10 julio 2008

Para ver el agua

Inés Baresel ensambló los huesos de un cachalote de 15 metros. No sé nada más de ella, ni siquiera su rostro se distingue bien en la fotografía donde mira hacia arriba, a través del vientre vacío del animal. A juzgar por las herramientas que tiene a su alrededor, hace una labor de carpintería, junta piezas como si armara un mueble y no un organismo.
El cachalote quedó varado en la playa del Mar del Norte en diciembre de 1997. En la breve reseña, no se especifica cómo sus restos fueron a dar a la colección de un museo en Stralsund, Alemania. Apenas se anuncia que se inaugurará oficialmente en 2008 y que su construcción ha costado 51 millones de euros.
En el vestíbulo del Oceanográfico, que es donde trabaja Inés Baresel con sus gubias y martillos, hay otras dos ballenas, una de 17 metros y otra de 7 metros. En todo ese espacio por ahora sólo se escucha el ruido que Inés hace con sus herramientas. Los tres animales no son más que un enorme andamio, una estructura que sólo recuerda el movimiento si uno se abstrae demasiado y cierra los ojos para ver el agua.

08 julio 2008

Muebles impuestos

Los fabricantes de muebles dominicanos quieren imponer sus productos y le han pedido al Gobierno que aumente los gravámenes de los importados. Pero el hecho de que los consumidores prefieran una cama hecha en Brasil o un sillón ideado en Suecia no se debe a los precios, sino al diseño.
Si en lugar de buscar absurdas medidas proteccionistas, los fabricantes de muebles se preocuparan por mejorar sus procesos y sus resultados, tuvieran más éxito. A lo mejor con la mitad de la madera que ellos destinan actualmente para un juego de sala, se hacen cuatro con un diseño más simple y moderno.
Los tiempos han cambiado, ahora las tendencias se difunden con mayor celeridad y todos están al tanto de ellas. Nadie quiere ya sentarse en un armatoste que parece traído del reinando de Felipe VII si tiene la posibilidad de disfrutar de algo más funcional y contemporáneo. El problema no es de impuestos, sino de competitividad.

07 julio 2008

Sacan a Mao de circulación

El Nido, el ya célebre Estadio Olímpico de Beijing, ha reemplazado a Mao Zedong en los nuevos billetes de 10 yuanes. Un amigo que viajó no hace tanto por China, me contó que pasó muchísimo trabajo para encontrar una foto del Gran Timonel. “Ya nadie piensa en él −me aseguró−, los chinos están en otra cosa”.
Además del Nido, en el billete aparece el logotipo en rojo de Pekín 2008. Las imágenes sobresalen sobre un fondo color cian definido por la silueta del Templo del Cielo. En la otra cara, el Discóbolo de Mirón se prepara para hacer su lanzamiento.
Ya Mao dejó de ser moneda corriente y el pueblo chino cada vez lo recuerda menos. Así comienza el olvido o, lo que es peor, la indiferencia.

Más sabe por viejo

En verdad no es noticia que Fidel se diga y se contradiga. Eso es algo que él siempre ha manejado a su antojo y según las circunstancias. En los años 70, por ejemplo, no se cansó de repetir que los soviéticos eran los "buenos" y los chinos los "malos". Una década después, invirtió los papeles y lo hizo con total naturalidad. "Abrázame mi China y no me dejes solo", cantaba Frank Delgado por aquella época.
Pero la semana pasada, con sólo dos días de diferencia, el Comandante se apresuró a advertir que “como te digo una co, te digo la o”. Desde hace dos meses, y ante las claras evidencias encontradas en la computadora de Raúl Reyes, el líder guerrillero abatido en territorio ecuatoriano, Hugo Chávez ha cambiado radicalmente su discurso sobre las FARC.
El presidente venezolano ya no reclama que se les deje de considerar una banda terrorista y, cada vez que puede, les pide a los miembros del Secretariado que liberen a los secuestrados y negocien la paz. Es entendible, teme que las pruebas contundentes en su contra sean utilizadas por Colombia, por Estados Unidos o por la cada vez mayor oposición interna.
Fidel, como era de esperarse, apoyó indirectamente a su títere predilecto en una de sus Reflexiones. En “La historia real y el desafío de los periodistas cubanos”, el líder convaleciente fue inesperadamente crítico con la guerrilla marxista que hoy sobrevive del tráfico de drogas y la extorsión: “Nunca debieron ser secuestrados los civiles, ni mantenidos como prisioneros los militares en las condiciones de la selva. Eran hechos objetivamente crueles. Ningún propósito revolucionario lo podía justificar”.
En ese mismo texto, Fidel recuerda otras guerrillas que florecieron por América Latina en otras circunstancias, como queriendo sugerir que ya no es el momento de mantener ese tipo de lucha. Eso fue el 3 de julio a las 4:26 p.m. El 5 de julio, a las 8:12 p.m., con apenas 50 horas de diferencia, el Comandante “recogió pita” y se apresuró a aclarar que aunque criticó “los métodos objetivamente crueles del secuestro”, no estaba sugiriendo a “nadie que deponga las armas”.
Ese pa’ lante y pa’ tras es el tipo de malabares que el caudillo se ve obligado a hacer para no descuidar su imagen de “líder continental”, por un lado, sin dejar de asegurar el suministro de petróleo a la refinería de Cienfuegos, por el otro. Más sabe el diablo por viejo que por revolucionario.

