26 agosto 2008

¿Quién merece la solidaridad, cinco espías o decenas de presos de conciencia?

(Carta abierta a Víctor Víctor, con copia a Danny Rivera)

Mientras Víctor Víctor y Danny Rivera vuelan hacia Nueva York, para participar en un “acto de solidaridad” con los cinco espías cubanos que permanecen prisioneros en cárceles de Estados Unidos, Gorki Águila, el líder de la banda de rock Porno Para Ricardo, fue apresado en La Habana. Durante su reciente estancia en República Dominicana, Paquito D’Rivera lamentó que Víctor y Danny aún se sumen a ese tipo de convocatorias, orquestadas y financiadas por el gobierno cubano.
Al hacerlo, el músico recordó las decenas de presos de conciencia que permanecen impedidos de todo derecho en la Isla. No conozco a Danny Rivera, no puedo saber cómo piensa. Sólo le oí en algún momento de mi infancia. Sus canciones se pasaban con cierta regularidad en la radio cubana hasta que las prohibieron por alguna acción del artista que molestó al régimen. Entonces, fue excomulgado junto a su compatriota José Feliciano y muchísimos otros.
A Víctor Víctor sí lo conozco bien. Durante un tiempo, incluso, compartimos una misma columna en el diario El Caribe. Luego, nos hemos involucrado en varios proyectos culturales, donde siempre he disfrutado su amistad y su inteligencia. Dada la cercanía, es a Vitico a quién le hago esta pregunta: ¿Quién merece la solidaridad, cinco espías o decenas de presos de conciencia?
Los cinco espías son miembros de la Seguridad del Estado, ese organismo perverso que ha reprimido y torturado a miles y miles de cubanos. Los cinco espías trataban de delatar, perseguir y hostigar a sus compatriotas en territorio norteamericano con la misma impunidad que lo hacían en territorio cubano. Ellos no encarnan a ese luchador internacionalista al que ustedes con mucha pasión y hasta con cierta ingenuidad le han cantado a lo largo de sus vidas, ellos son sólo chivatos, un engranaje más dentro de esa maquinaria que ha demolido todas las esperanzas de los cubanos, hasta el punto de dejar al país en la ruina, física y moral.
Por eso sólo te pido, Vitico, que cuando te subas al escenario a cantarles a esos cinco espías en el mismo territorio donde están presos (algo impensable en Cuba. Y eso tú lo sabes), pienses en Gorki Águila, un músico como tú y un joven contestatario como tu hijo. Es curioso, el grupo de Gorki se llama Porno Para Ricardo y el de Ián, Modafoca. Como vez, ambos atacan a sus sociedades con el desparpajo y la radicalidad que su juventud les permite. Sólo que Ián lo sigue haciendo con entera libertad y Gorki acaba de ser enclaustrado en una mazmorra.
Me parece muy bien que Víctor Víctor y Danny Rivera sigan siendo “revolucionarios” con una intensidad que suele perderse a sus edades, pero me gustaría que escogieran mejor sus causas. Ser revolucionario, ya sin comillas, implica reconocer las verdaderas causas y asumir sus azares sin medir las consecuencias.

