13 enero 2010

Cosecha de escombros

En Cuba, Haití se intuía como una tierra lejana y gobernada por el rocío, donde sólo habitaban seres invisibles y personajes literarios. Alejo Carpentier, Jaques Roumain, Jaques Stephen Alexis y René Dépestre nos habían formado esa idea en la cabeza y con ella llegué a Santo Domingo en noviembre del 2000.
En República Dominicana, Haití es el oeste que empieza cuando se acaba el Sur. Gracias a Vianco Martínez, crucé la frontera por el río Masacre (como lo hizo Martí en 1895) y conocí en persona esa tragedia que se sigue señalando en los mapas con la forma de un país.
En una de las primeras imágenes que llegaron de la catástrofe, se ven las ruinas del palacio presidencial, ese edificio tan simbólico para la historia del Caribe que, según mi amigo Vianco, “era de una blancura insultante” en un paisaje tan gris. Hoy, el ex presidente Jean-Bertrand Aristide, ha calificado la situación como “una tragedia que desafía a la comprensión”.
Siempre me ha llamado la atención el tono de la voz de los haitianos. Más de una vez pregunté y nadie me supo responder por qué hablan tan alto. Luego supe que es porque ni siquiera así los oyen. El terrible terremoto de ayer debería abrirnos los ojos y los oídos. Es hora ya de que veamos de verdad la cosecha de escombros acumulada por los siglos, de que hagamos algo más que seguir compadeciéndonos de los gritos desesperados.

11 enero 2010

Si llegas a Cueto nunca te irás para Mayarí

El “Chan chan”, esa festiva trova de Francisco Repilado (1907-2003) que le dio la vuelta al mundo gracias a Buena Vista Social Club, es hoy una imposible letanía para los cubanos que por necesidad tienen que repetir el itinerario que inspiró al sonero.

En la vieja estación de Alto Cedro hay, actualmente, una tarja que avisa a los turistas (solo a los turistas) que justo en ese andén “comienza la Ruta del Chan Chan, homenaje a Compay Segundo”.

El trayecto, de unos 360 kilómetros, atraviesa los centrales azucareros, los chuchos de caña y los pueblos que menciona el sonero en sus composiciones. Lo que antes fue una productiva región, hoy es una provincia baldía y en ruinas. Todos los ingenios han sido clausurados y los cañaverales son un vasto paisaje improductivo.

En el salón de espera de la estación de Cueto hay dos carteles. En uno se anuncia el itinerario de los trenes. El primero en pasar debe ser el 613 (de Antilla a Santiago), luego le siguen el 616 (de Antilla a Holguín), el 614 (de Santiago a Antilla) y el 615 (de Holguín a Antilla).

Pero la ventanilla donde se venden los boletines está clausurada con una tabla. El otro cartel, colgado justo debajo de una caja vacía de cabilla corrugada (antes debió haber ahí adentro un televisor), explica el motivo. Escrito con tiza y con una cuidada letra de molde, se avisa al público que los cuatro trenes están anulados.

En cualquier esquina del mundo se puede oír hoy la jubilosa voz de Compay Segundo advirtiendo que de Alto Cedro irá para Marcané y que luego, cuando llegue a Cueto, seguirá para Mayarí. Los cubanos, en cambio, saben que eso en el país que ellos viven es más que imposible.

El que llegue a Cueto, nunca se irá para Mayarí.

07 enero 2010

ORWO

Esa palabra de cuatro letras, partidas en dos, contiene toda la música que oímos los que crecimos en la Cuba de finales de los setenta y principios de los ochenta. Aunque los cassettes ORWO eran fabricados dentro de un muro, al menos a nosotros nos permitieron derribar otro, aquel que nos impedía oír la música que más nos gustaba.

Tuve un amigo del que sólo recuerdo su nombrete, Pepillo, que tenía cientos de ORWO. El padre trabaja en el DOR (Departamento de Orientación Revolucionaria) y los sustraía para que su hijo pudiera grabar el hit parede semana tras semana. Pepillo jamás escribió nada sobre las etiquetas, pero mantenía oculto un libraco enorme donde asentaba con esmero todos los créditos de sus grabaciones.

