Algunos expertos ya han descartado que las más recientes declaraciones de Fidel Castro sean un ataque de senilidad. Otros, quizás con demasiada prisa, aseguran que se trata de una señal a su hermano Raúl, de un pistoletazo de salida para las reformas económicas que el actual Presidente ha intentado hacer desde hace algunos años.
En apenas 24 horas, la confesión hecha al periodista norteamericano Jeffrey Goldberg ha provocado todo tipo de reacciones. Renay Chinea, un cubano nacido y criado en Mal Tiempo (no es una metáfora de su época, es el nombre real de su pueblo), acaba de hacerse una pregunta en su muro de Facebook: “¿Cuánta gente buena y honesta ha cumplido montones de años de prisión en Cuba por habérsele adelantado al Comandante?”.
Aún no sabemos por qué Fidel dijo lo que dijo. Lo único que está claro hasta ahora es su cinismo. Admitir que el modelo cubano no funciona con la misma tranquilidad que se bebe un vaso de agua, es una desvergüenza imperdonable.





