubiera sido una excelente oportunidad para contribuir a lograr ese objetivo.
Sin embargo, varios escritores e intelectuales cubanos que viven en la isla se han quejado de la sospechosa apatía con la que los medios oficiales reseñaron la noticia sobre el premio al príncipe de Mantilla, ¡el más importante reconocimiento a la narrativa cubana desde que Guillermo Cabrera Infante obtuviera el Cervantes en 1997!
Por cosas como esta es que resultan tan poco creíbles las palabras de Abel Prieto cuando asegura que la política cultural del régimen no es un problema político sino estético. Afortunadamente, los cubanos siempre se las han ingeniado para burlar las restricciones, prohibiciones, censuras y mutismos de su dictadura.
Felicidades a Lucía, a Conde, a Mantilla y a Cuba. Gracias a Padura por el país que ha creado para nosotros en sus libros. Ya está visto que para que nuestra creatividad se comparta, sea reconocida y trascienda, no se precisa de las perversas triquiñuelas de un intermediario que, desde un principio, propuso dividir a nuestra cultura entre los que están a favor y los que están en contra,  en todo o nada.

08 junio 2015

Polaroid de olores esenciales

El viernes en la tarde nos escapamos de la ciudad. Había sido una semana muy difícil y queríamos dejarla atrás, lo más lejos posible. Alquilamos una habitación, con vistas al bosque seco, en la playa de Bayahíbe. El sábado, después del mediodía, se nos unirían Marianela Boán y Alejandro Aguilar.
En cuanto amaneció nos hicimos un Bustelo en compañía de un sinsonte, varios pitirres y un pichón de cernícalo que estaba aprendiendo a volar. Fue entonces que decimos explorar las carreteras secundarias de la zona (preferíamos esperar por Alejandro y Marianela para ir al mar).
Después que construyeron la Autopista del Coral, el antiguo trayecto de Higüey se ha convertido en un apacible zigzag por pueblos relegados y potreros interminables. A lo lejos, las reses permanecían atrincheradas a la sombra. Cada árbol ha encontrado allí todo el espacio que necesita para demostrar su belleza.
Llegó un momento en que uno de los ramales del central Romana nos dio alcance. Decidimos desviarnos. En un apartadero, cinco jaulas llenas de caña parecían haber quedado varadas desde la pasada zafra. Le pedí a Diana que se acercara lo suficiente. Hunde la nariz entre los hierros y respira hondo, insistí.
Ahí adentro estaban los olores esenciales que tuvo mi infancia, los que me definieron como individuo. Visto de lejos, yo también era eso: un pieza de un tren que se quedó varada en un apartadero, sin alcanzar a ver el momento en que se produciría el futuro.
Cuando volvimos al hotel, el pichón de cernícalo ya planeaba con soltura. Frente a nosotros, el bosque seco y, un poco más allá, el mar. Alejandro y Marianela llamaron, estaban a punto de llegar.

06 junio 2015

Las propulsiones de Marianela Boán

(Escrito para la columna Como si fuera sábado, de la revista Estilos)

