9 nov. 2010

La historia como mentira total

Justo ayer leí una breve controversia (por Adolfo Alfonso y Justo Vega prefiero esa palabra a polémica, debate o discusión) entre Emilio Ichikawa y Enrique Ubieta. Todo empezó por un post del primero que el segundo se sintió en la necesidad de responder.
A propósito de la octava entrega de La contraofensiva estratégica, la saga donde Fidel Castro cuenta su épica vida en tercera persona (ya Norberto Fuentes lo hacía en primera), Ichikawa le reprochó al “joven ideólogo” su complicidad con una historiografía “inexplicablemente excluyente”.
Como excusa, Ubieta esgrimió que “solo los historiadores revolucionarios son capaces de ofrecer una historia total, sin falsos objetivismos, porque solo la Revolución necesita de todo el saber histórico”. Hoy, como todas las mañanas del mundo, leí el Granma.
En la sección de Nacionales, una brevísima nota recuerda el 80 aniversario del natalicio del  comandante Manuel Fajardo: “Una ofrenda floral inició el homenaje político-cultural, dedicado al combatiente, nacido el 8 de noviembre de 1930 y caído el 29 del propio mes, en 1960, abatido en el Escambray en enfrentamiento a los bandidos financiados por el gobierno de Estados Unidos”.
Ese párrafo explica mucho mejor lo que quiere decir Ubieta que sus siempre sicalípticas frases. Piti Fajardo en verdad cayó a manos de sus compañeros de armas. En un confuso incidente, sus propios soldados abrieron fuego contra él sin ni siquiera darle el alto.
“Le pegaron un tiro y se quedó recostado a una mata de tamarindo en la carretera de Trinidad”, recuerda su hija Puchi en un blog. De Manuel Fajardo conocía muy poco hasta que di con sus  hijas, dos habaneras que tuve la fortuna de conocer y querer. El hombre que ellas me contaron y el que aparecía en sus retratos de familia, era muy diferente del que reseña Granma hoy.
Su historia, como la de tantos y tantos, no tiene que ser mentira para poder ser historia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Y lo màs tragico, y comico a la vez, es que a estos pobres incautos los llaman "revolucionarios" y a este vulgar y desbaratado golpe de Estado los hermanos Castro lo apodaron "Revolucion", con una R bien grande. Y como si fuera poco, los Ichikawa y los intelectuales cubanos en su conjunto, de fuera y de dentro, castristas y anticastristas, siguen llamando a esa tragicomedia del Tercer Mundo una "Revolucion". Con una R mayuscula, que en Cuba todo es mayusculo y excepcional...