Si hay algo en que el régimen cubano ha sido muy exitoso, es en el
uso de los eufemismos. En Cuba, desde hace medio siglo, muy pocas cosas se han
llamado por su nombre. Hoy no fue una excepción. Lo que se anuncia como una
“actualización de la política migratoria”, no es más que una ratificación de
las violaciones los derechos y la soberanía de los cubanos.
Muchos de los que leyeron por arribita, han celebrado la
eliminación del Permiso de Salida. Pero pocos han reparado en que el no menos
infame Permiso de Entrada se mantiene, como también siguen en pie las
restricciones a médicos, científicos, atletas y otros profesionales.
En su obsesión por manipular la realidad, el periódico Granma cae en
la desfachatez: “La política migratoria de Cuba, a lo largo de todos estos años
de Revolución, se ha basado en el reconocimiento del derecho de los ciudadanos
a viajar, a emigrar o residir en el extranjero y en la voluntad de favorecer
las relaciones entre la Nación y su emigración”.
El órgano oficial del Partido Comunista suele decir cosas muy
apartadas de la realidad, pero hoy llegó más lejos que nunca. No se puede ser
tan cínico en tan poco espacio. No se puede jugar de una manera tan perversa
con las miles y miles de familias que fueron divididas por la injusticia
revolucionaria.
Con la eliminación del Permiso de Salida, el régimen cubano solo
trata de destapar la olla para que no siga cogiendo presión. Ellos saben que el
país está a punto de estallar y, como en 1980, se adelantaron a los hechos.
Aunque ahora será a través de los aeropuertos y mucho más lento, al final se
producirá un éxodo parecido al del Mariel.
En aquella época, la moral fue levantada con actos de repudio y
desfiles interminables en cada pueblo. Pero han pasado 32 años. Todos los
deseos de marchar, incluso de algunos de los más combatientes, son en otro
rumbo, con otra dirección.




