04 febrero 2015

Para tener una idea del tiempo

Marta y Fulgencio.
Dalia y Fidel.

Para tener una idea del tiempo que ha pasado: La última vez que tuvimos otra dictadura, las fotos aún eran en blanco y negro.

29 enero 2015

Cortina rompevientos

Ya no alcanzo a ver aquella época.
Entre ella y nosotros
plantamos una fila de casuarinas.
Como un telón de fondo,
la hilera de pinos falsos
encubre todo lo que no fuimos,
lo que tratamos de ser,
lo que acabamos siendo.

Ya no alcanzo a ver aquellos años.
El muro de árboles tapa la luz
sobre la inmensa explanada.
Solo recuerdo el trasfondo
de una mañana de septiembre.
Nos habían formado
con la ropa de campo
y las manos entumecidas.
Parados en atención,
dijimos presente
y marchamos a sembrar
en dirección a una espesa llovizna.

Ya no alcanzo a ver aquel país.
Quedó del otro lado
de la cortina rompevientos,
de aquel muro de pinos falsos
que sirvió para que nos fuéramos
escabullendo,
uno a uno,
hasta conseguir
estar todos del otro lado
y ausentarnos
por el resto de nuestras vidas.

El lento desgaste de los días

Sartoris, una de mis novelas preferidas, comienza con una conversación entre dos sordos y un fantasma. “John Sartoris resultaba mucho más palpable que aquellos dos ancianos, unidos por su sordera común a una época ya muerta que se hacía cada vez más tenue con el lento desgaste de los días”, se lee en el segundo párrafo.
En la Cuba real sucede ahora mismo algo muy parecido a esa situación ficticia creada por William Faulkner. Dos ancianos, a quienes el exceso de poder ha dejado sordos, tratan de negociar algo que no pueden, porque ellos pertenecen a una época ya muerta y su interlocutor habla constantemente del futuro.
Ayer, ante varios jefes de estado de Latinoamérica, el dictador Raúl Castro dio a conocer las condiciones que su gobierno le ponía a Estados Unidos para normalizar las relaciones entre ambos países. En esa negociación, donde han participado muchos (¡hasta el Papa Francisco!), los cubanos no ha sido consultados ni una sola vez.
Por lo tanto, no debemos esperar nada de ella. Estados Unidos no tiene por qué responsabilizarse con el fin de la dictadura en ‪#‎Cuba, tampoco es su deber ayudar a los cubanos a ser libres. Por eso estoy a favor del fin del embargo y que entre ambos países existan relaciones normales. Eso, al menos, acabaría con la principal excusa del fidelismo (y de sus acólitos).
Obama hace bien. Los que hacemos mal somos nosotros, que le pedimos a un tercero que nos resuelva los problemas. Cuba no será libre cuando por fin comamos pollos de Kentucky, maíz de Kansas, pescados de Alaska y refrescos de Atlanta. Eso no impedirá que sigamos teniendo un país baldío.
Cuba será libre cuando los cubanos seamos capaces de ponerle fin al régimen opresor que dividió a nuestras familias, destruyó a nuestra nación y arruinó el futuro de varias generaciones. Insisto, no depende de Estados Unidos sino de nosotros.
Es nuestra responsabilidad acabar con el lento desgaste de los días en Cuba.

27 enero 2015

Una breve raya roja y un dictador apócrifo

Dentro de un lustro, la dictadura de Fidel y Raúl Castro cumplirá 60 años. Recuerdo cuando en Cuba se celebró el 60 aniversario de la Revolución de Octubre. A todos nos parecía mucho, muchísimo tiempo. Pero en 1989, cuando se desintegró la Unión Soviética y hubo que poner al país de los soviets en las cronologías, apenas lucía como una breve raya roja.
Algo parecido ocurrirá con el fidelismo. A los cubanos del futuro este medio siglo, en el que se desmontó su nación ladrillo a ladrillo, les parecerá un breve lapso de tiempo, lejano, absurdo, horripilante. Cuando salgan a la luz los más oscuros episodios, pondrán la misma cara de espanto que pusimos nosotros frente a la perversidad de Stalin.
Pero mientras tanto, cada día de vida de los dinosaurios que dejaron sin futuro a varias generaciones, nos parecerá una eternidad. Sobre todo porque estamos frente a un régimen que vive ajeno al tiempo. Como ellos ya lo perdieron, no les interesa en lo más mínimo que otros lo recuperen. Una prueba de ello es la carta apócrifa que el Granma ha publicado hoy.
No hace falta ser un perito para estar 100% seguro de que ni una sola de las 1.219 palabras de esa misiva fue escrita por Fidel Castro. Es probable que el octogenario dictador aún viva, pero con toda seguridad no está en condiciones ni siquiera de hacerse una foto fija.
De lo contrario, el mismo diario que hoy publica este (re)juego literario, habría amanecido el 18 de diciembre con el Comandante en Jefe junto a los tres espías liberados en portada. Sin en aquel momento histórico le fue imposible balbucear al menos una consigna, es improbable que ahora sea capaz dictar esos párrafos tan coherentes.
Cuba miente para ganar terreno y tiempo en sus negociaciones con Estados Unidos. Es probable que sigan consiguiendo lo primero. Pero lo segundo al final no importará; porque cuando por fin podamos poner a la dictadura en la línea del tiempo, dure lo que dure, lucirá como una breve raya roja.

