13 octubre 2010

Chile puede sacarnos del hoyo

Latinoamérica, por muchas razones, permanece en un letargo que ha hundido a sus naciones en un pasado del que no pueden zafarse. Regímenes incapaces (antes eran de derechas y ahora son de izquierdas), democracias fallidas, gobiernos populistas y corruptos… Ese es el panorama de un continente que se ha quedado a la zaga del futuro.
En el Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ningún país latinoamericano aparece entre los primeros 30. Sin embargo, en ese grupo hay varias naciones que ha emergido con éxito de situaciones muy difíciles, como son los casos de Israel, Corea del Sur y Eslovenia, que ocupan los lugares 24, 25 y 26 respectivamente.
Chile exhibe el mayor IDH del continente y ocupa, a su vez, el lugar 40 a nivel mundial. No es una casualidad. La vida democrática en la nación suramericana ha sido muy diferente de la del resto de los países de la región. Cada nuevo gobierno le ha dado continuidad a los planes estratégicos del anterior. Los políticos chilenos han preferido, tanto los de derecha como los de izquierda, el bienestar de la gente antes que las ideologías.
Desde anoche, el mundo entero está pendiente de la operación de rescate de los 33 mineros que permanecían atrapados a 700 metros de profundidad en la Esperanza. La seriedad y el rigor con el que el Gobierno chileno ha llevado a cabo el salvamento, ha llamado la atención de todos.
El ejemplo de Chile también puede sacarnos del hoyo a nosotros. Construir una sociedad como esa podría ser la salida más viable para América Latina.

12 octubre 2010

Thank you, Bobby

El béisbol todavía es un arte por hombres como Bobby Cox. Anoche, cuando cayó el out 27 y los Gigantes de San Francisco acabaron ganándole la serie a los Bravos, el mánager de Atlanta simplemente dio la espalda y se perdió de vista por el túnel del Turner Field.
Ayer llegó a su fin una de las carreras más brillantes en la historia de los timoneles de Grandes Ligas. 16 apariciones en post temporadas, 14 títulos divisionales de forma consecutiva y una Serie Mundial son cifras impresionantes, pero ninguna de ellas podría describir en verdad lo que significó Bobby Cox en el Big Show.
Nunca más le veremos maldecir y escupir andullo sobre la yerba. Ya no volverá a quitarse la gorra para lanzarla contra el polvo, a los pies de un árbitro. Nadie más podrá expulsarlo del terrero de juego. Ahora, sencillamente, se irá a casa y se dedicará a jugar golf o a fumar habanos con la cara de indolencia de Groucho Marx.
En los días finales  de abril de 2011 todos empezaremos a echarle de menos a Bobby. Serán entonces que entederemos de verdad lo que significaba el sabio anciano del número 6 en la espalda. Esa empecinada criatura que construía cada jugada con una paciencia de ajedrecista.
No le volveremos a ver con el uniforme de sus amados Bravos hasta que le abran las puertas de Cooperstown. El próximo juego de Bobby Cox es en el terreno de la inmortalidad.

Aramís Quintero, también desde Temuco

Aramís Quintero, también desde la estación de Temuco, en Chile, ha enviado un poema a El Fogonero. Todo empezó miles de kilómetros antes, en la estación de Versalles (no en París, sino en Matanzas, esa ciudad cubana que, según Cintio Vitier, se parece a la capital francesa… al menos “a escala de crepúsculo”).
La semana pasada le pedí a Aramís que escribiera una de las estaciones de Matanzas y él eligió la de Tirry. Horas después me envió un email diciéndome que se había desviado hacia la otra, la de Versalles, donde rinden viaje el tren de Hershey y el río Yumurí.
Pero al final el autor de Cálida forma no escribió ni una ni la otra y se subió a un viaje imaginario rumbo a Casablanca (no en Marruecos, sino en La Habana, del otro lado de la bahía). Con ese texto quedó inaugurada la sección Trenes, la cual espera el arribo de muchas otras colaboraciones.
Con este poema, Aramís sigue viajando en tren a través de El Fogonero. Algo que me da mucha alegría. Recuerdo el sitio exacto que ocupaban sus libros en mis libreros allá en Camarones. Alguna vez leí todos esos textos mientras trenes reales lo estremecían todo en mi monótono campo.


