17 abril 2020

Paradero de Camarones

No pocos de los que han leído los fragmentos de Atlántida que he compartido en El Fogonero y Facebook, me han preguntando por qué mi pueblo se llama así. Aunque siempre me ocupo de responderles, decidí aclararlo también en la novela. Así me aseguro de que todo el que entre en ella lo haga sin esa interrogante.


“Imaginen una pequeña estación de trenes, 
diez minutos antes del anochecer”.
John Cheever

En 1847, siguiendo los planos del agrimensor Alejo Lainier y el ingeniero francés Julio Sagebien, comenzó la construcción del ferrocarril que uniría al puerto de Cienfuegos con Villa Clara. Cinco años después y 24 kilómetros al noreste, alcanzó el punto más cercano a San Fernando de Camarones.
Allí, a 8 kilómetros de uno de los pueblos más antiguos de la región, se inauguró un caserón de madera y un andén. La compañía ferroviaria puso un cartel. Le avisaba a los viajeros que se dirigían a Camarones que ese era su paradero. Se sabe la fecha exacta de ese hecho: 10 de julio de 1852.
Muy pronto comenzaron a levantar casas, fondas y tiendas en los alrededores. Ese es el origen del pueblo, un lugar que no eligieron las personas sino los trenes. La primera vez que apareció en un mapa fue, precisamente, en un itinerario de los Ferrocarriles Unidos de La Habana. 
Esa compañía inglesa construyó, durante las primeras décadas del siglo XX, grandes estaciones en el centro y el occidente de Cuba. En muchos pueblos esos caserones sobresalían sobre el resto de las edificaciones. Ese es el caso del Paradero de Camarones. 
En 1914, los ingleses derribaron la antigua estación de madera y construyeron otra con techo almenado y dos andenes, uno en la línea de Cienfuegos a Santa Clara y otro en el enlace del ramal Cumanayagua. El nuevo edificio incluía oficina, salón de espera, almacén y una vivienda para el jefe de estación.
Los que no conocen el lugar y llegan a él en un tren nocturno, cuando las luces de 100 watts alumbran los andenes, pueden llegar a pensar que el pueblo es mucho más grande. Pero apenas tiene tres callejones, dos tiendas, un bar, una oficina de correos, una barbería, una escuela y un cine.
En esos espacios ocurre la mayor parte de la historia que cuento.

1 comentario:

Viajar con Raul & Luis dijo...

Me pregunto si en la actualidad el pueblo es aún tan pequeño. Muy buena descripción.Me gustaría leer el cuento completo