Según Andrés Calamaro, Diego El Cigala es el Picasso del cante. Desde que se conocen, hace más de una década, el argentino y el español han compartido una gran amistad, muchísimos escenarios y no pocas grabaciones. La última de ellas, “Los hermanos”, de Atahualpa Yupanqui, es uno de los momentos cumbres de Cigala & tangos, el nuevo disco donde el cantaor se apropia de los sonidos menos perecederos del Río de la Plata.
“Cuando un intérprete, un artista consagrado por la gloria de su canto como es Diego se decide a cantar diez tangos en la Argentina, es para sentarse y escuchar —dice Calamaro—. La gente lo conoce y espera una epifanía de Diego cantando ‘El día que me quieras’. Lo divino y lo humano, por esa afinación, por ese caudal, por ese fraseo que tiene para sorprender. Acá lo importante es que es El Cigala el que está cantando. Él resiste cualquier mirada crítica: Es un cantante gigante”.
Antes de ese dúo, Andrés y Diego se habían encontrado en el primer corte de On the Rock, el disco más reciente de Calamaro. Allí, interpretan “Barcos”, otra canción que le rinde tributo a la fidelidad de los hermanos. “Nos perdemos por el mundo, nos volvemos a encontrar. Y así nos reconocemos, por el lejano mirar”, asegura Cigala, que ha hecho ahora con el tango algo semejante a lo que logró antes con la música cubana y con el piano de Bebo Valdés.
“Yo tengo tantos hermanos, que no los puedo contar. Y una hermana muy hermosa, que se llama libertad”, dice la estrofa de Yupanqui. El último verso, Calamaro se lo “robó” para terminar una de sus canciones más hermosas (valga lo que redunda y sobra). De esos trueques, equívocos y milagros está hecho también “Cigala & tangos”, un disco que nació condenado a convertirse en una obra maestra.