Con mucha paciencia, dividiéndolos en sílabas si era preciso, Pepillo nos enseñaba a pronunciar los nombres de los artistas y las canciones. Sin quererlo, nos evangelizó en una música que hacía época en las cuatro esquinas del mundo y que en Cuba sólo entraba por FM, una frecuencia de banda desconocida para los radios VEF 206.

Sé que es una aberración de mi parte, pero muchas veces, cuando vuelvo a escuchar aquellas cosas, me veo claramente rebobinando un ORWO a punta de lápiz, para que en la grabadora pudiera seguir sonando eso que, aún prohibido, nos colocaba en tiempo y espacio, conectándonos con el mundo ancho y ajeno.

Carta de Atúnez a Raúl Castro

En El Fogonero suelo publicar sólo ocurrencias mías. Asumo este blog como un cuaderno en el que anoto las cosas que me dan vueltas en la cabeza a diario. Pero esta vez haré una excepción. Conmovido por la humildad y los cojones de Antúnez, reproduzco a continuación la carta que le envió a Raúl Castro el pasado 8 de diciembre.
Señor Raúl Castro:

Mi nombre es Jorge Luis García Pérez “Antúnez” –ex preso político– y de nuevo le escribo, no porque pretenda enterarlo de algo que lejos de ajeno es cotidiano en Cuba, por el proceder y política de su gobierno:

Desde hace varios meses soy mantenido junto a mi esposa Yris Tamara Pérez Aguilera en una extrajudicial reclusión domiciliaria por parte de su policía política.

Un alto oficial de la Seguridad del Estado la semana antes del concierto de Juanes en La Habana luego de arrestarme me comunicó que en todo el territorio nacional habían emitido una orden de arresto en mi contra y que todos mis pasos tendrían seguimiento en lo adelante. Desde la fecha he perdido la cuenta de las detenciones, en su mayoría violentas.

Señor dictador, permítame unas preguntas que posiblemente le ayuden a aclarar dudas a aquellos compatriotas míos que en algún momento estuvieron esperanzados en que con su gobierno disminuiría la represión, o que incluso pudieran efectuarse aperturas democráticas:

¿Con qué derechos unas autoridades sin previa comisión de un delito pueden impedir el libre movimiento de sus ciudadanos violando así un derecho universalmente reconocido?

¿Qué sentimientos pueden mover a hombres como el capitán Idel González Morfi al golpear con tanta brutalidad a mi esposa –una indefensa mujer– ocasionándole secuelas óseas por el sólo hecho de llegar hasta una emisora de radio para pedir que se le diera curso a una denuncia sobre probadas torturas que su hermano recibía en una prisión de Cuba?

¿O es que sólo para ustedes existen en nuestro país cinco familias con derecho a protestar y pedir justicia para sus familiares encarcelados?

¿No le avergüenza que sus corpulentos gendarmes permanezcan apostados durante días en las esquinas de una vivienda para impedir que salgamos, incluso monitorear los movimientos dentro de nuestra propia ciudad?

¿Dónde está la ética y profesionalidad de sus subalternos, cuando con sus ridículos operativos provocan la burla de la población casi a diario?

¿Qué siente usted cuando alienta o permite que personas que se dicen hombres golpean y arrastran por las calles a mujeres como Damaris Moya Portieles, Marta Díaz Rondón, Ana Alfonso Arteaga, Sara Marta Fonseca, Yris Pérez y ahora más recientemente a la bloguera Yoani Sánchez?

¿Cómo puede dormir usted tranquilo y sus subordinados después de atropellar con saña en más de una oportunidad a Idania Yánez Contreras mientras se encontraba con varios meses en estado de gestación?

¿Cómo puede usted y su gobierno hablar de batalla de ideas, cuando constantemente reprime las ideas con golpes y arrestos y años de cárcel?

Quizás sus seguidores no encuentren o no se atrevan a la respuesta, pero yo que me encuentro entre la larga lista de los que no le temen, y le respondo.

Usted actúa así porque es un hombre cruel e insensible al dolor y sufrimiento ajeno, porque fiel a su vocación antidemocrática y dictatorial está convencido que las dictaduras como la que usted preside sólo pueden sostenerse bajo el temor y la tortura, y que la más mínima apertura puede dar al traste con lo que más y único le interesa, mantenerse en el poder.

