7 abr. 2014

EL CUBANO SE OFRECE (II). El tren blindado




©Iván Cañas (1968)

“En la ciudad que posee la isla en el centro/ hay un tren descarrilado,/museo nacional…”, así empieza una trova de Silvio Rodríguez que tiene acordes de rock and roll. Se refiere al convoy militar que fue tomado por las tropas de Ernesto Guevara en la batalla de Santa Clara.
Ese hecho fue decisivo para que el dictador Fulgencio Batista decidiera abandonar el poder y huir en la madrugada del 1 de enero de 1959. Es curioso, un tren descarrilado marca el comienzo de una serie de accidentes que condujeron a la nación cubana a la ruina.
El acto para conmemorar el XV aniversario del asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1968, tuvo lugar en Santa Clara. Al artista Raúl Martínez le pidieron unos murales para celebrar la ocasión. A su vez, la revista Cuba Internacional le encargó el primer trabajo a un joven fotorreportero que acababa de incorporarse a su redacción. Era Iván Cañas.
Esa noche, Fidel Castro hizo una promesa en su discurso:
“Algún día —y ese día no estará lejano—, a un ritmo sorprendentemente rápido, con ayuda de la técnica, con la ayuda de las máquinas, con la ayuda de la química, muchos de los duros esfuerzos que nuestro pueblo realiza hoy no los tendrá que hacer.  En un futuro no lejano nadie tendrá que cortar una caña con un machete, nadie tendrá que limpiar un campo con un azadón, esos trabajos duros que tenemos que hacer hoy cuando no tenemos esas máquinas, cuando no tenemos esa técnica para ganar la batalla del subdesarrollo”, aseguró el Comandante en Jefe.
Lejos de cumplirse su promesa, Cuba se ha hundido cada vez más en el subdesarrollo y la pobreza: las zafras azucareras no alcanzan ni siquiera la producción de la época colonial, el trasporte urbano ha vuelto a la tracción animal y a los campesinos les resulta difícil hasta conseguir un azadón.
Aun cuando todo era optimismo a su alrededor, Iván Cañas parecía intuir la inminencia de la catástrofe. Nótese que a casi todos los rostros que captura su lente les cuesta un enorme trabajo sonreír. El único que parece lleno de esperanza es su amigo y maestro Raúl Martínez, quien entonces tenía sus convicciones blindadas.
Desde un tren ruedas arriba, Iván retrata a un Raúl Martínez pletórico. Hay tantas contradicciones entre el pintor, su obra y el paisaje que los rodea, que parecen escenificar una nueva batalla.

6 comentarios:

Orlando González Yero dijo...

VAS BIEN, CAMILO!!!

Marlene-México DF dijo...

Sr. Camilo, el trabajo que usted está haciendo con El Fogonero es admirable; creo que ha rebasado eso que llamamos "blog" y está produciendo una verdadera publicación cultural de Cuba, porque el hecho de que insista en los temas ferroviarios y lo haga desde Dominicana no le quita su esencia cultural y cubana... Lo felicito de todo corazón y que Dios le de mucha salud e inspiración para que siga adelante con esta obra.

Minerva Salado dijo...

Tienes un excelente blog Camilo. Lo sigo hace tiempo. Es un modelo de imaginación y buena prosa, llena de certezas. Me gustaría poner el mío en tu lista de vínculos. Te mando el link, no escribo tan a menudo como tu, pero algo hago a veces. Saludos y felicitaciones, Minerva Salado
http://esquinaconbanca.blogspot.com

Camilo Venegas dijo...

Minerva, es un honor para mí incluirte en mis Enlances Cubanos. Gracias por pasar por El Fogonero. Un abrazo grande, poeta.

Minerva Salado dijo...

Estas dos entradas sobre Iván son inmejorables. Iván es uno de los grandes de la fotografía cubana, no sólo de su generación, y lo merece. Minerva

Minerva Salado dijo...

Gracias a ti, querido