22 diciembre 2008

Jugada de sacrificio

Hace apenas tres años Dayán Viciedo era el niño prodigio del béisbol cubano. Aunque era demasiado joven, sus extraordinarias cualidades como jugador lo mantuvieron en la preselección del equipo Cuba que asistió al Clásico Mundial hasta el corte final. Después de firmar un contrato por 10 millones de dólares con los White Sox de Chicago, incluyendo un bono por 4 millones, Viciedo se ha convertido en el arma secreta del equipo de la ciudad de los vientos.
Dayán tiene grandes posibilidades de convertirse en el primera base regular de los White Sox. Al menos esas son las expectativas que tiene su mánager, el venezolano Ozzie Guillén. Pero a pesar de que el Viciedo tiene razones de sobra para sentirse feliz, hay algo que lo entristece. “Me habría gustado jugar con Cuba en el Clásico Mundial. Es un tremendo orgullo poder jugar con tu país”, le dijo Viciedo a un reportero de ESPN. La semana pasada Carlos Lage, miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, aseguró que “es un acto de barbarie prohibirle a un ciudadano visitar a su familia”.
Con esas palabras, el miembro del Consejo de Estado anunciaba que las puertas de la isla estaban abiertas para una buena parte de los cubanos que residen en Estados Unidos (ya sabemos que ciertas restricciones aplican). Más allá de lo hipócrita que puedan resultar las declaraciones de Lage. Más allá de lo irracional y discriminatorias que resultan las políticas migratorias del gobierno cubano, permitir que los peloteros cubanos que juegan actualmente en los equipos de Grandes Ligas se integren a la selección nacional, enviaría una clara señal de que, efectivamente, las cosas pueden ser distintas durante el gobierno de Barack Obama.
Con la inclusión de Alexei Ramírez, Yuniesky (Riquimbili) Betancourt, José Ariel Contreras, Yunel Escobar, Liván Hernández, Brayan Peña, Yunel Escobar, Kendry Morales y el Duque Hernández (quien, a pesar de su veteranía, podría hacer un gran aporte con su enorme experiencia), la escuadra cubana luciría mucho más sólida frente a otras que tendrán en sus filas a grandes estrellas de la Gran Carpa.
Estoy de acuerdo con Lage en que las restricciones que los Estados Unidos mantiene sobre los viajes de sus ciudadanos a Cuba son absurdas y no tienen justificación alguna. Pero si eso para él eso es una “barbarie”, me gustaría saber cómo califica el Permiso de Salida que su gobierno le reclama a todos los cubanos que desean viajar y las prohibiciones a muchos de los que ya lo han hecho para que vuelvan a pisar su tierra natal. Empezar por los peloteros sería hasta simbólico. Al fin y al cabo el béisbol es uno de los más sólido signos de identidad de los cubanos y uno de los vínculos más importante que ha mantenido la isla, por más de un siglo, con Estados Unidos.
De seguro que a Obama, que es fanático de los White Sox, le gustaría ver a dos jugadores de su equipo participando en el Clásico con el uniforme de Cuba. Aunque para muchos eso sería un jonrón y para otros un doble play, la jugada podría interpretarse como un sacrificio para poner a los corredores en posición anotadora. Y eso es lo que al final se necesita, anotar carreras para que el partido no se mantenga detenido y acabemos de llegar, de una vez y por todas, al out 27.

21 diciembre 2008

Fifty-fifty

La república duró casi cincuenta años, que es la misma edad que está a punto de cumplir la revolución. Esas son las dos mitades de la nación cubana en los últimos cien años. Supongo que fue el béisbol quien adiestró a los cubanos en las comparaciones estadísticas. Los complejos numeritos de ese deporte le han dado un carácter matemático a nuestra identidad.
Dos mitades exactas son un buen punto de partida para sacar una infinidad de cuentas y responder muchísimas preguntas. Desde que tengo uso de razón, Fidel Castro hace comparaciones. Le gustaba equiparar la cifra de maestros y estudiantes que había en Cuba en 1959 con las del momento del discurso. Los hospitales y los médicos era otra de sus cifras preferidas.
Ahora esas cuentas se pueden extender mucho más y abarcar todas las ramas de la economía y la sociedad. Pongamos una mitad frente a la otra y veamos en cuál de las dos Cuba creció y se desarrolló más. Existen varias metodologías para hacerlo, pero cualquiera de ellas tendrá que dejar en claro cuál de las dos épocas fue mejor para los cubanos y su nación. Los convido a creerme cuando digo pasado.

19 diciembre 2008

Héroes por chivatos

Cuando los cinco espías de la dictadura cubana fueron apresados en Estados Unidos, Fidel prometió que volverían a su país más temprano que tarde. Los años han pasado y ningún ardid del Comandante en Jefe ha funcionado. A pesar de la sostenida campaña propagandística del régimen por todo el mundo, los acusados de espionaje continúan cumpliendo su condena. Raúl Castro acaba de proponer un intercambio.
“Vamos a hacer gesto y gesto: esos prisioneros de que tú hablas, si quieren soltarlos, que nos lo digan mañana, se los mandamos para allá con familia y todo”, declaró Raúl a un grupo de reporteros. “Que nos devuelvan a nuestros cinco héroes, es un gesto de ambas partes”, fue la propuesta del mandatario. Gracias a su proverbial manejo de los eufemismos, Fidel bautizó a sus espías como héroes.
En cambio a los disidentes, a ese puñado de individuos que se ha opuesto pacíficamente al totalitarismo y la ignominia, se les llama mercenarios, vendepatrias y un sin número de descalificaciones que el dictador cubano siempre lleva en la punta de la lengua para sus adversarios.
En algún momento esos nombres tendrán que revisarse y redistribuirse. Llegará el día en que las Damas de Blanco y todos esos hombres sencillos que se han enfrentado a la dictadura, sin otra arma que no sea los cojones que hay que tener para hacerlo allá dentro, merezcan la gratitud de todos los cubanos. Cuando eso suceda, estaríamos hablando de un canje de héroes por chivatos.

