20 jun. 2018

Cuando nadie muere

Encuentro en El Bohío. De izquierda a derecha: Alfonso Quiñones,
Rafael Alcides, Miguel Coyula, Camilo Venegas, Marianela Boán
y Alejandro Aguilar.
La última vez que nos vimos fue en El Bohío, el apartamento donde Diana Sarlabous y yo vivimos en Santo Domingo. Nos lo trajo Alfonso Quiñones, quien había logrado que lo invitaran a un festival de cine donde se exhibió Nadie, el documental de Miguel Coyula que él protagoniza.
Cuando abrí la puerta me encontré a un hombre muy envejecido, pero parado con una firmeza escalofriante. Su vozarrón confirmó que era él. Me quedé paralizado, tratando de reconocer en aquel cuerpo frágil al tipo corpulento que había dejado en La Habana 20 años atrás.
—¿No me vas a dar un abrazo y un beso? — Como muchos campesinos cubanos, era besucón, cariñoso y de una ternura que jamás pudo esconder, ni siquiera en sus versos más agrios. Todo el tiempo que estuvimos abrazados se mantuvo dándome enormes manotazos en la espalda.
Lo conocí a principios de los años 80, el día que hallé La pata de palo (1967) en la librería San Carlos de Cienfuegos. Aquel manojo de poemas cambió mi manera de buscar y de encontrar la belleza en las palabras. Recuerdo que lloró cuando le dije eso (también era llorón, como todo guajiro que se respete).
Hizo lo que muy pocos tienen el valor de hacer. Renunció a todo para poder recuperar su libertad, desde el Premio Nacional de Literatura hasta la jabita con arroz, aceite y jabón que el régimen dispensa a los ilustres. Nunca más consiguió publicar una palabra en su país.
Aunque muchas de sus obras se perdieron sin que pudieran llegar a la imprenta, deja algunos de los más importantes libros de la poesía cubana. Su estoicismo frente a la opresión totalitaria, es un ejemplo de dignidad para los escritores y artistas cubanos.
Ya estaba dentro del ascensor, pero salió y abrió los brazos. “Un último abrazo, poeta”, me dijo. Además, me dio otro beso y otra larga tanda de manotazos en la espalda. De todos los que estábamos presentes aquella noche, era el más optimista y el que más hablaba del futuro.
La dictadura de Cuba ignoró tanto a Rafael Alcides, que lo convirtió en nadie. Y cuando nadie muere, morimos todos.

19 jun. 2018

Una foto que acabo de encontrar en un muro

No recuerdo la fecha exacta de este día, pero puedo asegurarles que es uno de los más inolvidables de mi vida. Esa noche, de hace unos 10 años, conversé largamente con el comandante Huber Matos. 
Delante de todos le pedí disculpas a nombre de mi generación, porque crecimos tratándolo como un traidor. "Es la primera vez que abrazo a un héroe", le dije. Él se emocionó tanto como yo. 
Cuando vi que se estaba secando los ojos, no pude evitar un chiste: "Me acabo de enterar que los héroes también saben llorar", le dije. Soltó una carcajada y me dio una palmada en la espalda. 
Ya era un hombre frágil, pero su manotazo sonó duro, como el que le dio al tablero de la revolución cuando advirtió que Fidel acabaría dejando a Cuba sin libertades.

18 jun. 2018

Diana Sarlabous cumple 53 años

Diana Sarlabous en la cocina de Máximo y Manana, en Montecristi.
Contigo en la noche antigua de Santo Domingo,
besándonos por primera vez 
entre viejos rones y árboles dormidos.
Contigo en La Habana mortecina y silente,
en el andén de una estación 
de la que ya no podrá salir nadie.
Contigo por el mapa de mi provincia,
tratando de señalarte 
todo lo que se ha borrado,
cada palabra de ese paisaje 
lleno de familias ausentes 
y pueblos extintos.
Contigo en el lugar 
en que te separaste de tu infancia,
allí,
donde el olor a creosota 
de la línea del tren
es el único recuerdo que te queda.

