25 abr. 2014

Equipaje

© Iván Cañas (1968).

El vagón de Equipaje dejó algunas de las cosas que estábamos esperando. Como siempre, Juan León, el conductor de Expreso, logró sacar lo que se quedaba en Camarones justo en el tiempo en que establece la parada reglamentaria:
  • 4 cestas de pan
  • 3 sacos de arroz descascarado
  • 1 columbina deshecha
  • 2 tanque de 55 galones
  • 1 piano vertical
  • 1 cerdo vivo
  • 2 carneros degollados
  • 5 cajas atadas con soguitas de yute
  • 3 latas de película
  • 1 bulto liviano, livianísimo, que estuvo flotando antes de caer
Rosendo Stuart, el jefe de Estación, acomodó todo sobre la enorme carretilla, firmó las cartas de porte y le dio salida al tren de las 11 de la mañana. Si todo salió como está descrito en el Itinerario, debió rendir viaje en la estación de Cienfuegos Viajeros justo a las 11:45.
El Che se llevó las cestas de pan para la bodega. Poco después, Felo el Mulo vino a buscar el arroz. La columbina era para uno de los Cabeza de Puerco, los tanques de 55 galones de Luzbel Cabrera, el cerdo y los carneros venían para un isleño de La Chirigota.
Chena se llevó las películas en su carretilla (con toda seguridad era una soviética o búlgara, aunque, con un poco de suerte, podía tratarse del Zorro, la de Alain Delón). Las cajas permanecieron dos semanas en el Cuarto de Expreso y el bulto liviano acabó siendo estopa para los revisores.
Días después, hacha en mano, mi abuelo destrozó al piano vertical. Estaba lleno de comején y ya nadie más lo tocaría en la familia. El vagón de Equipaje siguió dejando las cosas que estábamos esperando, pero nunca más trajo un piano.
Aquel golpe de música que soltó al caer (que luego se replicaría mientras el hacha lo demolía), ocurrió una única vez.

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