26 oct. 2012

La última batalla del comandante Menoyo


Mi tío Aramís no sabe regalar elogios. Tiene el duro y empecinado carácter de los Yero. Cuando confiesa su admiración por alguien, es porque esa persona ha pasado ya todas sus pruebas de resistencia. Sin embargo, hay unos pocos nombres que lo llenan de orgullo, que lo ponen feliz de solo pronunciarlos.
Cuando Aramís habla de José Martí, Beny Moré o Miguelito Cuní, los ojos le brillan. Para él, esas personas encarnan sus ideales, su identidad y su credo. Hay otro nombre, pero de un tiempo a esta parte lo decía con tristeza, con un raro dolor que siempre se acababa en una mueca.
Aramís fue compañero de armas del comandante Eloy Gutiérrez Menoyo. Durante el tiempo que estuvo bajo sus órdenes, en las montañas del Escambray, aprendió a respetarlo como a un padre. Luego, empezó a verlo como un héroe, como uno de esos hombres que uno pone en el altar invisible de la devoción.
Hoy ha muerto en La Habana uno de los luchadores más valientes y contradictorios que ha conocido Cuba. A su última batalla fue sin armas, con la convicción de que un hombre desarmado podía derrotar a una dictadura que ya no necesita de los fusiles. Un silencio absoluto acabó por derrotarlo.
Hoy será un día largo y triste para mi tío Aramís. Acaba de perder a su líder. Al hombre con los cojones más grandes de todos los que ha conocido en su vida. Cuba también debería tener un día largo y triste. Al comandante Menoyo se le debería despedir con los honores de un héroe y con las banderas a media asta.
Pero ya dije que fue vencido por el silencio. Solo él le acompañará en el corto camino hasta su última morada.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

JUSTO OBITUARIO PARA UN HEROE.

Alejandro F. Aguilar (http://twitter.com/ alejo582003) dijo...

Dolorosa noticia. Lo conocí en Miami, en los días en que se preparaba para tomar la decisión de regresar a Cuba, desafiando todas las leyes y prohibiciones. Conversamos durante horas y pude comprender la intensidad de sus ideales, aunque confieso que a veces me parecían demasiado románticos e irreales. Muchos no comprendieron su decisión, pero al menos hay que respetar el hecho de que contra todos los pronósticos, defendió sus derechos con acciones y logró morir en la tierra por la que tanto lucho. Mis condolencias a su esposa e hijos, especialmente a Patricia, afanosa editora y apoyo de su padre.

Anónimo dijo...

Cuba, Cuba, Cuba.... más intrigas que en la corte de Versalles; más muertos que en los años de Adolf Hitler; más ahogados y destrozados que en el filme SHARK de Spielberg... más descaro que en la ONU; más incultura que en Haití; más bajezas que en la Nomenklatura rusa; más descardos que en un solar de bajos fondos; más robo militar que en el régimen de Muamuar El Gadhafy... más miedo que en la Italia de Benito Mussolini; más afrentas que en la república mediatizada; más hambre que en un gran campo de concentración... Menoyo también fue una víctima de lo "que ayudó a crear..."