Finalmente –y retomando mi caso en particular– le voy a responder sin antes preguntarle los motivos concretos de tanto ensañamiento y represión contra mi persona.

Su gobierno y lacayos cuerpos represivos no pueden perdonar mis dos grandes y únicos crímenes. Primero que casi dos décadas de tortura y tratos crueles durante mi injusta y severa sanción no pudieron quebrar mi dignidad y posición como preso político. Segundo, porque a pesar del acoso y hostigamiento –y sobre todo el riesgo de regresar a la cárcel– tengo la decisión de no abandonar mi patria en la que continuaré luchando por un cambio que considero tan necesario como inevitable.

Desde la ciudad de Placetas,

Jorge Luis García Pérez “Antúnez”.

Martes 8 de diciembre de 2009.

Delfines de contrabando

Simón Guerrero, el reconocido ornitólogo y ambientalista dominicano, le dedicó su más reciente columna en Diario Libre al doble rasero de ciertos especimenes de la izquierda de su país. Lo hizo a propósito de un contrabando de delfines, proveniente de Cuba, que provocó una justificada protesta entre sus colegas.

Cuenta Simón que los “guerreros” que defienden el entorno enfilaron todos sus cañones contra los parques de diversiones que compraron a los delfines, pero nunca hicieron la más mínima alusión al gobierno de Cuba, que es el responsable de la ilegal transacción que se llevó a cabo sin el consentimiento de las autoridades dominicanas.

Es muy simpática la definición que hace Guerrero del “ala siniestra” de los ecologistas dominicanos, sobre todo cuando se refiere a la “izquierda melódica, un amasijo informe de artistas y poetas, la mayoría de los cuales no son marxistas, pero a quienes una nostalgia anacrónica los obliga a involucrarse en todo lo que huela a Siete Días con el Pueblo”.

Mi generación tuvo un delfín de mascota, se llamaba Flipper y aparecía por las tardes, en el Canal 6, cada vez que se acababan las aventuras cubanas y no había nada más que pasar. Gracias a esa serie, los niños de entonces aprendimos muchísimas cosas de esos mamíferos que hoy están en peligro.

La excusa del gobierno cubano para traficar con delfines es el bloqueo y su necesidad imperiosa de captar divisas. Pero, como dice Simón, el deber de todos los ecologistas es denunciarlo, porque sea por la razón que sea, “igual se extinguen para siempre”.

04 enero 2010

Babalaos independientes vs babalaos oficialistas

En Diario de Cuba, el portal que construyen Antonio José Ponte y Pablo Díaz Espí, entre otros, encontré una encuesta y dos noticias. La encuesta hace una sola pregunta: “¿Deben unirse los babalaos oficialistas e independientes para sacar una sola Letra del Año?”. Se ofrecen tres opciones para responder: “Sí”, “No” o “No creo en nada de eso”. Hice click en la tercera.

La primera de las noticias ya la había leído en uno de esos blogs que se producen en La Habana para divulgar los temas que el Granma elude (supongo que por un mínimo de pudor y algún tilín de vergüenza): Los babalaos que prefieren el resguardo del régimen, auguran para el 2010 prosperidad en Cuba.

Según el Consejo de Sacerdotes Mayores de Ifá, que pertenece a la Asociación Cultural Yorubá de Cuba, este año gobernará Yemayá acompañada por Changó y estará prohibido mojarse con agua de lluvia, deambular en altas horas de la noche sin necesidad, las ingerir bebidas alcohólicas y las drogas.

Los sacerdotes de Ifá de la Comisión Organizadora de la Letra del Año (que son independientes al gobierno) señalaron, según la otra noticia, que “en 2010 ocurrirán cambios sociales rotundos, muertes de dirigentes, traición y usurpación del poder, cuyas consecuencias pueden conjurarse respetando las decisiones de la mayoría y el diálogo”.

Según los babalaos insurrectos, el año que viene “estará regido por Obatalá, orisha encargado de la creación de los seres humanos, acompañado por Oyá, divinidad de las tormentas y los vientos”. ¿Quién tiene la razón en esta inédita divergencia cubana? ¿En quién creerán los que oran? Creo que eso ahora mismo ni Orula lo sabe. A fin de cuentas, como dijo una vez el trovador, los sueños se hacen a mano y sin permiso.