4 mar. 2010

En Cuba los hospitales, como las calles, solo son para los revolucionarios

En la Cuba de los noventa se impuso una consigna fascista: “La calle es de los revolucionarios”. Todas las arengas de los líderes juveniles de entonces (Robaina, Pérez Roque y algunos otros que tampoco lograron sobrevivir dentro de la nomenclatura castrista) empezaban o terminaban con esa frase excluyente, que establecía la segregación de los cubanos que aún vivían en su isla, pero que no compartían las políticas del régimen gobernante.

Ayer el doctor Élvis Jiménez, director del hospital provincial de Santa Clara, le dijo a la madre del disidente Guillermo Fariñas que tenía que sacar a su hijo del centro hospitalario. Según el propio Fariñas, Jiménez fue muy claro: La terapia intensiva no está para ayunantes contrarrevolucionarios, sino para revolucionarios y ciudadanos que no intenten desestabilizar la revolución.

Lo deja claro el doctor Élvis, sus compatriotas tienen que pagar un altísimo precio para poder aliviar sus dolores de cabeza: resistir en silencio todos los embates de una dictadura que, después de medio siglo en el poder, ha destruido hasta los cimientos a la nación cubana. Parafraseando al poeta Roque Dalton, Jiménez no sabe que por hombres como Fariñas el futuro de su país puede convertirse en una aspirina del tamaño del sol.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Trencito de mi infancia.

El trencito
iba y venía
atravesaba
campos sembrados
de girasoles,
amarillos como
el mismo sol,
campiñas cultivadas,
pueblitos mágicos
que olían
a caña de azúcar,
viejos túneles
construidos en aquel remoto tiempo
en que Cuba era colonia
de España.
Los niños
al sentirlo
salían a verlo,
sonreían,
y levantaban
las manitos
alegres.
Algún pasajero
se quitaba el sombrero
ante la presencia
de una dama
sobre el terraplén.
Un día el trencito
partió,
dicen
que se elevó tanto
que se metió entre las nubes,
y ahora gira
alrededor de las galaxias.

México 21, 2010.
giocondacarralero@hotmail.com

Anónimo dijo...

qué triste es todo allá.