Apurando ya el paso, más que ligero,
compañeros de viaje, nuestro tren vuela.
Van quedando los pueblos atrás, y vienen
los monótonos campos.

Los andenes de siempre, llenos, anuncian
nuevos trenes. Ninguno podrá alcanzarnos
antes de la estación que nos espera.

Quiso la suerte unirnos en este viaje:
hemos de agradecérselo de algún modo.
Démonos un abrazo bien fuerte...
(debiéramos ser muchos, y somos pocos).

Lo que vea cada uno tras sus cristales
—una hoguera lejana, un portal encendido—,
dígalo, por favor, no se lo calle,

que sólo así podremos acompañarnos.
Hacia la vasta noche, aullando,
nuestro tren vuela, amigos.
(De Voz de la madera)
ARAMÍS QUINTERO (Matanzas, 1948)

11 octubre 2010

Damaris Calderon manda un poema desde una estación en Temuco

Damaris Calderón es una poeta de Jagüey Grande, Matanzas, que se ha quedado a vivir y a escribir en Chile. Desde haces unos días, gracias a las estaciones que entrañables amigos han ido reconstruyendo en El Fogonero, converso con ella a través de las ventanas de Facebook.
Después de enviarme un viaje que empezaba y se acababa en el andén de su pueblo, Damaris me confesó que los trenes siempre pasan junto a ella. Para probarlo, adjuntó una foto donde camina por las vía de una estación en Temuco.
En un mensaje anterior, la autora de Guijarros me preguntaba de dónde había sacado yo la foto de la estación de Jagüey que ilustra su texto: “Me dieron ganas de llorar, ese no fue el que conocí, naturalmente, pero... es el mismo color desvaído, la misma negrura y el borrón pueblerino...”.
Justo después de esos tres puntos suspensivos me copió un poema suyo que reproduzco aquí. Damaris y yo somos de la misma edad. Nuestros viajes, sueños y desilusiones se parecen mucho y se entrelazan en las mismas vías férreas. Por eso, aún cuando hace tanto no nos vemos, siempre nos mandamos un abrazo así de grande.


La ventanilla de un tren corta
-no asesina-
corta impasible como un carnicero
las reses         el paisaje
lo que se va quedando atrás
y entra definitivo en el pasado.
Nada  más cruel   más plácido
que hacer señales desde una ventanilla
que pulir este vidrio inofensivo
(nadie se picará las venas).
Quizás del otro lado
alguien reanuda este diálogo mudo.
Pero no nos vemos
gracias a la eficacia del conductor
a la vertiginosidad del tren cuyo destino es moverse
moverse con su carga de pasajeros muertos
sorprendidos soñando en un vagón oscuro.
DAMARIS CALDERÓN (Jagüey Grande, 1967).

10 octubre 2010

Marxismo-feudalismo

Carlos Marx sigue siendo un hombre lúcido. Muchas de las cosas que dijo (él y Engels, a estas alturas sus cabezas son inseparables) siguen teniendo sentido y, sobre todo, razón. El problema del marxismo ha sido siempre de “puesta en escena”. Así en en Europa como en Asia o en América Latina nadie ha sabido (o querido) interpretar a la yunta de filósofos.
En Corea del Norte, como en Cuba, todas las teorías sobre el proletariado y la dialéctica han quedado reducidas a una sucesión monárquica, tal como ocurría en sociedades mucho más primitivas que las que Carlos Marx y su escudero se dedicaron a criticar.
Corea del Norte ha celebrado hoy el 65 aniversario del Partido de los Trabajadores con un despampanante desfile militar. Largas fila de tanques, vehículos antiaéreos y misiles avanzaron por la plaza Kim Il-sung de Pyongyang. El único fin de toda esa algarabía era que Kim Jong-il presentara públicamente a su hijo menor, Kim Jong-un, como su sucesor.
A Carlos y Federico esas escenas le hubieran parecido aberrantes. Pero en Corea del Norte, como en Cuba, el marxismo está cada vez más cerca del feudalismo que del comunismo.