07 junio 2011

La isla que quiere seguir perdiendo el tiempo

Muchos cubanos, impedidos de regresar a nuestra Isla o de vivir en ella como quisiéramos, nos hemos mudado a un país virtual que ha sido levantado entre todos, poco a poco. Allí, en las redes sociales y en una infinidad de blogs y páginas web, mis compatriotas y yo nos la pasamos comparando y soñando, discutiendo y queriendo.
No sé cuántas veces he recibido un email donde se destacan algunos de los indicadores que hacían de Cuba, en enero de 1959, uno de los países más desarrollados de América y de eso que todavía conocemos como el Tercer Mundo. Las infraestructuras y los avances tecnológicos que teníamos entonces eran realmente envidiables para muchos.
Pero a partir de ese mes y de ese año, nuestra república decidió comenzar a perder el tiempo y es así que hemos llegado al punto en que estamos hoy. En 2011, la mayoría de nuestros índices de desarrollo solo son mejores que los de Haití y La Habana, que antes era comparada con París o Nueva York, cada vez se asemeja más a Puerto Príncipe.
Para poder hacer “cierto balance del raulismo”, Carlos Alberto Montaner necesitó de al menos cinco años, que es más de un periodo presidencial en la mayoría de los países del mundo. Es comprensible. En Cuba ahora se hace tan poco y dentro de la isla hay una inmovilidad tal, que un lustro apenas alcanza para tantear o suponer, para comenzar a cotejar.
El mundo actual cambia a una velocidad vertiginosa. Lo que está vigente hoy, comienza a ser obsoleto dentro de tres meses. En Cuba, en cambio, un gobierno que ha fracasado rotundamente por medio siglo, aún defiende su permanencia a capa y espada. Por eso, como nuestra Isla ha decidido seguir perdiendo el tiempo de manera indiscriminada, nos mudamos para una virtual… y allí vivimos.

03 junio 2011

El trago más amargo de Ñico Membiela

En la calle O´Donnell, justo en la esquina de Santa Elena, su nombre no está escrito en ninguna parte. Y si estuviera, muchos jóvenes no sabrían de quién se trata. En el Hotel Jagua hace medio siglo que no retumban sus boleros. En Radio Ciudad del Mar ya nadie pide sus discos.
Cienfuegos fue obligada a olvidarse de Ñico Membiela. Todos los recuerdos que quedaba de él en la ciudad fueron ocultados de tal manera, que ahora no aparecen por ninguna parte. Y es una pena, porque poco antes de morir, cuando él ya había perdido la memoria, solo repetía el nombre del lugar donde se hizo trovador.
—Tengo que irme para Cienfuegos, porque me van a hacer un homenaje —dicen que decía.
Antonio Francisco Membiela nació en Zulueta, muy cerca de Santa Clara, el 3 de diciembre de 1913. Pero desde muy pequeño sus padres se lo llevaron a vivir a la Perla del Sur. Fue allí donde empezó a tocar la guitarra y no dejó de hacerlo hasta que se convirtió en un ídolo de los cubanos de los años cincuenta.
Muy pocos se enteraron de la noticia de su muerte, que ocurrió en Miami el 13 de julio de 1998. A veces no recordaba ni quién era. Aun así, jamás se olvidó del camino de regreso. Con su dedo índice señalaba en dirección al Sur y pronunciaba el nombre de su lugar en el mundo.
El trago más amargo de Ñico Membiela  fue ese, no estar tranquilo en Cienfuegos el día que murió su canción.

02 junio 2011

Estoy cansado de explicar las películas cubanas

Solo entro a Cubavisión durante la temporada de béisbol. Además, casi por disciplina, he programado la cajita del cable para que grabe todas las películas que pasen en ese canal. Gracias a eso ya tengo una apreciable colección que permanece a salvo en un folder.  Para ello, me he asegurado de que no se borren cuando el disco duro del aparato necesite espacio.
Eso me ha permitido hacer un interesante ejercicio de revalorización. Algunas de las películas que recordaba con cariño, ahora me han resultado sosas, pobres y hasta ridículas. En cambio otras, a las que no les di mucha importancia en su momento, me han sorprendido con cosas que no advertí entonces. El valor antropológico de algunas, donde se revela cómo éramos y dónde habitábamos, es lo que más agradezco siempre.
Pero ver películas cubanas también se me ha convertido en una experiencia muy agotadora. Mi pareja es dominicana. Estudió en su país y en Europa. Sus referencias culturales son las de cualquier individuo normal de una sociedad normal de finales del siglo XX y principios del XXI. Eso la hace incapaz de entender lo que sucede en esos filmes.
Cada vez que se produce un giro en las tramas, tengo que poner pausa y explicarle qué está sucediendo y por qué los personajes se comportan de esa manera. No niego que, en la mayoría de los casos, disfruto mucho verlas otra vez. Pero ya estoy cansado de tener que explicarlas tanto.

