14 jun. 2007

La pelota vasca

En Cienfuegos, mi provincia, hay una vieja tradición de jugar pelota vasca. Un portentoso edificio, cuyo techo siempre se llevan los ciclones, lo atestigua. Esa puede ser la razón por la que empezó a interesarme la historia tan compleja de ese pueblo que, lamentablemente, los noticiarios simplifican a un rostro encapuchado: el de los terroristas de ETA.
Toda simplificación es insultante. Hace unos días, por ejemplo, el periodista vasco Koldo Campos Sagaseta invirtió 947 palabras en atacar a Raúl Rivero, uno de los más importantes poetas cubanos de la segunda mitad del siglo XX.
Koldo no sólo intentó regatearle a Rivero el derecho que tiene de opinar sobre su patria, sino que también lo recriminó por hacerlo en un medio español. Olvida el periodista vasco que por tratar de hacerlo en su país, el poeta cubano fue encarcelado.
Cada vez que leo las loas de Koldo a la dictadura de Fidel Castro, me pregunto por qué no vive en Cuba (el periódico de mi ciudad seguramente le abriría los brazos. Allí, además, como ya dije, hay hasta un frontón). No me explico qué le obliga a seguir trabajando para un capitalista y en un país que le provoca tantas críticas, burlas y sarcasmos.
Ahora, con esto no quiero decir que Koldo es un oportunista. Es probable que esa técnica la aprendiera de la pelota vasca, donde los dos contrincantes juegan del mismo lado y lanzan la esférica contra una misma pared.

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