El legado de los regimenes totalitarios suele ser peor que los horrores y las infamias que se cometen durante su existencia. Esa sola excusa justifica que se vuelva una y otra vez a escudriñar en ese pasado, subrayando todas las razones que posibilitaron que el destino de un país fuera secuestrado por un solo individuo.
“Mientras haya dictadores y ese fenómeno esté como una Espada de Damocles sobre las sociedades latinoamericanas, la novela del dictador va a continuar muy viva en América Latina”, dijo no hace tanto Mario Vargas Llosa. Esa sentencia es tan válida para la literatura como para la historia. Nunca estará de más volver a mirar al país por un espejo retrovisor, sobre todo si eso nos ayuda a ver mejor hacia delante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario