5 oct. 2013

Cuando las aves de paso se quedan para siempre


(Escrito para la columna Como si fuera sábado, de la revista Estilos. La imagen es una obra del artista dominicano Jorge Pineda)

Hace dos semanas, una sentencia del Tribunal Constitucional de República Dominicana convirtió a generaciones enteras en aves de paso. Ese plumazo, que parece dado en las postrimerías del siglo XVIII y no en el XXI, niega lo innegable, insiste en dividir y delimitar lo que la realidad ha juntado.
Es comprensible, se trata de una élite que se resiste a asumir su verdadera identidad y hace lo que tenga que hacer para creer que son la que desean ser. Ya una vez Rafael Leonidas Trujillo se inventó una raza: el indio. Ese eufemismo le servía para sentenciar que el color de muchos dominicanos no era como se veía, sino como él se lo imaginaba.
En el libro “Duarte en mi corazón de niño”, Juan Gilberto Núñez apela a una ingenuidad realmente infantil para que nos creamos que Juan Pablo Duarte era un rubio de ojos azules. Es así que suplanta al prócer mestizo, que promovió el (re)nacimiento de una verdadera nación dominicana, por una especie de káiser tropical.
A propósito de la sentencia del Tribunal Constitucional, tratando de justificar lo injustificable, un legislador se hizo una pregunta en Twitter: ¿Quien define la nacionalidad, los poderes públicos de República Dominicana o los poderes foráneos?
Aunque el principio de funcionamiento de las redes sociales es el diálogo, el congresista no respondió ninguna de las interacciones. Aun cuando el cuestionamiento solo se refería a la nacionalidad que se asienta en los documentos oficiales, no dejaba de tener una implicación cultural. Es en ella que me centraré.
No habrá Senado, ni Congreso, ni Presidente ni Dios que pueda hacer de esta media isla lo que no es. La cultura y las identidades de una nación no son legislables, tampoco pueden acatar una sentencia ni ser administradas o modificadas de acuerdo a los intereses o las ilusiones de una élite.
Uno de los libros que mejor me han explicado a República Dominicana es “La isla tal como es”, la respuesta de Rafael Emilio Yunén a esa falacia que Joaquín Balaguer llamó “La isla al revés”. Esas pocas páginas de Yunén merecen estar en todas las escuelas del país. Serían de una gran ayuda para que los estudiantes entiendan lo que son y dónde viven.
Llama poderosamente la atención que, el mismo día que el Tribunal Constitucional de República Dominicana sentenció que aquí el futuro debía permanecer atado al pasado; en Alemania, ¡en Alemania!, eran elegidos 34 diputados extranjeros para ocupar puestos en el Parlamento. La mayoría de ellos son emigrantes africanos.
No hay un solo lugar de la geografía dominicana donde uno pueda permanecer ajeno a la inmensa y riquísima diversidad cultural de este país. Pocos lugares en el planeta presumen de un mestizaje tan definitorio y rotundo.
Váyase a la región que se vaya, sea en la dirección que sea, en esta mitad de la Isla de La Española se hallarán los frutos incuestionables de la multiculturalidad. Probablemente lo más arduo aquí sea encontrar rubios de ojos azules como el Duarte que trataron de pintarnos, amparados en la ausencia de una iconografía real.
Aunque se trata de una élite muy reducida, han logrado una increíble capacidad para imponerse a lo largo de la historia, desde la atroces años de la dictadura de Trujillo hasta nuestros días. Por eso es difícil imaginar cuándo las aves de paso dejarán de serlo.
El día que eso cambie, podremos hablar aún con más orgullo de los éxitos y los logros de la diáspora dominicana en Norteamérica. Aquellas aves de paso que sí pudieron quedarse para siempre, sin que nadie tratara de quitarles el derecho a volar.

4 comentarios:

José M. Fernández Pequeño dijo...

Excelente.

Susy Caula dijo...

Excelente, Camilo, ese retroceso se ve también por estos países, el subdesarollo de ideas nosmantendrá sin avanzar.

Leticia Cabrales Morales dijo...

Hermoso, a pesar de la fea realidad de la que hablas.

Rolando Díaz dijo...

Hola Amigo, me parece excelente tu artículo sobre el asunto de la nacionalidad dominicana...No podía imaginarme que en días como estos, alguien pudiera albergar ideas tan descabelladas.
Un Abrazo y pronto nos veremos. Estás en Cuba?