
Sin lugar a dudas se trata de un estereotipo que ignora a buena parte de las identidades dominicanas y sintetiza, de una manera casi caricaturesca, a una cultura que es mucho más diversa y rica. De ahí que sea tan importante la decisión del Consejo Nacional de Cultura de dejar que sea el uso quien defina cómo visten los dominicanos.
La palabra identidad no es sinónimo de nostalgia, ni es algo estático, invariable y atado obligatoriamente al pasado. Unos jeans hechos en Singapur o un vestido manufacturado en Malasia, hoy pueden ser más dominicanos que esos corpiños y arandelas que ni en los desfiles del carnaval tendrían uso. El traje nacional lo definen todos los dominicanos, día a día, cada vez que salen a la calle.
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