Desconozco
la razón por la que el color naranja se convirtió en el distintivo de la
industria azucarera en Cuba. El uniforme de Las Villas, mi equipo de béisbol,
tenía un central bordado en la manga y era anaranjado hasta la altura del
pecho. Por la fortaleza de sus bateadores, Bobby Salamanca (el más grande
narrador que tuvimos) le puso “La Trituradora Naranja”.
Por
mi casa, la estación de ferrocarril del Paradero de Camarones, pasaban a diario
decenas de tolveros en dirección a la Terminal de Azúcar a Granel de
Cienfuegos. Desde la locomotora hasta el caboose estaban pintados de naranja. Cada
vagón llevaba 60 toneladas de azúcar. Aunque estaban herméticamente cerrados,
dejaban un empalagoso olor a su paso.
Ahora
recuerdo aquellos trenes por los pitazos de sus locomotoras, las TGM8 de
fabricación soviética. Melesio Monzoña, el carpintero de mi pueblo, era
conductor de una de ellas. Gracias a él hice varios recorridos en aquellas
máquinas.
Esa
era unas de las ventajas de pertenecer a una familia de ferroviarios, los
tripulantes de los trenes hacían ciertas concesiones conmigo. Mi primer viaje
en la TGM8 de Mele fue de Cumanayagua a Camarones. Era el día del pase en la
secundaria de El Nicho y cuando llegué a la estación supe que habían cancelado al
Mixto, el tren de viajero que me llevaría hasta mi casa.
“¡Te
vas conmigo, Camilito!”, me dijo Mele mientras pedía vía para su tren de arena
extraída del río Arimao. Cuando pasábamos por Breña, la máquina arrolló a varios
chivos que dormían en la línea. La cabeza de uno de ellos, como en las peores
películas de terror, se mantuvo colgando de la defensa por kilómetros.
Años
después, en el crucero del central Espartaco, volví a subirme a la locomotora
de Mele para ir a mi casa. “¡Te vas conmigo, Camilito!”, me gritó mientras me
hacía señas para que me subiera a la máquina en movimiento. Entonces, ni él ni
yo sospechábamos que esa sería la última vez.
Ya
no existen ni el ramal Cumanayagua ni el central Espartaco, pero de vez en
cuando busco en YouTube los pitazos de las TGM8. Esa es mi manera de volver a
viajar en la locomotora de Mele o de ver pasar los trenes de azúcar frente a mi
casa.
A veces cierro los ojos y busco dentro de mí el empalagoso olor que dejaban a su paso.
A veces cierro los ojos y busco dentro de mí el empalagoso olor que dejaban a su paso.
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