10 ago. 2007

“Afuera” es un hijo no esperado

Por Limay González
Camilo Venegas emigró a República Dominicana en los días finales del siglo XX y desde entonces ha escrito tres libros, dos de poemas y uno de cuentos. En 2003 publicó Itinerario, donde reunió versos escritos durante diferentes viajes. Luego, en 2005, obtuvo el Premio Casa de Teatro con el cuento Irlanda está después del puente. Ahora, la editorial española Betania acaba de publicar su libro Afuera, cuyo título es una alusión directa a la manera en que los cubanos se refieren al exilio.


Entonces, ¿Afuera es la catarsis de un exiliado?Nunca me ha gustado decir que soy un exiliado, prefiero usar una palabra mucho más simbólica y honesta: emigrante. Aunque es cierto que no puedo volver a mi país, como miles y miles de cubanos a los que la dictadura se los impide, el libro habla de cosas mucho más simples y de experiencias mucho más individuales. Afuera es sólo un término geográfico, como lo es también “adentro”.


¿Eso quiere decir que no hablas en él de tu país?Más bien diría que hablo de mucho más cosas. Los cubanos nos hemos convertido en unos seres muy ególatras; en parte porque durante 50 años nos han metido en la cabeza que somos “el pueblo más culto”, “el pueblo más digno”, “el pueblo más heroico” y una infinidad de falsedades más. Vivir en República Dominicana me ha servido, entre muchas otras cosas, para entender que sólo somos una pieza en ese gran rompecabezas de la diversidad que es el Caribe.


¿Y el libro habla de eso, de lo que hallaste en República Dominicana?Yo conocí a República Dominicana antes de llegar a ella, por los diarios de José Martí y por los cuentos de Juan Bosch. Pero nunca nada es como te lo cuentan y descubrir este país, reconocerlo, aprendérmelo, ha sido una experiencia determinante en el individuo que soy ahora. Aquí he logrado zafarme de esa carga tan pesada que es la nostalgia y creo que ahí está la clave de Afuera.
Después del Premio de Cuento de Casa de Teatro, lo más lógico era que detrás viniera la publicación de tu primer libro de narrativa…
Entre 2003 y 2007, que son las fechas que delimitan a “Afuera”, escribí un libro de cuentos, “Caña quemada”, y comencé una novela breve, “Mudos de felicidad”. Por mucho tiempo no se me ocurrió ni un verso y siempre que hablaba de poesía lo hacía en pasado. Pero de pronto empecé a escribir poemas de una manera febril y se lo comenté a Felipe Lázaro en un email. Él de inmediato aprovechó la “productiva” coyuntura para invitarme a publicar en la Colección Betania y así nació “Afuera”, que es un hijo no esperado.
Hace poco escribiste que el poema ya no le hacía falta a la poesía y de inmediato publicas un poemario, ¿quién te entiende?Una cosa no tiene que ver con la otra. El poema ya perdió su rol, pero sigue siendo una estructura necesaria para unos cuantos anticuados y entre ellos estoy yo. Soy un individuo del siglo pasado y por más que trate de estar al día tengo mis rezagos, uno de ellos es insistir en escribir poesía.
Aunque aseguras que te has zafado de la nostalgia, sigues volviendo al Paradero de Camarones, tu pueblo, cada vez que puedes.
Un poeta dijo que la infancia es la verdadera patria y esa estación de ferrocarril donde viví junto a mis abuelos es mi lugar en el mundo. Aquel entorno fue determinante en mí y por eso, en lugar de cebarme en una melancolía inútil, trato de escribirlo cada vez que puedo. Como ya aquello es irrecuperable, regreso y lo revivo con palabras.
Después de vivir siete años en República Dominicana, ¿quién es Camilo Venegas?
Soy un individuo mucho más normal del que llegó. Antes compartía mis problemas con apenas once millones, en cambio ahora tengo los mismos que casi el resto de la humanidad. Aunque sigo viviendo en una isla, ya no estoy aislado. República Dominicana me enseñó a ser un hombre libre. Antes veía al Caribe como un muro de agua, ahora lo veo como una identidad de la que me fascina ser parte.
Y culturalmente hablando, ¿qué le debes a República Dominicana?
Demasiado, creo que no me alcanzarían las páginas de este diario para poner al detalle mi deuda con este país. Por eso a veces no me explico la actitud de algunos que denigran, subestiman o menosprecian la riqueza y la diversidad cultural de este pueblo. A los dominicanos lo único que les falta es algo que nos sobra a nosotros los cubanos: ego. Un país como este merece que su gente esté mucho más orgullosa de lo que tiene.
Durante años has ejercido el periodismo. ¿Quién alimenta a quién, el periodista al poeta o el poeta al periodista?
Ambos son omnívoros, comen de todo. Pero si tuviera que escoger a uno, me quedaría con el periodista. Los poetas y la poesía escrita en versos hablan en un idioma que ya la gente no necesita. En cambio el comunicador seguirá siendo imprescindible. Escribir un reportaje que todos lean con el primer café, encontrar una noticia que nadie más tiene, contar lo que los demás quieren saber, no tiene precio. Para todo lo demás, existe la literatura.

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