Panamá, antes de ser un punto de partida para los aviones y un lugar de paso para los barcos, fue una estación de trenes.
05 julio 2011
El hombre que vino con la lluvia
Anoche Santo Domingo permaneció bajo un torrencial aguacero.
Las calles de la Zona Colonial se convirtieron en cañadas que se lo llevaban todo
en dirección al mar. Aun así, unos 20 empecinados desafiamos ese vendaval y
acudimos a la Tertulia Literaria de Casa de Teatro.
Lo que debía ocurrir era que Alejandro Aguilar y yo
leyéramos cuentos y poemas. Además, se inauguraría la exposición Moda Lite, de Marethé. Pero quiso el azar
que el poeta dominicano Basilio Belliard se apareciera allí con Eduardo Heras
León. A partir de ese momento lo más importante fue compartir con él.
El Chino Heras ha sido profesor de varias generaciones de
narradores cubanos. A finales de los años ochenta y principios de los noventa,
algunos de los escritores más premiados de la literatura cubana actual, eran
apenas nuevos pinos que descubrieron con él los libros inaccesibles y las técnicas
indispensables.
Tengo muchísimas cosas que agradecerle a Eduardo. Pero de
todas siempre me quedaré con la hermandad de Ángel Santiestéban. En honor a
eso, anoche saltamos por encima de todos estos años para caer en tres o cuatro
recuerdos imborrables. Ayer la literatura era la excusa, pero el hombre que
vino con la lluvia acabó siendo el gran regalo para todos.
04 julio 2011
Qué jóvenes éramos todos
Michel Perdomo, un escritor cubano que reside en Madrid, recuperó
esta imagen quién sabe dónde y la subió a Facebook. En un lindo gesto de
complicidad, nos etiquetó a Sigfredo Ariel y a mí. Los que me conocen saben que
soy muy llorón, así que no es difícil suponerlo qué me ocurrió al verla. Esa
foto donde Bladimir Zamora le brinda un poco de ron a Benny Moré, la hice yo mismo
un domingo de 1990 ó 1991.
Con nosotros andaban Fidel Sendagorta (Agregado Cultural de España
en Cuba), su esposa Mela y Santiago Auserón (el incombustible Juan Perro). En
el Cementerio Municipal de Santa Isabel de las Lajas hacía una tarde espléndida
y nosotros fuimos a celebrar el comienzo de Semilla
del Son, el fecundo proyecto discográfico que llevó a cabo el líder de
Radio Futura con la música cubana.
Cuando salimos de allí, fuimos a ver a mi madre y a mi
abuela a la estación de ferrocarril del Paradero de Camarones. En uno de los
andenes, debajo de una mata de limones que había en mi casa, a Santiago Auserón
se le ocurrieron unos versos que luego incluyó en una de sus canciones.
“Qué jóvenes éramos todos”, dice el pie que Michel le puso a
la foto. En ese entonces, además, todavía ninguno se había marchado. Ahora que
lo pienso, aquella época no duró tanto. Pero fue tan intensa que nos marcó a
todos. Por más distancia que queramos poner de por medio, siempre acabamos
volviendo de una manera o de otra.
En esa tierra que el ron riega,
se quedaron las semillas. Casi todo lo que germinó después se debe a ellas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





