26 diciembre 2025

Agradecimientos por Los mudos de la montaña

En las ruinas de la Escuela Secundaria Básica de El Nicho,
uno de los escenarios de Los mudos de la montaña.

La mayoría de los escenarios de Los mudos de la montaña son reales, algunos de sus personajes también. Hay hechos que, aunque ocurrieron con años de diferencia, aquí coinciden en un mismo espacio de tiempo. Otros fueron cambiados de lugar por necesidades de la trama. 
Fui uno de los niños que inauguraron la escuela de El Nicho. Hice los mismos viajes de Mario a través del lago Hanabanilla. Solo que tuve que esperar mucho más que él para poder escribirlos. Algunas de las situaciones que le ocurren, me sucedieron a mí.
En la novela, el mundo de la escuela ya aparece en ruinas. Pero en los aguaceros, el frío y la neblina hay un homenaje a los que estrenaron conmigo aquel desamparo. Volví a El Nicho en 2011. Habían pasado 30 años del septiembre en que el barco Escambray me dejó allí por primera vez. Ese día se me ocurrió esta historia. 
Agradezco a Esther María Hernández, Grisel Jaime Álvarez, Arturo Arango y Tania Costa, los primeros lectores de este libro, cada comentario, opinión o reclamo. Todo el tiempo que le dedicaron al manuscrito fue muy valioso, tanto para los personajes como para mí. 
Una última cosa: cualquier coincidencia que el lector encuentre aquí puede no ser casual.
La Loma de Thoreau, diciembre de 2025

25 diciembre 2025

Los mudos de la montaña

El diseño de la cubierta y de toda la colección
de Libros del Fogonero es de Leonardo Orozco.

Creo que al fin pude encauzar esa manía campesina de madrugar. Durante casi todo 2025, me levanté a las cinco de la mañana a escribir. Gracias a esa disciplinada costumbre y a que en Madrid el día empieza demasiado tarde, logré concentrarme en escribir este libro. 
Atlántida (2023), mi primera novela (algunos ponen en duda que lo sea), me tomó demasiados años, más de veinte si mal no cuento. A esta (que ya no creo que deje dudas sobre su género) apenas le dediqué unos pocos meses. Sin embargo, sus personajes y su fábula estuvieron dentro de mi cabeza desde mucho tiempo atrás.
Los mudos de la montaña es un homenaje al niño que llegó a El Nicho con apenas once años y a todo lo que me enseñó el Escambray. Pero también es una ofrenda para los que perdieron o desperdiciaron sus vidas intentando ser más libres o, al menos, no ser prisioneros de la realidad.
En este libro aparecen personajes de ficción de los que me ha costado mucho trabajo despedirme. También actúan cubanos reales de los que estoy muy agradecido: Bladimir Zamora, Sigfredo Ariel, Salvador Lemis, Vicente Revuelta, Tomás Gutiérrez Alea, Mario Coyula, Marianela Boán, Eduardo Lozano y Renay Chinea, entre otros.
En febrero será presentada en Santo Domingo y en marzo en Madrid. Para los escasos de paciencia, pronto estará disponible en Amazon. Están todos invitados a navegar conmigo por el lago Hanabanilla y a pernoctar en El Nicho, un lugar al que le debo mi pasión por las montañas, el hecho de que prefiera el arroyo de la sierra al mar.

07 diciembre 2025

Es hora de empezar a dejar de ser un niño


En los encuentros familiares, cuando los primos nos reuníamos, mi abuela Atlántida siempre hacía notar cuánto yo cuidaba mis juguetes. Todos conservaban sus cajas intactas y no tenían ni el más mínimo rasguño.
Años después me diagnosticarían un TOC. Un siquiatra dominicano explicó el esmero que ponía aquel infante cubano en que trenes, carritos y granjitas parecieran sin estrenar.
De viejo, seguí cuidando juguetes. Los 25 años que he tenido acceso libre a jugueterías me han permitido coleccionar muchos carritos. Todos están impecables, pero una gran amenaza se cierne sobre ellos: David Aurelio.
Por eso he decidido despedirme antes de que caigan en manos de mi nieto. Hoy los guardé en una caja hasta que él tenga edad para destrozarlos. Pronto cumpliré 60 años, es hora de empezar a dejar de ser un niño.