24 mayo 2011

Feliz cumpleaños, Bob

Robert Allen Zimmerman vino al mundo en Duluth, Minnesota, el 24 de mayo de 1941. Eso quiere decir que hoy, gracias a que nos libramos del cataclismo anunciado por Harold Camping, podemos celebrarle los 70 años a Bob Dylan, que es como se llama el tal Robert Allen en la memoria colectiva del mundo.
Pertenezco a una generación de cubanos que, por imposición de las circunstancias, nos esforzamos demasiado en encontrar nuestro propio Dylan. Queríamos un tipo que entonara en el idioma que hablábamos esa realidad tan excepcional que nos había tocado. Al final acabamos desistiendo. El que más cerca estuvo se hizo viejo antes de tiempo, “esclavo ya de la precaución”.
Hoy leí que hay tantos Dylan como fieles y detractores. Pero incluso a los que uno tenga algo que escatimarle, son de una autenticidad escalofriante. En la más reciente entrega de los premios Grammy, Bob apareció enfundado en su sombrero de vaquero, como si fuera un adolescente que ha entrado a una fiesta donde no le han invitado.
Esa es la misma impresión que dejan sus discos. Sea el que sea, pertenezca a la etapa que pertenezca, lo que suena es un hombre que vino al mundo a construir metáforas con la misma destreza que otros se dedican a la tierra o la albañilería. Hoy también leí que Bruce Springsteen dijo que “si Elvis liberaba tu cuerpo, Dylan liberaba tu mente”.
Ahora entiendo lo que me pasa cuando lo oigo. Me siento un hombre realmente libre, cual solamente puede ser libre.

La cañada

Al fin corrió el agua por la cañada.
Después de una larga seca,
que nos mantuvo a todos
con la vista llena de polvo
(la neblina nunca es suficiente
para cubrir tantos restos),
el hilo de agua bajó de un golpe.
Aún es muy frágil,
apenas cayó un aguacero,
pero ya se le ve la intención
de arrasar con todo,
de convertirse en arroyo
y, por unas horas,
mover el interior
de las cosas.
Su único propósito
es sacarlas de su sitio
y soltarlas más adelante,
en un lugar que no estén tan a la vista.
Su función natural ya está cumplida.
Ahí va,
efímera,
indetenible,
a meterse en el río
con la certeza de llegar hasta el mar.
La cañada,
ese resumen
tan meticuloso de nosotros mismos,
lo ha calculado todo
con precisas medidas
y ya no prepara el final de la noche
y la sucesión de los olvidos.
Por eso cuando se escurra entre las piedras
no recordaremos ni una sola cosa
de todo lo que ha pasado.

Tengo deseos de darle un abrazo a Pedro Pablo Oliva

Hace unos días traté de reencontrarme con un escritor cubano con quien mantuve, una década atrás, una estrecha amistad. No fue posible. Intercambiamos algunos mensajes a través de Facebook (pero siempre sin que él aceptara mi amistad) hasta que se perdió todo contacto. En los días cercanos a su viaje, cancelé toda mi agenda de trabajo. Traté de disponer del mayor tiempo posible para que el abrazo sucediera.
Por esos mismos días, otro escritor cubano, también de paso por República Dominicana, hizo ciertas confesiones impulsado por el ron. De memoria, citó los nombres de los que ya no tienen perdón (se refería a la lista negra del régimen). Confieso que me llenó de orgullo saber que estaba en ella y compartía sus renglones con gente tan talentosa y honesta (sobre todo consigo misma).
Admito que el rechazo del antiguo amigo me entristeció. Solo quería darle un abrazo y hablar mierda hasta el amanecer. Tenía organizada una expedición a la punta de una loma y el baúl del carro estaba lleno de alcoholes añejados en barricas de roble blanco americano (lo cual no guarda ninguna relación con mis “debilidades ideológicas”).
Mientras eso sucedía en el extremo más cercano de República Dominicana, en el más alejado de Cuba alguien era expulsado del “paraíso”. Pedro Pablo Oliva, uno de los pintores más importantes de su generación (que es la misma de los dos escritores antes mencionados), dijo por fin lo que pensaba y eso le costó que comenzara la persecución, la cacería.
No conozco a Pedro Pablo Oliva, nunca coincidimos en ninguna parte. Pero estoy convencido de que si algún día tropezamos, vamos a estar hablando mierda hasta el amanecer. Ahora es a él a quien tengo deseos de darle un abrazo.