24 junio 2010

Un recuerdo cagado por las moscas

En el verano de 1989 se celebró en el mundo entero el bicentenario de la Revolución Francesa. Empujado por la apoteosis, me obsesioné con la fecha. Leía todo lo que caía en mis manos sobre aquellos personajes que cambiaron al mundo. Llegué, incluso, a montar algunas escenas de Marat/Sade, la obra de Peter Weiss, en uno de mis ejercicios de dirección en la Escuela de Arte de Cubanacán.

Una edición monográfica que el Correo de la Unesco hizo para la ocasión, desapareció en horas de los estanquillos de La Habana. Por eso le mandé un telegrama a mi padre para que tratara de conseguírmela en Manicaragua. Cuando la tuvo en sus manos, quedamos en que me lo llevara a Camarones, durante los días que pasaría allí de vacaciones.

En cuanto llegó en su Dodge 1500, nos fuimos para la “esquina” a celebrar el rencuentro. Pero sólo había algunas botellas de Havana Club 7 años, arrumbadas encima del viejo refrigerador del Bar Arelita. No nos quedó otro remedio que pagar los siete pesos que valía aquel lujo. La etiqueta estaba comida por las cucarachas y llena de cagadas de moscas.

Hace unos días un amigo me dio a probar un Havana Club 7 años. Por un momento pensé que aquel trago me llevaría de regreso al verano de 1989. Pero el líquido crudo y aguardentoso solo sacó de mí una rara mueca. De mutuo acuerdo, decidimos refugiamos en una botella de Cubaney que me había regalado Pedro Ramón López.

Cada vez que intento volver a Cuba, acabó saliendo más de ella. A esa conclusión llegué en la bañadera, cuando me di cuenta de que estaba en la misma posición en que permanecía Marat cuando Carlota Corday le dio la mortal puñalada.

21 junio 2010

Felicidades, Colombia

Colombia supo distinguir la palabra democracia en medio del vendaval electoral y votó por su futuro. La arrolladora victoria de Juan Manuel Santos no solo es una vindicación del legado de Álvaro Uribe, es también una decisión de vencer al terrorismo de las FARC y de ponerle freno a la mala influencia que el régimen de Hugo Chávez genera en la región.

El papel que jugó Juan Manuel Santos en los últimos ocho años, fue clave para que Colombia dejara de ser aquel país secuestrado por las narco guerrillas y comenzara a construir su seguridad democrática. El hombre que en 22 minutos logró uno de las acciones más espectaculares en la historia de la inteligencia militar (el rescate de Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes de las FARC), ahora dispone de cuatro años para mantener a salvo a su país.

La decisión de Colombia de elegir al delfín de Álvaro Uribe y no a un matemático con debilidades lingüísticas a la hora de pronunciarse sobre la amenaza de Chávez, es clave en el viraje que se está produciendo actualmente en América Latina. Todo parece indicar que ya el continente advirtió que el “sueño” del “socialismo del siglo XXI” no era más que una demagógica pesadilla.

Felicidades, Colombia. El resto de los pueblos de América Latina deberían mirarse bien en tu espejo y aprender a distinguir su futuro como tú lo has hecho.

18 junio 2010

El azar también va a la barbería

Desde hace tiempo quería escribir sobre las barberías, ese lugar donde uno va a conversar y, de paso, se pela. Mi columna “Sábado al fin”, en el periódico Hoy, me pareció el espacio ideal y por eso le pedí a Jacqueline Ventura, la editora del diario, que enviara un fotógrafo a Galerías Naco.
Conocí ese lugar hace diez años, a los pocos días de haber llegado de La Habana. Freddy Ginebra fue quien me presentó al Chino, su barbero, y desde entonces acudo a él una vez al mes. El sitio es muy pequeño y está escondido entre una tienda de revistas y otra de productos de los campos dominicanos, pero tiene el encanto de las viejas barberías, ese que dan los sillones clásicos y los espejos contiguos. Fue entonces que ocurrió el milagro, apareció la aguja en el pajar, se logró una oportunidad entre un millón, la lección increíble para un hombre de poca fe. Cuando el fotógrafo llegó a la barbería, allí estaba Freddy, con los ojos cerrados, entregado a la conversación entre espejos, colonias baratas y tijeras. Insisto, soy un descreído, por eso prefiero pensar que el azar también va a la barbería.

15 junio 2010

Los tiempos difíciles de Baglietto

A finales de los años ochenta llegó a La Habana un segundo aire argentino. Ya no traía bandoneones ni tangos, sino películas inolvidables y un rock que por primera vez sonaba a rock a pesar de oírse en español. Las películas solo las pasaban en diciembre, mientras duraba el Festival de Cine, pero las canciones seguían circulando de mano en mano, a bordo de unos cassettes que se convirtieron en objetos de culto.
Charly García, Luis Alberto Spineta, Fito Páez, León Gieco y Juan Carlos Baglietto eran los nombres más reconocibles de aquel oleaje que nos quitó de encima la abulia del realismo socialista. Hubo un disco en especial, Tiempo difíciles, de Juan Carlos Baglietto, que al menos a mí me cambió la vida. Me recuerdo rebobinándolo con un lápiz, oyéndolo una y otra vez.
Hoy lo he vuelto a oír y está intacto. Nada ha envejecido, ni siquiera los temas atados a las circunstancias o los sonidos que dependían de la moda. Charly, Spinetta, Fito y Gieco han seguido sonando, pero la obra de Baglietto ha empezado a olvidarse y es una verdadera pena. La desaparición en vida de artistas como él, justifica todo ese espacio que ha ganado la banalidad, la bobería.

14 junio 2010

Nada que agradecer

Hombres como Ariel Sigler Amaya son los que llenan de pánico a Fidel Castro. ¿Qué hacer con un campesino humilde que, de tanto perder, perdió hasta el miedo? ¿Qué hacer con un hombre parapléjico que, cuando es por fin liberado de su injusta condena, lo primero que dice es que no tiene nada que agradecer?

Algún familiar sostuvo un retrato del Ariel que se fue al presidio, hace 7 años, justo al lado del Ariel que una ambulancia acababa de entregarles. Antes era un campesino rollizo y noble. Ahora es un hombre atado a una silla de ruedas, pero indomable.

Monseñor Dominique Mamberti, el canciller del Vaticano, no oculta su júbilo por la liberación de un preso político enfermo y el traslado de otros 12 a cárceles cercanas a sus residencias (tanta es la cobardía de la dictadura, que confina a sus adversarios lo más lejos posible de los suyos).

Es obvio que la cúpula católica en Cuba sigue en el limbo, mientras el régimen, disfrazado de querubín, mueve fichas a la vista de la Unión Europea. Por eso allá, en la ciudad que posee la Isla en el centro, Guillermo Fariñas se mostró inflexible: “La liberación de Ariel es esperanzadora, pero aún faltan muchos”.

Ojalá que los intelectuales cubanos que aún insisten en apoyar los desmanes de la dictadura, algún día vayan al pueblecito de Pedro Betancourt y le pidan disculpas a Ariel, por haber dicho lo que a ellos les correspondía, por haber recibido los golpes suyos, los para ellos, en su espinazo.

11 junio 2010

El Mundial ‘78

En 1978 me enteré de que cuando en Cuba hacía calor, en Argentina había mucho frío. Era del tipo de explicaciones que le encantaban al maestro Gustavo. Esfera en mano, y usando sus largos brazos para describir la órbita del planeta, hablaba sin parar de hemisferios, inviernos australes y veranos boreales.

