29 abril 2008

Los hijos del cinismo

En la Feria del Libro conocí a dos jóvenes escritores cubanos. Ni él ni ella habían nacido cuando ocurrieron la mayoría de los sucesos que más pesan en mi nostalgia. La isla que tienen en la cabeza es completamente distinta a la mía. En La Habana por la que deambulan yo me perdería.
Ninguno de los dos ha cumplido 30 años y ya han ganado importantes premios literarios. En la solapa de sus libros no hay juicios de valor ni cumplidos, con las palabras estrictas se describen sus trayectoria y lo que hacen actualmente. En sus párrafos escasean los adjetivos. Dicen lo que quieren decir, sin adornos ni rodeos.
O. Morales y Dazra Novak ni siquiera firman sus libros con sus verdaderos nombres. Él decidió llamarse como una letra y ella se metió dentro de otra mujer. No reconocen ninguna de las palabras que más yo dije cuando tenía su edad: sueño, esperanza, futuro... “Somos los hijos del cinismo”, eso es todo lo que dicen cuando se autorretratan.

23 abril 2008

El encuentro de Adelir y Matías

El domingo pasado el sacerdote Adelir de Carli se ató a 1.000 globos de fiesta y se fue por los aires hasta perderse de vista en el mar del sur de Brasil. El cura despegó del puerto de Paranaguá y fue empujado por el mal tiempo a quién sabe dónde.
“Necesito ponerme en contacto con el personal de tierra para que me enseñen a usar el GPS. Es la única forma que tengo de informar mi latitud y altitud y sepan dónde estoy”, son hasta ahora las últimas palabras de Adelir. Barcazas, helicópteros, aviones y barcos militares lo buscan infructuosamente por mar y aire.
El 29 de junio de 1856, otro fanático de la ascensión aerostática se perdió para siempre. Matías Pérez era un exitoso fabricante de toldos que no trascendió por su oficio sino por su temeraria afición. Aún hoy, cuando alguien abandona el país o desaparece de la vida pública, los cubanos dicen que “voló como Matías Pérez”.
Adelir de Carli pretendía cumplir un vuelo de 20 horas, de seguir en el aire y con vida, lleva más de 72. Con su odisea, el sacerdote quería recaudar fondos para construir un Santuario del Camionero, un lugar de acogida para los trabajadores que día a día cruzan por su ciudad.
Agua mineral, barritas de cereales y pastillas energizantes era todo cuando cargaba el sacerdote en su extraña aeronave. De no aparecer a tiempo, llegará un punto donde los destinos de Adelir y Matías se entrecrucen. A miles de kilómetros, 152 años y 67 días después, las dos historias podrían coincidir por obra y gracia de un mal cálculo o una ráfaga de viento.

21 abril 2008

Por el Centro

Con la identidad no se juega. Eso ha quedado demostrado en el Centro León, donde miles de dominicanos se han ido a reconocer a sí mismos en cada uno de los ámbitos de “¡Nos vemos en el play! Béisbol y cultura en la República Dominicana”.
Aunque en la muestra hay piezas únicas y de un valor incalculable, que recuerdan las hazañas de los peloteros dominicanos en las Grandes Ligas, su gran hallazgo es otro. El principal mérito de la exposición es haberle cogido la seña a uno de los signos de identidad más complejos de la cultura nacional.
Por eso es que en la recta final, a noventa pie de los orígenes, hay una selección de las frases provenientes de la pelota que han pasado al habla popular de los dominicanos. Esa sola pared puede explicar todo el impacto que ha tenido la exposición. “¡Nos vemos en el play! Béisbol y cultura en la República Dominicana” es un jonrón con las bases llenas.

Hacen falta alas

El domingo pasado fui a buscar a un amigo, el escritor Ángel Santiesteban, al aeropuerto Las Américas, de Santo Domingo. Muchos de los que vieron al IL62M de Cubana aterrizando, hicieron comentarios sobre la desvencijada nave. “¿Y esa vaina vuela todavía?”, preguntó un dominicano incrédulo.
En la noche, cuando acompañé a Ángel a su hotel, nos enteramos de que, en el vuelo de regreso a la Habana, las turbinas del viejo Ilyushin se incendiaron y sólo gracias a la pericia del piloto se evitó la catástrofe. El aterrizaje de emergencia provocó el cierre del aeropuerto y el retraso de decenas de vuelos de otras aerolíneas.
Desde 1960 hasta la fecha, Cubana de Aviación ha tenido 16 accidentes mortales. Con un promedio de un desastre cada tres años, la aerolínea se coloca entre las más inseguras del mundo. Más que una flota, Cuba conserva un museo aéreo. Sus obsoletos aviones rusos llevan por los aires el mismo mensaje de decadencia que los antiguos automóviles norteamericanos dejan en tierra.
Para oír a Silvio no, pero para montarse en Cubana hacen falta alas.

17 abril 2008

Involucionarios

El sindicalista que se disfraza de Bin Landen, se apropia de la marca del Che y apoya a Miguel Vargas Maldonado, un negociante furibundo que basa su éxito en el trueque neoliberal. El comunista que se va de turismo por los campamentos selváticos de una narcoguerrilla y después se pasea por la ciudad en su BMW, al cual le ha puesto una pegatina roja y negra.
Los cantautores que componen jingles de 8 a 6, melodías fáciles para estimular el consumo de bebidas alcohólicas y cigarrillos en los más jóvenes; para luego, en la noche, de 8 a 12, cantar panfletos comprometidos, escritos rabiosamente contra el capitalismo, la explotación del hombre por el hombre y la economía de mercado.
El periodista que no se pierde una Liga de la Toronja y va de estadio en estadio, comiendo manjares y agradeciendo obsequios a las estrellas del Big Show; para luego, ya de vuelta a casa, celebrar que Fidel Castro prive a los cubanos de ver las Grandes Ligas, ese "asqueante espectáculo". Cada uno de estos ejemplares son, en mayor o menor medida, muestras de la involución de la especie revolucionaria.