A mediados de los años 80, cuando Diego Armando Maradona era el mejor futbolista del mundo, la música se oía en radiocasseteras y “We Are The World” era la canción más tarareada del planeta, yo estudiaba teatro en la Escuela de Arte de La Habana.
Una tarde nos programaron una clase magistral con una de las artistas más importantes de Cuba. Estaba vestida como Olivia Newton John y se movía como Jenifer Beals en Flashdance. Era rubia y fumaba sin parar, como si necesitara estar siempre dentro de una nube.
El arte para ella era esencia, honestidad y, sobre todo, una necesidad imperiosa de decir algo. Detestaba la belleza y todo lo que podía convertirse en un adorno o algo pueril. Me veo claramente en una de las aulas de aquella escuela, mirándola encandilado.
Entonces, Marianela Boán ya era uno de mis referentes. Su necesidad casi compulsiva de estar a la vanguardia y de crear de manera constante, se convertía en un reto para todos nosotros. Cada vez que citaba a alguien, yo lo anotaba para después buscarlo en la biblioteca.
Explicaba con tanta convicción para qué le servía la creación, que uno llegaba a abstraerse de la rubia que tenía delante (alguna vez Leonardo Padura escribió que era de las que paraban el tráfico) y solo veía a la representación del verdadero artista.
30 años después, Marianela Boán sigue siendo un referente que aún permanece a la vanguardia y crea de manera constante. Además, se ha convertido en maestra de varias generaciones de bailarines, actores y coreógrafos, compartiendo con ellos la esencia de su vital legado.
Después de producir y dirigir algunas de las piezas más importantes de la danza y el teatro cubano de la segunda mitad del siglo XX, vivió en Estados Unidos por 8 años, donde fundó una nueva compañía y creó una serie de obras donde ofrece un visceral testimonio de la sociedad norteamericana y su experiencia personal dentro de ella.
Pero llegó un momento en que el frío de Filadelfia estaba a punto de quebrarla y decidió volver a sus orígenes. Aunque no gusta de echar raíces, el Caribe es su hábitat. Fue así que, gracias a Freddy Ginebra y al Ministerio de Cultura, República Dominicana se convirtió en su nueva casa.
Sus dos primeras obras creadas en el país, Sed (2011) y Caribe Deluxe (2013), son una lectura excepcional de algunas de las claves que definen a la sociedad actual, para bien y para mal. Ambas puestas en escenas se suman como una valiosa renovación en la danza contemporánea dominicana.
Pero el más importante aporte de Marianela Boán al país que le abrió de par en par las puertas a su creatividad, es la formación de un grupo de bailarines y la transferencia que ha hecho a ellos de sus conocimientos y experiencias. La obra #Propulsión, que acaba de estrenarse en Bellas Artes es la prueba más fehaciente de ello.
El espectáculo comienza con una luz cenital sobre un círculo de tiza y la voz en off de la propia Marianela: “Esta obra reflexiona sobre la circularidad natural de la vida, versus la ilusión de linealidad, entendida como progresión y meta. Explora la energía del recorrido circular y la propulsión que produce en los cuerpos hacia el vuelo o la destrucción”.
Una vez que el círculo de tiza es ocupado por espectadores (que luego grabarán y postearán con sus celulares lo que ocurre), los bailarines comienzan a recorrer esa vuelta en redondo que va desde el nacimiento hasta la muerte, pasando siempre a través de esa línea recta que es el azar.
Al final la rubia preciosa que entró a mi aula a darnos una clase magistral, acabó en los brazos de mi hermano Alejandro Aguilar, quien ha recorrido junto a ella —al lado del camino— las innumerables rutas que han definido su experiencia de vida.
Estar cerca de sus impacientes movimientos y de su creatividad me ayuda cada día a pensar mejor y, sobre todo, a ser mejor. Ahora el gran futbolista del mundo es Lionel Messi y la música se oye de manera virtual, pero el talento de Marianela Boán me sigue encandilando como el primer día. El tiempo en ella no pasa, gira.

02 junio 2015

John Cheever dejó ir el último tren de agosto

(Publicado originalmente en Diario de Cuba)

Con los años —escribe frente al mar Carlos Pintado—,
acabamos adueñándonos de muchas cosas.
Aún cuando no lo hayamos querido
ni nos esforzáramos en buscarlas,
terminamos dentro de una casa
llena de asuntos que nos pertenecen.
Vitrinas,
aparadores,
libreros,
cómodas
y mesas de noche
acumulan
un recóndito desorden
que puede revelar
con lujo de detalles
quiénes en verdad hemos sido.

La noche, como una sábana violeta,
ya ha empezado a caer sobre la playa.
Es entonces que Carlos Pintado
se quita la arena de la frente
y decide marcharse.
Antes, escribe una última línea:
John Cheever dejó ir el último tren de agosto.
Mañana hará todo lo posible
para lograr que el resto del poema
coincida en algún punto con ese verso.