25 agosto 2008

Los que vuelven de perder, te saludan

Lo admito, esperé con ansias la Reflexión del Comandante en Jefe sobre el desmerengamiento de Cuba en las Olimpiadas de Beijing. Apenas abrí los ojos, entré al Granma con la seguridad de que iba a ser el primer link de la portada. En efecto, Fidel no me hizo quedar mal. Pero, en honor a la verdad, me esperaba una excusa mejor pensada, algo menos burdo.
Tal como hizo inmediatamente después que salieron a la luz pública las críticas al sistema educativo cubano, el Comandante salió con un cuchillo en la boca a defender su gestión de medio siglo. Sí, porque aunque nadie se atreva a señalarlo como el verdadero culpable de todos esos derrumbes, él está más que claro que son obra suya.
No puedo resistirme a la tentación de citar en extenso un parrafito que es una obra maestra del disparate: “Los peloteros profesionales adversarios eran como máquinas diseñadas para batear; su pitcher, un zurdo de velocidad, bolas variadas y precisión exacta. Se trataba de un equipo excelente. Los cubanos no practican el deporte como profesión lucrativa; son educados, como todos nuestros atletas, para servir a su país”. Sin comentarios.
Al final, como ya es demasiado habitual en él, trata de convertir el revés en victoria y le resta importancia al espectacular retroceso que ha sufrido el deporte cubano, decretando que “recibamos a nuestros deportistas olímpicos en todos los rincones del país. Resaltemos su dignidad y sus méritos. Hagamos por ellos lo que esté a nuestro alcance. ¡Para el honor, Medalla de Oro!”, concluye.
Consciente de que dentro de cuatro años la crisis será aún mayor, pone el cubo antes de que caiga la gotera: “Preparémonos para importantes batallas futuras. No nos dejemos engatusar por las sonrisas de Londres. Allí habrá chovinismo europeo, corrupción arbitral, compra de músculos y cerebros, costo impagable y una fuerte dosis de racismo”, advierte.
No hay que ser demasiado suspicaz para entender lo que está diciendo entrelíneas. De estar vivo dentro de cuatro años, se agarrará de cualquier pretexto para impedir que Cuba asista a las próxima Olimpiadas y así evitar otro bochornoso retroceso en la tabla de posiciones. Es suficiente con haber quedado en Beijing 2008 por debajo de San Luis 1904.
Ave Comandante. En verdad hubiera sido más cómodo que no oyeras nunca eso de boca de tus gladiadores, pero no hay más remedio, los que vuelven de perder, te saludan.

MEDALLAS DE CUBA EN LA HISTORIA DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS
 

24 agosto 2008

Fito dijo lo que dijo


En la más reciente edición de La Jiribilla, Laidi Fernández de Juan pone por escrito su desencanto con Fito Páez. Unos días antes, el autor de “Giros” hizo lo mismo con el suyo por la revolución cubana. Presumo que Laidi no tuvo acceso a la fuente primaria (es muy probable, todos conocemos las restricciones que hay en la Isla con la Internet), que es un reportaje de Arturo Arias-Polo.
Lo digo porque cita mal al cantautor y, al temer que el periodista de El Nuevo Herald haya sacado de contexto las palabras del argentino, es ella quien lo hace. Lo que en realidad hizo Fito fue criticar a la élite inamovible que ha gobernado a Cuba por medio siglo y exhortar a todos los cubanos a fundar la esperanza de un nuevo país.
“Nadie puede calentar la silla más de 40 años. Cualquier proceso revolucionario conlleva la idea revolucionaria: si se queda fijo es que ya se paró'”. Eso es lo que dijo Fito textualmente, Laidi, y me imagino que compartas con él esa creencia. Fernández de Juan hizo pública su tristeza porque Páez dijo que “lo que queda de la Revolución Cubana son muertos en el mar”.
No, Fito en realidad fue mucho más preciso: “No quiero ser tendencioso [porque] no hay buenos ni malos en ese sentido. Lo que hay son muertos en el mar, familias rotas e historias quebradas. El análisis político y las decisiones que se hayan tomado con respecto al manejo de la Isla se me escapan de las manos [...]. No tengo derecho histórico. No puedo, porque no soy de allí'”.
Todo eso, Laidi, también es una verdad irrefutable y una señal de que Fito tiene intacta la voluntad de seguir ofreciéndole su corazón a los cubanos con la misma autenticidad y honestidad que lo hizo el primer día. Es cierto lo que afirmas, Silvio Rodríguez dijo una vez que la revolución es un sistema perfectible. Pero en todos sus años como diputado no logró, por ejemplo, que se aboliera el Permiso de Salida, que es una aberrante violación de los derechos de todos nostros, incluyéndote a ti y a tus hijos.
“Yo creo que ahí hay que fundar la esperanza de una nueva Cuba. Ese puede ser el secreto, porque no se puede vivir con odio y resentimiento toda la vida”, fue lo que en verdad dijo Fito en ese momento y te lo repito yo, Laidi, ahora. Cuando se defienden tantas verdades a medias, puede correrse el riesgo de acabar mintiendo sin ni siquiera quererlo.

