En la antigüedad la poesía era la manera más creíble de contar las cosas. En ese entonces, además de crear belleza, los poetas procuraban ser útiles. Los versos de Homero le contaban a los griegos todo lo que necesitaban para reconocerse a sí mismos. Pueblos en su mayoría analfabetos, se sabían de memoria sus gestas y las recitaban de rima en rima.
Pero si en ese entonces el poeta era indispensable, ahora ni la poesía los necesita (ella prefiere a otros que se comuniquen con más eficacia). El poeta, como los sellos de correo, perdió su utilidad. Nadie se ha confabulado contra él, sencillamente no se le necesita. Si un buen día todos aprendieron a enviar mensajes sin la ayuda de un telegrafista, hoy muchos hacen poesía sin el poeta.
Pero si en ese entonces el poeta era indispensable, ahora ni la poesía los necesita (ella prefiere a otros que se comuniquen con más eficacia). El poeta, como los sellos de correo, perdió su utilidad. Nadie se ha confabulado contra él, sencillamente no se le necesita. Si un buen día todos aprendieron a enviar mensajes sin la ayuda de un telegrafista, hoy muchos hacen poesía sin el poeta.