
Cuando no secuestraban a unos pescadores, inoculaban un devastador virus en el ganado porcino. Siempre llegaron a tiempo los ataques, los asesinatos o las maniobras del imperialismo para desviar la atención de un pueblo obstinado (que el mejor modo que tienen los cubanos para definir el límite de sus paciencias).
El Rey Juan Carlos hizo bien en mandarlo a callar. Pero ahora es el pueblo venezolano el que tendrá que pagar las consecuencias de ese tapaboca. Ay, Venezuela, todavía tú no has visto nada… ¡Lo que te espera!
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