
Mi amigo alza su copa de Protos Reserva 1993 y brinda por el líder cubano. “¡Fidel es la dignidad de América!”, dice y cita de memoria pasajes enteros del libro. Alterna sus frases elogiosas e incondicionales con unas salchichas en salsa arrrabiatta y unos mejillones al curry con pan italiano de romero y aceite de oliva.
Mi amigo justifica la necesidad de que el fidelismo sobreviva y relee, in extenso, preguntas y respuestas. Sonriente, sopla sobre la llama de un habano que el emigrante cubano Carlos Fuente produjo especialmente para él. Mi amigo reafirma su admiración por la revolución cubana, aunque al final admite que no podría vivir allí ni un día.
1 comentario:
Es lo que yo digo: así, cualquiera es fidelista.
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