28 mar. 2018

El último tren a Cumanayagua

Mi casa, la estación de ferrocarril del Paradero de Camarones, estaba dentro de un triángulo. Era del ramal Cumanayagua, una línea que fue trazada a principios del siglo XX para que los ingenios de Cruces llegaran con sus trenes de caña al pie de las montañas del Escambray.
Aunque la estación de Cumanayagua estaba en el kilómetro 27.2, el ramal se extendía 6 kilómetros más, hasta los chuchos de Mina Carlota, Carbó, Rosaura, Josefina 1 y Josefina 2. En Google Earth aún puede apreciarse un segundo puente sobre el río Arimao y el surco sobre la tierra hasta el kilómetro 33.3.
Durante décadas circularon por él dos trenes de viajeros que también ofrecían servicios en los ramales que llegaban hasta Santo Domingo y Mataguá. Uno iba con coche motor y el otro con locomotora; este último era mixto, es decir, de pasajeros y de carga.
El coche motor desapareció del Itinerario cuando fue cerrado el ramal Mataguá, a finales de los años 70. El mixto permaneció hasta principios de los 90. Lo llegué a conocer con una locomotora Pata de Palo (MAX 850 D). Cuando esas máquinas alemanas fueron descontinuadas, le asignaron una GM 900.
Lo recuerdo, sobre todo, con la 50908 y la 50914. No las olvido porque sus números terminaban en los años de nacimiento de mis abuelos y eso era algo que Aurelio y Atlántida comentaban a menudo. La entrada y la salida del mixto por ese ramal era, más que un medio de comunicación, un suceso sociocultural.
Durante años ese tren fue la única manera de llegar a irse de Cabrera, Malezas, Caraballoso, Ojo de Agua, Manguito, Breñas y el Guajiro, pequeñas comunidades que nunca fueron alcanzadas por carreteras y se quedaron dependiendo del ferrocarril.
En Trenes de Cuba, un grupo de Facebook donde dialogo a diario con ferroviarios cubanos que viven en el exilio, conocí a Juan Carlos Portales. Él fue el despachador que le autorizó la vía al último tren a Cumanayagua. Reproduzco aquí su testimonio:

Conmigo en la mesa 5 cerró para siempre el ramal Cumanayagua. Aquel día el tren navegó contra la corriente y mantuvo la hora. Tuvo cruces en Candelaria, Palmira y Cherepa con los trenes de Santa Clara, Aguada y no recuerdo si Santo Domingo.
De Cherepa salió con doble vía a Camarones y luego a Cumanayagua. Prácticamente pasó por el andén. Jamás recibí la llegada. Entregué el turno a las 12 y cuando regresé a las 6 de la tarde era una raya azul laaaaarga en el gráfico.
¡La 50902 se había enterrado hasta el pasillo en el crucero de Malezas! Alfredo Rdoriguez era el Maquinista. Se descarrilaron en el crucero de malezas. La locomotora se enterró de tal manera que no podían halarla. La grúa del Auxilio Mayor no podía entrar al Ramal. Trataron de halarla con una TGM 4 y luego con dos. No se movió. Hubo que entrar con una TEM 2.
Eso debió ser en 1996…

Unas semanas después del descarrilamiento, comenzaron a desmantelar la línea. En 1999, yo trabajaba en Casa de las Américas y viajé a Cienfuegos junto a Lenay Blasón para entrevistar al poeta y repentista Luis Gómez. Al final de la larga conversación le puse un pie forzado: “en el puente del Guajiro”.
Luis acabó con el vaso de ron que tenía delante, cerró los ojos y se llevó un puño cerrado hasta la frente:

Ya le arrancaron la vía
a nuestro pueblo adorado
que era el transporte atrasado
que en otro tiempo tenía.
Sufre la melancolía
que muchos ojos no ven.
Y mi pueblo en su vaivén
que tanto quiero y admiro,
en el puente del Guajiro
está esperando el tren.

Con esa décima acaba mi libro ¿Por qué decimos adiós cuando pasan los trenes? (Capital Book, 2012). Siempre he pensado que, gracias a esas líneas, el ramal Cumanayagua aún sigue vivo.

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