La prensa oficial cubana reaccionó airada en cuanto se supo que el disco Segunda cita, de Silvio Rodríguez, no había ganado el Grammy al Mejor Álbum de Cantautor. A toda prisa, el portal Cubadebate (que ha superado ya al Granma en la tarea de construir trincheras) entrevistó al trovador.
“Esos concursos, como todo el mundo sabe, son promovidos por las disqueras para vender discos. Mi producción discográfica es prácticamente artesanal, lo que pone en claro que ninguna trasnacional ganaría ni un centavo con un premio a mi música. Esa es la razón por la que no he ganado –ni ganaré– un premio de ese tipo en mi vida”, se excusó Silvio.
Como en Cuba no se dijo nunca quién había ganado el Grammy, el trovador pudo darse el lujo de continuar desinformando. Porque Cantares del subdesarrollo, el álbum de Rubén Blades que mereció la estatuilla del gramófono, es mucho más artesanal que el de Silvio (fue grabado en el garaje de su casa y no en un sofisticado estudio como Ojalá) y fue distribuido por Internet, sin ningún sello disquero que lo respaldara.
La noticia del Grammy al disco de Rubén Blades es doblemente dolorosa para el régimen cubano. Desde hace muchos años, la actitud revolucionaria (realmente revolucionaria) del panameño provocó su censura en todos los medios de difusión de la Isla. A ese hecho se suma la dedicatoria de Cantares del subdesarrollo:
“Musicalmente, dedico este álbum a Cuba, por sus aportes originales al desarrollo de la propuesta musical urbana mundial y por el valor del noble pueblo cubano que ha sobrevivido al bloqueo imperialista y a la dictadura marxista sin perder su esencia solidaria, humor, amor y esperanza”, apunta Rubén.
Además de Cantares del subdesarrollo, entre los nominados estaba el disco Amar la trama, de Jorge Drexler, que también es infinitamente superior a Segunda cita (que no pasa de ser un manojo de frases hechas, sonidos obvios y trucos consabidos). Hizo bien el Grammy en no premiar la peor obra en la discografía de Silvio Rodríguez. Si hubo alguna injusticia, fue a la hora de nominarlo.




