8 may. 2013

El Londres del Infante*


Cuando el fotógrafo argentino Daniel Mordzinski conoció a Guillermo Cabrera Infante, le pidió un texto. Era para El país de las palabras, su primer libro, donde algunos de los escritores que más admiraba le respondieron una pregunta: ¿Por qué los artistas latinoamericanos aman tanto a París?
—Mi ciudad es Londres —le respondió Cabrera Infante—. Yo con París siempre he tendido una relación muy difícil.
—Escriba eso entonces —Le pidió un Mordzinski que aún no había cumplido los 20. Hablamos de 1979, justo el año en que se publicó La Habana para un infante difunto.
No solo lo escribío, sino que contó la anécdota en su texto. Cuando el libro estuvo listo, Daniel viajó por primera vez a Londres con el ejemplar de Guillermo debajo del brazo. Allí se encontró con un hombre jovial, afable, que caminaba por la ciudad con la destreza del que anda por ella desde niño.
Así como Cabrera Infante no tenía ninguna afinidad por París, Mordzinski tampoco la tenía por Londres. De manera que el argentino conoció a la capital de los ingleses a través de los ojos del cubano. Lo llevó a caminar por sus rincones preferidos y le contó infinidad de historias sobre los personajes que se iban encontrando a su paso.
—Tenía un dominio increíble de la ciudad —recuerda Daniel Mordzinski—. En cada uno de sus parques elegía un sitio para detenerse a disfrutar de aquel entorno que parecía pertenecerle desde siempre.
Al final del recorrido, volvieron a casa, donde Miriam Gómez había estado cocinando para ellos. Cada vez que Daniel regresaba a Londres, Guillermo lo esperaba para hacer los mismos recorridos que, como siempre, acababan en su casa, donde la mesa ya estaba servida y la comida humeaba.
—Eran muy hospitalarios y humildes —recalca Daniel—. Yo tenía 19 años cuando empecé a viajar a Londres y no me sentía intimidado por aquel hombre que, en ese entonces, ya era uno de los mayores escritores de la lengua.
Nunca le preguntó para qué quería tantas fotos, tampoco le pidió ninguna. Incluso Miriam Gómez, que era reacia a dejarse retratar, posó una vez, abrazando a su marido por la espalda. Jamás se habló de La Habana en aquellos encuentros. A fin de cuentas, la vista del amanecer en el trópico quedaba demasiado lejos.
*Estas fotos inéditas de Guillermo Cabrera Infante pertenecen a uno de los paseos que el escritor cubano hizo por Londres junto a Daniel Mordzinski, quien generosamente las ha enviado para este post de El Fogonero.

7 comentarios:

Daniel Mordzinski dijo...

Genial!!! La de Guillermo de espaldas es una despedida total, y una bonita manera de invitar a reeler su obra...

Anónimo dijo...

Hermoso homenaje y bellisimas fotos... el FOGONERO es una de mis lecturas obligadas y encontrar algo asi es un lujo... GRACIAS!!!!

ZoePé dijo...

Un lujo las fotos y el post.
Que bueno que estan estos testimonios de GCI.
Gracias.
Saludos.

Blanca Acosta dijo...

Lindo articulo. La mia es en el centro del mundo, una ciudad en si,que no pertenece a ningun pais porque se parece a todos y no se parece a ninguno, NY.

Anónimo dijo...

HERMOSO Y LAS FOTOS INCREIBLES.

Ivan Darias Alfonso dijo...

Embúllate a venir. Los paseos y el guía están garantizados. Claro, no serán tan exquisitos como los de GCI, pero servirán de inspiración a alguna que otra crónica.

Freddy Ginebra dijo...

Buenísimo!!! Eres el mejor!!!
Te abrazo