
Cuando Clara Rojas cuenta cómo los guerrilleros le apuntaban con sus fusiles a los rehenes y los amenazaban de muerte si el ejército intentaba rescatarlos, el periodista le pregunta si fue eso lo más duro de sus seis años de cautiverio. “No”, respondió tajante. Para ella lo peor fue “la sensación de tiempo perdido”.
A pesar de que llegó a tener “un candado en el tobillo con una cadena de unos tres metros amarrada a un árbol”, ninguna vicisitud ni tortura le llegó a parecer más grave que verse “forzada a una inactividad insoportable”. “El cautivo es despojado bruscamente de todo. Pierde por completo el control de su propia vida y de todo lo que le rodea. Se encuentra solo frente a sí mismo, sin nada más”, dice.
La mayoría de los cubanos que logran abandonar la Isla, traen consigo una certeza muy parecida. Tengan la edad que tengan, se culpan a sí mismos por haber desperdiciado tanto tiempo. Casi todos dicen la misma frase, palabras más, palabras menos: “Debí haber hecho esto mucho antes, ahora ya estoy viejo”.
He oído eso en gente que no pasa de los 40 años. Bertrand Russell decía que cuando uno disfruta perder el tiempo, no está perdiendo el tiempo. El problema empieza cuando es otro el que te obliga a hacerlo.
3 comentarios:
hola esa misma sensacion de tiempo perdido la he llavado durante tres años de depresion por causas ajenas a esto, ubique la palabra y me salio su blog
Esa foto no me gusta, la del perfil
Qué cierto y qué doloroso! Me has conmovido!Saludos
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