23 abril 2008

El encuentro de Adelir y Matías

El domingo pasado el sacerdote Adelir de Carli se ató a 1.000 globos de fiesta y se fue por los aires hasta perderse de vista en el mar del sur de Brasil. El cura despegó del puerto de Paranaguá y fue empujado por el mal tiempo a quién sabe dónde.
“Necesito ponerme en contacto con el personal de tierra para que me enseñen a usar el GPS. Es la única forma que tengo de informar mi latitud y altitud y sepan dónde estoy”, son hasta ahora las últimas palabras de Adelir. Barcazas, helicópteros, aviones y barcos militares lo buscan infructuosamente por mar y aire.
El 29 de junio de 1856, otro fanático de la ascensión aerostática se perdió para siempre. Matías Pérez era un exitoso fabricante de toldos que no trascendió por su oficio sino por su temeraria afición. Aún hoy, cuando alguien abandona el país o desaparece de la vida pública, los cubanos dicen que “voló como Matías Pérez”.
Adelir de Carli pretendía cumplir un vuelo de 20 horas, de seguir en el aire y con vida, lleva más de 72. Con su odisea, el sacerdote quería recaudar fondos para construir un Santuario del Camionero, un lugar de acogida para los trabajadores que día a día cruzan por su ciudad.
Agua mineral, barritas de cereales y pastillas energizantes era todo cuando cargaba el sacerdote en su extraña aeronave. De no aparecer a tiempo, llegará un punto donde los destinos de Adelir y Matías se entrecrucen. A miles de kilómetros, 152 años y 67 días después, las dos historias podrían coincidir por obra y gracia de un mal cálculo o una ráfaga de viento.

21 abril 2008

Por el Centro

Con la identidad no se juega. Eso ha quedado demostrado en el Centro León, donde miles de dominicanos se han ido a reconocer a sí mismos en cada uno de los ámbitos de “¡Nos vemos en el play! Béisbol y cultura en la República Dominicana”.
Aunque en la muestra hay piezas únicas y de un valor incalculable, que recuerdan las hazañas de los peloteros dominicanos en las Grandes Ligas, su gran hallazgo es otro. El principal mérito de la exposición es haberle cogido la seña a uno de los signos de identidad más complejos de la cultura nacional.
Por eso es que en la recta final, a noventa pie de los orígenes, hay una selección de las frases provenientes de la pelota que han pasado al habla popular de los dominicanos. Esa sola pared puede explicar todo el impacto que ha tenido la exposición. “¡Nos vemos en el play! Béisbol y cultura en la República Dominicana” es un jonrón con las bases llenas.

Hacen falta alas

El domingo pasado fui a buscar a un amigo, el escritor Ángel Santiesteban, al aeropuerto Las Américas, de Santo Domingo. Muchos de los que vieron al IL62M de Cubana aterrizando, hicieron comentarios sobre la desvencijada nave. “¿Y esa vaina vuela todavía?”, preguntó un dominicano incrédulo.
En la noche, cuando acompañé a Ángel a su hotel, nos enteramos de que, en el vuelo de regreso a la Habana, las turbinas del viejo Ilyushin se incendiaron y sólo gracias a la pericia del piloto se evitó la catástrofe. El aterrizaje de emergencia provocó el cierre del aeropuerto y el retraso de decenas de vuelos de otras aerolíneas.
Desde 1960 hasta la fecha, Cubana de Aviación ha tenido 16 accidentes mortales. Con un promedio de un desastre cada tres años, la aerolínea se coloca entre las más inseguras del mundo. Más que una flota, Cuba conserva un museo aéreo. Sus obsoletos aviones rusos llevan por los aires el mismo mensaje de decadencia que los antiguos automóviles norteamericanos dejan en tierra.
Para oír a Silvio no, pero para montarse en Cubana hacen falta alas.

17 abril 2008

Involucionarios

El sindicalista que se disfraza de Bin Landen, se apropia de la marca del Che y apoya a Miguel Vargas Maldonado, un negociante furibundo que basa su éxito en el trueque neoliberal. El comunista que se va de turismo por los campamentos selváticos de una narcoguerrilla y después se pasea por la ciudad en su BMW, al cual le ha puesto una pegatina roja y negra.
Los cantautores que componen jingles de 8 a 6, melodías fáciles para estimular el consumo de bebidas alcohólicas y cigarrillos en los más jóvenes; para luego, en la noche, de 8 a 12, cantar panfletos comprometidos, escritos rabiosamente contra el capitalismo, la explotación del hombre por el hombre y la economía de mercado.
El periodista que no se pierde una Liga de la Toronja y va de estadio en estadio, comiendo manjares y agradeciendo obsequios a las estrellas del Big Show; para luego, ya de vuelta a casa, celebrar que Fidel Castro prive a los cubanos de ver las Grandes Ligas, ese "asqueante espectáculo". Cada uno de estos ejemplares son, en mayor o menor medida, muestras de la involución de la especie revolucionaria.

11 abril 2008

De cómo Carla Bruni tomó La Bastilla

¿Qué pensaría David, el pintor que retrató a Marat desangrándose en la bañadera, unos instantes después de que Carlota Corday lo apuñalara, de revivir en la Francia de Nicolás Sarkozy? Me hago esa pregunta después de enterarme que una fotografía de Carla Bruni superó los 57,000 euros en una subasta de Christie's.
En la época de David, la mujer más famosa de Francia se llamaba Libertad y alzaba una bandera con los senos descubiertos, camino de La Bastilla, seguida por todo un pueblo que gritaba su nombre. Ahora, en cambio, es una top model completamente desnuda que es alérgica a la monogamia y duerme con el Presidente.
El fotógrafo suizo Michel Comte es el autor de la imagen donde la primera dama francesa sólo se cubre lo que cabe en las palmas de sus manos. Él es el autor de una obra que hubiera querido hacer David, el hombre que retrató a los revolucionarios de 1789. Carla Bruni ha tomado La Bastilla con una sola estrategia: la de juntarse las manos sobre el pubis para que al menos eso quede cubierto.

10 abril 2008

VEF 206

Mi padre me lo compró en la tienda del pueblo de Mataguá. Luego, en Santa Clara, hizo que le grabaran mi nombre con letra Palmer. En él oí por primera vez “Hotel California”, “Please Don’t Go”, “Honesty” y las voces al unísono de los Bonnie M. Mi VEF 206 no era un artefacto, sino una puerta por la que uno podía escaparse si cerraba los ojos.
A la izquierda tenía un pequeño botoncito que, si se oprimía, llenaba de luz a la pizarra. Radio Ciudad del Mar y CMHW se oían en el mismo punto del dial, sólo había que girar la antena en dirección a Cienfuegos o Santa Clara para sintonizarlas. Si los días estaban despejados, se oían emisoras de Moscú, de Praga, de Londres y de las dos mitades de Berlín.
A primera hora de la mañana, después de ordeñar y antes de que estuviera el café, mi abuelo oía la Voz de los Estados Unidos de América. Con el volumen en el mínimo y con el oído pegado a la bocina, Aurelio se ponía al día mientras Atlántida vigilaba a la leche que estaba a punto de hervir.
Una tarde, en medio de una tempestad, mi radio dejó de oírse. Allá adentro se quedaron mis mejores recuerdos de una época en cuya banda sonora no pueden faltar The Eagles, KC & The Sunshine Band y Billy Joel. Entonces ya Cuba era un país encerrado en sí mismo, pero si uno cerraba los ojos y encendía un VEF 206, se abría una puerta por la que se podía huir por un rato.