17 may. 2018

Otra vuelta de tuerca de Pablo iglesias

Pablo Iglesias, el líder podemita, espera dos hijos y tiene tres perros (la misma cantidad que yo, ¡vaya casualidad!). Esa es la razón por la que él y su esposa, Irene Montero (una especie de títere que parece estar sentada en sus piernas, hablando mientras Pablo mantiene la boca cerrada), se han comprado una mansión.
Esa adquisición, hecha por un profesor universitario zabullido en la política, no fuera noticia en España si no se tratara de un tipo que lo mismo se disfraza de Hugo Chávez, que le acepta dineros al criminal régimen de Irán para poder hacer un programita de televisión. 
Como el individuo me resulta intratable, solo me atreví a ver una edición de su Otra vuelta de tuerka (Sí, Henry James con faltas de ortografía). Fue en la que sostuvo un diálogo con Silvio Rodríguez. Una hora y seis minutos de intragables lugares comunes y soporífera bobería. 
Lo admito, llegó un punto en el que no pude más. Dejo aquí el link por si algún lector se atreve. Solo quería llamar la atención sobre este preciso momento, en el que Iglesias y Montero, muy a pesar suyos, adquieren un chalet y por fin logran tener una de las tantas cosas que les envidiaban a la “casta”.
Mi amigo Miguel Grillo, un guajiro del central Mercedes que se ha refugiado junto a sus vacas en un potrero de la Florida, no lo pudo decir mejor:
Que una pareja, en su tercera década de vida, decida comprar una casa es algo aplaudible. Lo que hace este caso especialmente diferente es que se trata de dos izquierdistas radicales con un plan político que incluye la expropiación de bienes si logran llegar al poder. Enhorabuena Pablo, ves, así se logran las cosas en la vida, comprándolas con el dinero obtenido legalmente y con tu esfuerzo (espero que este sea tu caso) y no robándoselas a su legítimo dueño. 
Pablo Iglesias y su esposa esperan dos hijos y tiene tres perros. Para que los niños y los animales tengan lo que ellos creen que se merecen, se han hipotecado hasta 2048 y han adquirido una propiedad con casa para visitas y piscina. ¿Qué pensarán de ellos los matrimonios de su misma edad que desean lo mismo en Cuba y Venezuela? 
Es un sueño legítimo pasados los 30… si no te llamas Pablo Iglesias o Irene Montero.

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