9 ene. 2012

Nostalgia básica

El pasado 6 de enero, Juan Carlos Roque me invitó a participar en el programa El baúl de los juguetes, de Radio Nederland. Allá, en los estudios de Hilversum, había otra invitada. Gabby Prats es una niña cubana de 10 años que vive en Barcelona. Durante 30 minutos, Gabby y yo contamos nuestras respectivas vivencias en el Día de Reyes.
Yo supe de que ese día existía por una “extraña” canción de Pablo Milanés. Gabby, en cambio, lo recuerda desde que tiene uso de razón. Los nombres de Gaspar, Melchor y Baltasar me los aprendí cuando descubrí una caja escondida debajo del andén. Estaba llena de bolas de cristal, animales de corral y unos barbudos que montaban a camello. Para Gabby son viejos conocidos.
Nunca busqué juguetes debajo de la cama o en el arbolito de Navidad (algo que descubrí en México en 1996), para mí esa fiesta ocurría en julio y después de un bombo donde se sorteaba la suerte de todos los niños de mi pueblo. Mientras Gabby hacía un inventario de todo lo que le trajeron los Reyes, yo trataba de recordar aquella nostalgia básica, no básica y dirigida, que siempre ocurría una vez al año.
Este año Gabby le pidió a los Reyes un ordenador con internet, para poder navegar por los juegos que mejor juega y que más le gustan. A mí nunca se me ocurrió nada más allá de un tren que diera vueltas en círculos, sin querer llegar a ninguna parte. Gracias a Juan Carlos Roque recordé mi ambulancia de la Segunda Guerra Mundial y un camión de volteo que cargaba rocas enormes.
Todo ocurría en la primera semana de julio. Mi abuela Atlántida se ponía sus zapatos ortopédicos (para poder soportar un día entero de pie). Yo, me contentaba con pegar la nariz a la única vidriera. Era demasiado feliz. Durante los próximos 365 días tendría tres juguetes hechos en Taiwan (por esas fechas Fidel se había peleado con Mao) para que el Paradero de Camarones no pareciera tan aburrido y silencioso en los intervalos en que no estaban pasando los trenes.

3 comentarios:

Odette Alonso dijo...

Sí, de eso mismo hablé en el más reciente post de mi Parque del Ajedrez:
http://parquedelajedrez.blogspot.com/

Varias personas, incluida mi pareja, me hicieron notar el carácter consumista y profundamente desigual de esa celebración. Les respondí con la canción de Sabina: No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió... Si nos lo hubieran permitido, tal vez ahora lo cuestionara como al 14 de febrero o el día de las madres, o el de la mujer... pero...

Ernesto Ariel Suárez dijo...

Algo interesante: la imagen que acompaña el post está basada en un mural que se encuentra en Union Staton (la estación central de ferrocarriles) de Kansas City, la ciudad donde vivo. El mural representa las 12 compañías de ferrocarril que prestaban servicio hasta y desde esta estación. :)

Ernesto Ariel Suárez dijo...

Mi familia siempre habló del "verdadero Día de los Reyes" como contrapartida al "falso." Mi madre incluso le prohibió a mis hermanas que le llamaran así al Día de los Juguetes, como ella lo bautizó. Sin embargo, nunca celebramos el verdadero, no hasta que nos fuimos.