14 feb. 2013

Una pelea cubana contra los cambios


A los 5 años me encasquetaron una boina roja y me amarraron una pañoleta azul en el cuello. En una fila de mayor a menor, dentro de una formación que iba desde preescolar hasta sexto, me hicieron jurar mientras saludaba a la bandera con el dedo pulgar encajado en la frente.
—¡Pioneros por el comunismo, seremos como el Che! —Gritamos todos los niños a la vez, justo antes de que Carlos Puebla entonara una de sus trovas insurrectas.
De ahí en adelante, ese acto se repitió todas las mañanas de clases por más de siete años. Durante todo ese lapso de tiempo, Fidel Castro era un líder revolucionario cuya estatura nos parecía inalcanzable. ¡El Caballo! Así le llamaban los adultos cuando libraba sus batallas en la pantalla en blanco y negro de los televisores rusos.
El pasado domingo veíamos un noticiero y reapareció Fidel en la pantalla high definition del televisor japonés. Se ha reducido tanto, que está del alto del pionero que lo saludaba sin la boina roja encasquetada, pero aún con una pañoleta azul amarrada en el cuello.
Balbuceaba tanto que no se le entendía nada. Gracias a la versión taquigráfica que publicó el Órgano Oficial del Partido Comunista, pudimos reconstruir el diálogo con los periodistas:
—¿Qué le parecen, Comandante, los cambios que están teniendo lugar ahora en Cuba? —Le preguntó Fabiola López.
—Tú dices los cambios, pero el gran cambio fue la Revolución —aclaró tajante Fidel.
1959 ocurrió hace 55 años. Desde entonces, según palabras textuales de su propio líder, la revolución cubana ha sido incapaz de seguir produciendo grandes cambios. Aunque formó varias generaciones como comunistas, las condenó a vivir sin dialéctica, en una nación que fue envejeciendo, encorvándose y repitiendo un discurso único hasta balbucearlo y hacerlo ininteligible.
—¿La próxima elección cuándo va a ser? —Preguntó Fidel más adelante.
—Dentro de cinco años me imagino —le respondió la periodista Gladys Rubio.
—¡Compadre!, me parece un poco demasiado —respondió el comandante desalentado. Sabe que se le acaba el tiempo... y las fuerzas para seguir deteniéndolo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Azul y blanca, era azul y blanca.