
En el caso de los vivos (Auster, Tabucchi, Pacheco y Vargas Llosa), nada me entusiasma más que la noticia de una nueva obra. Durante la espera, leo todo lo que pueda sobre el libro y el tema que aborda. Empiezo a armar el rompecabezas antes de tener las piezas delante.
La publicación de La ninfa inconstante, una novela póstuma de Guillermo Cabrera Infante, me ha devuelto a ese estado de pánico y placer que me produce la cercanía de una novedad. Cuando ya lo creíamos imposible, Cabrera Infante nos ha devuelto a su Habana, la única de todas que con toda certeza será indestructible.
3 comentarios:
Acabo de leer La Ninfa Inconstante y senti ese mismo panico del que hablas. Se nos esta acabando Guillermito, pero de momento esta de nuevo con nosotros ---y nos ha devuelto La Habana y de paso un lenguaje hasta tierno y lleno de amor y ´pureza´ por sus recuerdos y su ciudad, el que -como lo conoci mucho- era una parte de si que escondia con cierto pudor.
Mari Rodriguez Ichaso, New York
Camilo: Comparto tu sentimiento. Guillermo Cabrera Infante me hace sentir orgullo de "ser" cubana, a lo Maximo Gomez! Ser antillana, como ellos, como Marti, como Hostos, como tú.
En Tercera Velocidad declaramos la guerra de forma oficial al encapuchado:
http://terceravelocidad.blogspot.com/2008/10/tirofijo-no-va-ms.html
Ya estamos en conteo regresivo...
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