Latinoamérica, por muchas razones, permanece en un letargo que ha hundido a sus naciones en un pasado del que no pueden zafarse. Regímenes incapaces (antes eran de derechas y ahora son de izquierdas), democracias fallidas, gobiernos populistas y corruptos… Ese es el panorama de un continente que se ha quedado a la zaga del futuro.
En el Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ningún país latinoamericano aparece entre los primeros 30. Sin embargo, en ese grupo hay varias naciones que ha emergido con éxito de situaciones muy difíciles, como son los casos de Israel, Corea del Sur y Eslovenia, que ocupan los lugares 24, 25 y 26 respectivamente.
Chile exhibe el mayor IDH del continente y ocupa, a su vez, el lugar 40 a nivel mundial. No es una casualidad. La vida democrática en la nación suramericana ha sido muy diferente de la del resto de los países de la región. Cada nuevo gobierno le ha dado continuidad a los planes estratégicos del anterior. Los políticos chilenos han preferido, tanto los de derecha como los de izquierda, el bienestar de la gente antes que las ideologías.
Desde anoche, el mundo entero está pendiente de la operación de rescate de los 33 mineros que permanecían atrapados a 700 metros de profundidad en la Esperanza. La seriedad y el rigor con el que el Gobierno chileno ha llevado a cabo el salvamento, ha llamado la atención de todos.
El ejemplo de Chile también puede sacarnos del hoyo a nosotros. Construir una sociedad como esa podría ser la salida más viable para América Latina.