24 enero 2015

El gran cambio también debe cambiarnos a nosotros

En septiembre del año 2000 recibí un email de Freddy Ginebra que cambiaría mi vida para siempre. Apenas tenía un párrafo y el 70% de su contenido estaba dedicado a los abrazos. Pero una sola línea me mantuvo el resto del día con los ojos clavados en la pantalla, ajeno a todo lo que ocurría en Casa de las Américas, que era donde laboraba en ese momento.
“¡Ya tienes trabajo en Santo Domingo. Empieza a despedirte de La Habana!”. Luego, en una llamada, me dio más detalles (aunque siempre envueltos en ese caos que arma Freddy cuando quiere decir cosas muy importantes y lo que le salen son chistes, fábulas, disparates…).
Apenas entendí que sería editor en un diario. “Será un hito en el periodismo dominicano. Están armando un equipo con periodistas de primera. Hay dominicanos, españoles, peruanos, mexicanos, argentinos, chilenos… ¡Es un todos estrellas!”, esas fueron exactamente sus palabras.
Entré en pánico. Yo no era periodista. Lo más cerca que había estado de serlo fue en El Caimán Barbudo y en La Gaceta de Cuba, cuando me tocaba redactar los obituarios o hacer pequeñas crónicas sobre acontecimientos en la cultura cubana. Mis conocimientos sobre República Dominicana eran elementales.
Todo lo que sabía de este país se lo debía al “Diario” de José Martí, a los cuentos de Juan Bosch, a las canciones de Juan Luis Guerra y a las cosas que me contaba mi padre, que siempre lamentó no haberse enrolado en una expedición para combatir a Trujillo (llegó a rebautizar un pequeño islote del lago Hanabanilla como Cayo Confites).
Recuerdo que, todavía muy nervioso, me metí en la biblioteca de Casa a buscar libros sobre el país que me recibiría en cuestión de semanas. Fue así que di con una historia de República Dominicana que había publicado el Fondo de Cultura Económica de México.
Si en el 2000 fue Frank Moya Pons quien me explicó el país y la cultura donde había decidido exiliarme; en 2014 fue él mismo quien me ayudó a entender con más claridad el país y la cultura a la que pertenezco desde hace ya 15 años. Gracias a “El gran cambio”, he podido poner otra vez los pies en esta tierra.
He sido testigo de la acelerada transformación social y económica que se ha producido en República Dominicana en los últimos tres lustros. Tenía mi propia visión de ella. Pero ha sido este libro, cuya edición y diseño son un verdadero lujo, a la altura de las imágenes y del propio texto, quien mejor me ha hecho entenderlo.
Vivimos en un país donde, de la misma manera que sobran opinadores, diletantes y manipuladores, faltan intelectuales que hagan lo que Frank Moya Pons acaba de hacer: mirar al pasado para explicar el presente. Olvidarse por un rato de los tiranos del ayer y ocuparse de los logros, los fracasos, las amenazas y las oportunidades del presente.
Hay que agradecerle al Banco Popular la publicación de este breve texto que es ya una obra inmensa. Ojalá que este valioso esfuerzo sirva de punto de partida y de estímulo para que otros historiadores continúen abordando la gran trasformación sociocultural que se sigue produciendo en el país.
Como puede apreciarse, tanto por el texto de Frank Moya Pons como por las excelentes fotografías que lo ilustran, en República Dominicana se ha producido un gran cambio. Eso debe servirnos para cambiarnos a nosotros mismos. Solo así todo el cemento y el sudor que se ha vertido empezaría a tener un verdadero sentido.

13 enero 2015

Pruebas de vida

A las dictaduras se les hace muy difícil ser transparentes. Como su principal objetivo es conservar el poder absoluto, muy pocas veces la verdad les sirve de algo. Por eso es que se ven forzadas a censurar, tergiversar y manipular de manera constante. El doble discurso es parte de su idiosincrasia.
El régimen cubano era un maestro en eso. No cabe duda que Fidel Castro tenía un gran talento como comunicador. A él se deben eufemismos tan sagaces como el de llamarle ‘Lucha Contra Bandidos’ a una guerra civil o ‘Periodo Especial’ a una terrible crisis.
Pero tras la enfermedad del Comandante en Jefe, la cual fue tratada como un ‘secreto de estado’, el aparato propagandístico cubano comenzó a desajustarse y a cometer pifias increíbles. A partir de entonces a su tradicional secretismo se le empezaron a ver unas costuras horribles.
El manejo de la enfermedad y la muerte de Hugo Chávez es uno de los mejores ejemplos. No se puede resolver una crisis, en la era de la Internet y las redes sociales, con los mismos truquitos de la época de  Palabras a los Intelectuales o la Zafra de los 10 Millones.
Pero el peor momento para el team de manipulación de La Habana ha sido este. Era inevitable que se produjera una reacción de Fidel Castro ante la liberación de los tres espías y el anuncio de que Estados Unidos y Cuba reanudarían sus relaciones diplomáticas.
Pero si chapucero fue no tomarlo en cuenta en ese momento climático, peor fue la idea de usar a Maradona para dar una supuesta prueba de vida. ¿De verdad creyeron que podían engañar a alguien con esa cartica? A propósito de pruebas de vida, el que sí parece estar vivo aún es Silvio Rodríguez.
Al menos a mí, la foto en la que aparece junto al futbolista no me luce que esté truqueada. Ese es el aspecto que tiene el Maradona actual y el que está a su lado es idéntico al autor de “Tu fantasma”.
Yo no sé el Dinosaurio, pero el trovador parece que sí está ahí.