30 junio 2026

La conga cautiva

Foto tomada de Diario de Cuba.

El régimen cubano por fin autorizó la celebración de las congas de San Pedro en Santiago de Cuba. Después de suspender las de San Juan y, no sin antes disfrazar de civiles a un indeterminado número de represores, les dio vía libre a los tambores y a la corneta china, una infiltrada más en la celebración.
En 1953, Fidel Castro utilizó los carnavales y las congas como una cortina de humo para asaltar el cuartel Moncada, la principal fortaleza militar del oriente de Cuba. Después de diseñar un plan desastroso que terminó en un rotundo fracaso, convirtió la fiesta más popular de la ciudad en un baño de sangre.
Sus reclamos, según declaró después en un alegato que trascendió con el título de La historia me absolverá, hoy parecerían irrisorios frente a los problemas que tienen que enfrentar los cubanos. Punto por punto, las denuncias formuladas por aquel joven iracundo resultan infinitamente más graves bajo el régimen que él mismo instauró.
Los problemas de la vivienda, la alimentación, la salud, la electricidad y, sobre todo, la libertad, actualmente son mucho más críticos que los que existían entonces. Incluso la corrupción y la degradación de la nación han alcanzado niveles que difícilmente podían imaginarse en 1953.
Fidel Castro no logró encontrar el cuartel Moncada. Incomprensible se perdió en una ciudad que conocía como la palma de su mano y no llegó al lugar donde se libraba el disparatado asalto. Gracias a ello sobrevivió y acabó instaurando la peor de todas las Cuba.
Sus herederos políticos mantienen viva su “gesta” con una represión cada vez más oprobiosa. Nunca un tambor había sido silenciado en Cuba, hasta que llegó el Comandante y mandó a callar.

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