17 diciembre 2008

El árbol oscuro

No me gusta la Navidad. No sé disfrutarla. Me aturde esa felicidad artificial que lo invade todo. Cuando vivíamos en La Habana y la Navidad era un antiguo cuento de familia, uno de los tantos recuerdos del “tiempo de antes”, tenía otro encanto. Pero ahora que le conozco en persona, me es antipática, me molesta.
Debajo del andén de Camarones, mi abuela guardaba los restos de un nacimiento y las bolas sin luz de un arbolito que nunca más se volvió a encenderse después de 1970. Ese año, con el pretexto de la Zafra de los Diez Millones, Fidel desterró a los Reyes Magos (como antes lo había hecho con los curas) y prohibió todo festejo entre la Nochebuena y el Día de Reyes.
Aunque después de la visita de Juan Pablo II a la Isla se despenalizaron esos días y se decretaron feriados otra vez, los cubanos de hoy no saben cuándo celebrarlos ni tienen como. Cinco libras de arroz al mes, algunas onzas de frijoles y un pedazo de carne de contrabando son lo justo para sobrevivir, no alcanzan para una fiesta.
El viernes llega a Santo Domingo el tío Aramís. Vive en Miami desde los años sesenta y no ha vuelto a Cuba nunca más. Mi madre lo espera ansiosa. Una a una, volveré a oír las mismas historias de siempre, como si sucedieran otra vez, fuera ya del espacio y el tiempo. Esos recuerdos serán mi arbolito de Navidad y mi única fiesta, sólo en ellos permanecerá encendido aquel árbol oscuro que mi abuela Atlántida tuvo que esconder debajo del andén.

03 diciembre 2008

¡Mes Amis!


 Ignacio Agramonte le hablaba en francés a sus soldados,
una docena de negros desnudos que le seguían machete en mano
mientras cortaban cabezas y se hundían cañaveral adentro.
«¡Mes amis! –Les gritaba– ¡Mes amis... la liberté!»

En mi pueblo no hay posadas ni moteles de paso.
Una barbería, dos tiendas, un bar y una botica.
Es todo.
Nada más hay en la calle que lo divide
como un corte hecho de una sola vez,
pero con una navaja sin amolar.
En la barbería hay un espejo desde donde se ven las dos tiendas.
En las dos tiendas las puertas son amplias y se está al tanto de todo.
El bar queda frente a la botica
y en cualquiera de los dos se puede beber un buen trago de alcohol
(ablandado con hierbabuena y agua).

Durante años, estuvo mal visto que nuestras mujeres
hablaran con hombres de otros pueblos o con recién llegados.
Sabían darse su lugar y jamás tuvimos quejas de ellas.
Pero todo cambió y ahora
cuando las mujeres de mi pueblo se desnudan
hablan en francés.
Lo aprendieron de un que turista
que se llevó a dos en un jeep rojo.
«¡Mes amis! ¡Mes amis la liberté!»
Gritan, mientras mueven las cabezas y se hunden cañaveral adentro.

01 diciembre 2008

Carteles son carteles

Cada vez que iba con mis padres a La Habana, llevaba en mi cabeza una lista de cosas que quería volver a ver: los elevados de la Estación Central, los barcos amontonados en el puerto, el muro del Malecón, los túneles, el Zoológico y todas las cosas de aquella gran ciudad que deslumbraban a cualquier guajirito.
Pero además de esas obras grandilocuentes y obvias, había pequeños detalles que también me fascinaban: el taller donde mi tío Cirpiano, el marinero, atesoraba las más inconcebibles herramientas; una ventana de mi tía Nellina que daba a un aserradero, la acera de mi abuela Eloisa, en la calle 50, y los carteles de los alrededores de la Universidad.
Cada vez que la guagua se precipitaba por esa especie de montaña rusa que es la calle San Lázaro, yo le pedía a mi padre que me cargara para ver aquellos letreros escritos a toda prisa y que por aquella época acababan de restaurar. Cada vez que eso sucedía, mi padre me tenía que repetir la historia de los jóvenes que pintaron aquellas palabras contra la dictadura de Fulgencio Batista.
En la madrugada del 27 de noviembre, en San Germán, Holguín, nueve jóvenes fueron arrestados en un operativo realizado por la Seguridad del Estado. Aún hoy continúan incomunicados y sin que sus familiares tengan noticia alguna de ellos. Según los esbirros que los retienen en la Unidad de Operaciones de Pedernales, en las afueras de de Holguín, se les acusa de “propaganda enemiga”. Una pequeña nota publicada en Encuentro en la Red, asegura que “durante más de un mes, el municipio de San Germán, en la provincia Holguín, fue testigo de una inusual ola de carteles antigubernamentales, sin que se hallara a los autores”.
Entre los apresados hay estudiantes universitarios, jóvenes con la misma edad de aquellos que pintaron sus gritos de protesta en las paredes de la calle San Lázaro. En San Germán ya deben haber borrado, palabra por palabra, todos los grafittis. Como ni siquiera para la Batalla de Ideas hay suficiente pintura, una de las salidas que se le suele dar a este tipo de situaciones es poner “viva” donde dice “abajo”.
Pero esa argucia se revierte. Es muy probable que cuando los guajiritos que ahora vuelven a La Habana se asombren con los carteles de la Universidad, también pongan otro nombre donde dice “Batista”.