Recuerdo que no hubo manera de que Tito el Bobo entendiera que los argentinos no se caían del mundo a pesar de tener que “vivir bocabajo”. Todas esas conversaciones surgieron en el aula por el Mundial de Fútbol, cuyas reglas también nos explicó el maestro para que pudiéramos entender los partidos que pasaban por el canal 2.

Luego, en casa, yo le hacía un resumen muy impreciso de aquello a mi abuelo, que se sentaba conmigo de frente al Krim 218 (nuestro televisor ruso), mientras 21 hombres vestidos de gris y uno de negro impecable perseguían a una pelota de cuero. Ya se me olvidaron casi todos los detalles, apenas retengo una lluvia de papeles cayendo sobre la hierba y los dos goles de Mario Kempes en la final.

Ahora, cada vez que oigo a Andrés Calamaro cantando “Crímenes perfectos”, recuerdo aquel verano en que a mí también “me tocó crecer/ viendo a mi alrededor/ paranoia y dolor”. Era el Mundial ’78. Ya hace 32 años que entiendo el fútbol.

10 junio 2010

Azúcar para crecer

En la Cuba republicana había una máxima: “Sin azúcar no hay país”. Era cierto. En 2010, después de décadas de incapacidad y caos, el gobierno revolucionario por fin logró lo que parecía imposible, la peor zafra en 100 años. Eso, técnicamente, devolvió la nación a una miseria de post guerra, semejante a la que vivió en la primera década del siglo pasado.

44 centrales, moliendo por más de 110 días, no fueron capaces ni siquiera de alcanzar 1,3 millones de toneladas de azúcar, que era el modesto plan que se habían propuesto. “La actual zafra puede calificarse de pésima en producción y eficiencia. Desde 1905 el país no registraba una campaña tan pobre”, sentenció el periódico Granma.

La familia Fanjul, de exitosa tradición azucarera en Cuba, se marchó al exilio cuando Fidel Castro ordenó expropiar todos los ingenios. Actualmente poseen el Central Romana, en República Dominicana. Según cifras publicadas en la prensa hoy, en 193 días de zafra, ese ingenio molió 3,3 millones de toneladas de caña y produjo 418,439 toneladas de azúcar.

En la Cuba revolucionaria había una máxima: “¡Azúcar para crecer!”. Era cierto. Solo que los cubanos que pueden dar fe de ello, están en el exilio.

09 junio 2010

¡Volvió Juan Luis!

En noviembre harán diez años que vivo en República Dominicana. Cuando llegué a este país mis conocimientos sobre él eran los indispensables. Pero traía una carta debajo de la manga: todas las veces que había oído a Juan Luis Guerra. Gracias a eso pude sortear obstáculos que al principio parecían insalvables, descifrar los códigos más enrevesados y entender el valor de la “jarina”, eso que deja de ser sed sin tener que ser lluvia.

No se me olvida el día en que, camino de Montecristi, descubrí el cartel de “¡Bienvenidos a Villa Vázquez!”. En ese momento hubiera querido que fuera en el Paradero de Camarones donde oyeran mi canto. Pocas veces un creador ha logrado con solvencia, en palabras y melodías, las claves de una identidad.

Lo admito. Los dos últimos discos de Juan Luis Guerra me distanciaron de él. A lo mejor es que yo no los entendí o que no comulgué con lo que el artista quería decir. Pero lo cierto es que me tuve que aferrar a sus obras anteriores para seguir contando con él. Por carreteras y oficinas, en los momentos de mayor júbilo y en los más difíciles, aquel Juan Luis no dejó de ayudarme a convivir con los suyos, a enamorarme de su país.

Acabo de oír Al son de Guerra. Todavía no puedo decir qué es lo que más me gusta, aunque ya tengo claro qué es lo único que me disgusta. Dejo a los críticos la crítica. Yo me voy con mi felicidad a otra parte. Ya sé que por estos días estaré oyendo el disco una y otra vez. Sospecho que no me alcanzará el tiempo para celebrar la noticia. ¡Volvió Juan Luis!