05 julio 2008

Un mediodía en Pedro Betancourt

En el verano de 1986 regresé a Camarones en el tren lechero. Mi madre me fue a buscar a La Habana para ayudarme a cargar seis cajas de libros. Terminaba mi tercer año en la Escuela Nacional de Arte y Simone, mi novia, nos despidió en el andén de la Estación Central.
Sólo los que han viajado por la Línea Sur pueden imaginarse de verdad lo que significa hacer ese trayecto lleno de paradas constantes. El Rincón, Bejucal, Quivicán, San Felipe, Melena, Güines, San Nicolás, Vegas, Los Palos, Bermeja, Unión de Reyes, Bolondrón, Güira de Macurijes, Navajas... Salimos en la madrugada y a esa altura ya era el mediodía.
El tren paró en Pedro Betancourt para almorzáramos. Marino Vega, alias Caballo Loco, el maquinista que más corría en Cienfuegos, al que nunca los trenes se le atrasaban, nos acompañó. Recuerdo que comimos sobre las cajas de libros y Marino estuvo a punto de vaciar una perga de refresco prieto sobre el Teatro político de Erwin Piscator.
La estación de Pedro Betancourt estaba recién pintada. Antes de que el tren reanudara su larga marcha hacia Cienfuegos, caminé por la línea y revisé cada detalle de aquel caserón. A su alrededor, la abulia de un pueblo de provincia se alimentaba de un sol irresistible y de ese silencio que siempre trae consigo el mediodía.
Hoy encontré esta fotografía de la estación de Pedro Betancourt en Google Earth. Ya el almacén se vino abajo, pero al menos aún sobreviven los viajeros en el andén. Aunque el edificio se esté cayendo a pedazos, todavía les queda la esperanza de que de un momento a otro se oigan dos pitazos y un viaje comience.
En el verano de 1986 lo que menos nos imaginábamos es que todo aquello acabaría siendo todo eso.

Dice Andrés

Dice Andrés que “los días son largos, los años son cortos”. No sé si acabaremos oyendo esa línea en su próximo disco. Por ahora es sólo un apunte en su blog, debajo de unas manos que cantan. Acabo de poner una tela metálica en la puerta de la escalera de incendios. Ya todas las luces encienden de manera independiente.
Compré ½ galón de bronce claro para las verjas. Me duelen el cuello y la espalda. Me pasé el día entero encima de una escalera. Este es el cuatro Bacardí de la noche y aún hay cierto desorden en la sala. Boston perdió 2 a 1 en el Yankee Stadium. Andrés repite “Las oportunidades” en Luna Park, mientras se despide de Madrid en uno de sus post.
Mañana, antes de abandonar Praga, hazte la foto que te pidió tu mamá y dile adiós a Franz. No es que tengas que verlo, ni siquiera creo que logres encontrarlo, pero dile adiós. Mueve las manos para que él si te vea. Andrés, mientras digo esto, comienza a cantar “Crímenes perfectos”. La moneda cayó otra vez del lado de la soledad.