10 ago. 2013

Mírala como si no la conocieras


(Escrito para la columna Como si fuera sábado, de la revista Estilos)

Eid Hirsh es un consultor peruano que trabajó durante unas semanas en Santo Domingo. Antes de que regresara a su país, la agencia de comunicaciones donde labora le hizo una entrevista. Querían conocer su experiencia dominicana, tanto laboral como cultural.
La pregunta final fue sobre la gente, las comidas y la ciudad. Comunicador al fin, hasta ese momento sus respuestas habían sido muy precisas y estaban hechas de ideas, datos, cifras y mensajes clave. Pero, llegado a ese punto, se aflojó la corbata. Es como si hablar de Santo Domingo le diera calor.
“Esta es una ciudad increíble —dijo Eid—, porque en ella conviven las tendencias más actuales de la arquitectura y la tecnología con el sabor popular. Gracias a eso, uno puede bajar de una torre corporativa ultramoderna y comprar un coco para beberse su agua, en plena calle. Voy a extrañar mucho eso cuando llegue a Lima”.
Mientras Eid hablaba de Santo Domingo, comenzó a enumerar muchas cosas que yo ya no veo. Por eso, cuando salí a la calle, traté de ver a la ciudad como si acabara de llegar a ella y tuviera que marcharme mañana. Me salí de esa estéril zona de confort que establece la vida cotidiana.
Entonces me di cuenta que, solo en la Abraham Lincoln, una avenida que recorro a diario, había muchísimas cosas que desconocía. También reparé en lo que ya no estaba en su lugar y en lo nuevo. Por un momento me olvidé del ruido, me abstraje del caos en el tránsito y comencé a andar por un ciudad nueva para mí.
“Voy a extrañar el ‘¡Saludos!’ del ascensor y el ‘¿Cómo tú ta’?’ de la oficina —aseguró Eid—. También le echaré de menos a las habichuelas con dulce y a la amabilidad de la gente, una de las cosas que más he disfrutado de Santo domingo es la amabilidad de su gente”.
La Orquesta Sinfónica Juan Pablo Duarte, integrada por alumnos del Conservatorio Nacional de Música, tocó la “Marcha de la Turga”, de Ludwig van Bethoven, en los jardines de esa escuela de arte. No fue un concierto, sino una protesta por las intenciones del Ayuntamiento del Distrito Nacional de destruir un área verde para construir parqueos.
Como se sabe, el alcalde de Santo Domingo es Roberto Salcedo, un comediante que le ha hecho más de una broma de mal gusto a la ciudad. En algún momento de su gestión, Salcedo comenzó a confundir a la Capital con un set de televisión y, en lugar de urbanismo, se dedicó a desarrollar escenografías.
Producto de ese afán son los parques de las “canquiñas” y el que la gente bautizó como el “Zooberto”, probablemente el más feo y ridículo espacio público que se haya acometido jamás en la región del Caribe. Violines, trompetas, flautas y chelos fueron las armas escogidas por los estudiantes del Conservatorio para defender a su ciudad de una nueva agresión.
Gracias a gente como ellos, Santo Domingo sigue siendo una urbe dispuesta a sorprender a los que a miran por primera vez. Ahora mismo en ella deben haber muchos como Eid, que la están mirando con ojos de recién llegado y pueden advertir lo que nosotros ya no vemos.
Ese es un buen remedio para promover el sentido de pertenencia. Aunque llevemos 5, 10, 15 ó 20 años en ella, tenemos que empezar a mirarla como si aún estuviéramos descubriéndola. Obviar los ruidos, el caos del tránsito, el exceso de publicidad y los chistes de mal gusto del Alcalde.
Rompe tu vieja relación con Santo Domingo y comienza de cero. Mírale a la cara y enamórate de ella a primera vista. Bárrela como una escobita nueva. Disfrútala como en esa etapa en que ninguno de los dos novios se encuentra defectos y todo lo que hace el otro es riquísimo.
Mírala como si no la conocieras, solo intenta eso.

3 comentarios:

Rosalia Feris dijo...

Estimado Sr Venegas,

Soy una fiel lectora de los articulos sabatinos de la revista Estilos. Hoy mientras estaba en el salon lei su ultima entrega, por cierto me rei mucho con su descripcion de las obras de nuestro sindico.

Mi padre siempre que tiene oportunidad dice que vivimos en el mejor pais del mundo. Todos a su alrededor subimos los ojos y pensamos en los problemas a los que no tenemos que enfrentar a diario para tener una vida mas o menos aceptable. Pero si como usted bien dice, cambiaramos nuestra forma de ver nuestro pais y aprendieramos a amarlo hasta seriamos capaces de actuar y lograr algunos cambios para mejor!
Que tenga un buen fin de semana y gracias por compartir temas positivos.
Atentamente,
Rosalia Feris

Escombros Hablaneros dijo...

Mi hermano, eso que relata no es privilegio de Santo Domingo. Si Eid Hirsh hubiese ido a São Paulo, una ciudad con más de 20 millones de habitantes, y pasease por la Avenida Paulista, donde se encuentran lo mayores rascacielos de América después de Estados Unidos, le hubiese pasado lo mismo, al bajar y ver un quiosco vendiendo coco frio. Eso mismo sucede en Brasilia y Rio de Janeiro, las tres ciudades donde viví por casi 18 años.

Anónimo dijo...

Y dijo Michel de Crayencour, el padre de Marguerite Yourcenar mientras ella lloraba: "No somos de aquí. Nos vamos mañana." Y su llandot cesó.
__________Cariños, Salvador Lemis.