Texto de Arturo Arias-Polo en El Nuevo Herald: http://www.elnuevoherald.com/167/story/263135.html

Texto de Laidi Fernández de Juan en La Jiribilla: http://www.lajiribilla.cu/2008/n381_08/381_10.html

Paquito, claro que Paquito

La noche estaba nublada y no hubo Luna sobre el Jaragua, pero el saxofón de Paquito D’Rivera ofreció toda la claridad que allí hacía falta. Estoy entre los que dejó un asiento vacío en el Teatro Nacional. Tuve que elegir entre un ser de este mundo y alguien que regresa de la posteridad para seguir siendo contemporáneo, indispensable. Esa fue mi excusa.
Para Pedro Guerra siempre habrá tiempo. A diferencia de Drexler o Calamaro, que permanecen inagotables, al canario ya le empieza a pesar el tiempo. Oír sus últimos discos es como caminar en círculos, visitando y revisitando las mismas ideas y los mismos sonidos.
Paquito D’Rivera en cambio, aunque ya está blanco en canas, sigue siendo el niño prodigio que llegó a convertirse en uno de los más importantes saxofonistas de la historia del jazz. Apenas unos segundos lo justifican todo: cuando el piano barroco de Bach se fusionó con el pambiche de una tambora cibaeña. La opción era Paquito, claro que era Paquito.

21 agosto 2008

WALL-E

Que Pixar realizara películas inolvidables ya no era noticia, esa puede ser la razón por la que se propusieron hacer una obra maestra. Siempre me han parecido inútiles esas listas que procuran canonizar las 100, las 50 o las 10 mejores películas de todos los tiempos. Todas son muy sujetivas y cuestionables. Pero eso no me impide hacer las mías y en cualquiera de ellas tendría que estar WALL·E. Cuando me encontré con el pequeño y solitario robot, de inmediato recordé a otro pequeño y solitario individuo de la historia del cine.
Más de una vez, mientras veía a WALL·E deambular por su desolado planeta, con la única compañía de una cucaracha, recordé a Buster Keaton y a los personajes que el hombre más triste del mundo encarnó para matarnos de la risa. Andrew Stanton, el director del filme, le hizo a lo largo de su historia un hermoso homenaje a Stanley Kubrick y a 2001: Una odisea del espacio; pero el peso del conflicto no descansa en el tributo o en las analogías, sino en la extrema originalidad.
Hasta hoy todas las parejas inmortales eran de carne y hueso: el Cid y Jimena, el Quijote y Dulcinea, Fausto y Margarita… Habrá que agregar ahí a WALL·E y EVA, dos máquinas que fueron capaces de encontrar el amor sin necesidad de tener ni siquiera corazón.

20 agosto 2008

Gas Car

En 1986 mi abuelo Aurelio estaba muy enfermo, pero tenía cara de que iba a vivir por lo menos cien años. Nada de lo que me rodeaba en la estación de Ferrocarril del Paradero de Camarones parecía tan perecedero como al final resultó siendo. Estos tres poemitas, que alguna vez formaron parte de un libro que se llamaba Gas Car y que reaparecieron inexplicablemente, son ahora una de las pocas cosas que he podido rescatar de aquel naufragio.

EL TREN QUE PASA
Nunca haré un gran poema.
 No tengo paciencia para escribir
esos ríos de versos.
Las obras rotundas me producen alergias.
Jamás lograría encontrar
la medida unitaria
de las cosas trascendentes.

El tren que pasa es mi único testimonio,
lo único que quisiera contar
de todo lo que está sucediendo.


EL ESPEJO DEL APARADOR

¿Qué dirás de mí cuando vuelvas a esta casa
y la encuentres vacía?
¿Qué pensarás de esto que escribo
cuando todo está en pie y aún existe
lo que tendrás que recordar para siempre?
¿Con qué te quedarás de lo que soy ahora,
sin haberte dado tiempo a corromperme,
a viciarme con el tiempo y la indulgencia?


OJO DE AGUA

El lisiado que viene a esperar al tren en su antiguo quitrín,
la muchacha que se va de aquí para siempre,
el niño que se come un mango debajo de una nube de moscas,
las dos viejecitas de las dos sombrillas negras,
el miliciano, el apostador clandestinos y el guardafrenos.

Aunque en este apeadero nunca cambia nada,
ninguno de esos seres volverán a reunirse;
nadie podrá juntarlos otra vez en este punto y a esta hora,
mientras el mixto de Cumanayagua hace su parada reglamentaria.