Contigo de regreso del mar,
mientras cruzamos un puente 
que llegó a parecernos interminable.
Contigo en el amanecer del Cibao,
tendiendo nuestros dolores
al sol 
que va de mayo a junio.
Contigo atando razones en una manta,
esperando a que se escuche,
entre los árboles, la música de Dios.

No me imagino nada si no es contigo.
Cada cosa que haces, 
con tus manos pequeñas y torpes,
es todo lo que sé del amor. 
Contigo, Diana Sarlabous,
es que por fin 
pude llamarme como me llamo.

¡Felicidades, Camilo Venegas!

Hoy es el cumpleaños de Diana Sarlabous Sosa, mi lugar en el mundo. Desde que la encontré soy un Camilo Venegas muy diferente del que era, por eso puedo asegurar que soy completamente suyo desde mi primer día. 
Ella es el amor de mi vida, mi casa, mi pueblo, mi municipio, mi provincia, mi país, mi continente, mi planeta... No recuerdo mi vida sin ella, como tampoco puedo dar un paso sin la luz de sus ojos azules ni vivir sin sus regaños, su olor y sus besos. 
Detesto los ramos de flores, no sé hacer regalos bonitos, me pongo torpe cuando tengo que decir las cosas más importantes. Aun así, tengo que admitirlo: Felicidades, Camilo Venegas, por ser tú el que le celebra los cumpleaños a Diana Sarlabous! 

14 jun. 2018

Lilo Vilaplana: “Sigo siendo censurado en Cuba”

Hace unas semanas Miguel Grillo me invitó a su casa en Miramar (en la Florida, territorio libre de Cuba). Cuando fui a abrir Uber, me di cuenta de que el iPhone acababa de actualizar el sistema operativo y muchas aplicaciones se habían desconfigurado. Llamé a Lilo Vilaplana para preguntarle qué podía hacer.
Él iba en dirección opuesta, pero aun así no lo pensó dos veces: “Ve preparándote, guajiro, que ya me devolví —me dijo—. Según Waze, en 20 minutos estoy en la puerta de la casa de tu tío”. Ese es Lilo, alguien que piensa con el corazón y con las tripas, por eso es capaz de ser tan sensible y como visceral.
Hoy es un reconocido director que ha realizado series en Colombia, México y Estados Unidos. En Cuba, antes de marcharse al exilio, alcanzó a trabajar con los grandes maestros de la televisión y recibió de ellos las más valiosas lecciones. Agradecido, siempre los llama por sus nombres y reconoce todo lo que les debe.
Es un artista valiente y honesto, eso le ha permitido asumir proyectos que otros eludirían por autocensura o miedo. Es sabido que muchos artistas y escritores cubanos jamás logran zafarse de sus calculados matices y sus penosos temores. 
Cuando vi uno de los capítulos de Leyendas del exilio, quise escribir sobre ese acto de justicia que es reconocer a los que nunca creyeron en Fidel Castro y se enfrentaron a su régimen desde el principio. Al final preferí hacer esta entrevista. Debía empezar por Lilo, quien ya es una leyenda de nuestra televisión.

¿Cómo fue tu formación como director en la Televisión Cubana, quiénes fueron tus maestros y cuáles fueron las lecciones más importantes que te dieron?
Empecé en el teatro en el año 1983, en Nuevitas, Camagüey. Al igual que tú, soy de esos guajiritos que nadie sabe por qué nos dio por el arte. Mi padre quería que fuera veterinario, pero yo me puse a escribir cuentos y obras de teatro. 
Luego me vinculé como actor y director al grupo de teatro del pueblo. En 1988, me fui a La Habana en busca de otras oportunidades artísticas. Para lograr mis sueños tuve que hacer grandes sacrificios, llegué a dormir en la calle. Pero todo valió la pena.
Me inicio en la televisión cubana trabajando como asistente de dirección de una serie juvenil que dirigían Roberto Villar y Raulito Guerra. Luego fui director asistente de Eduardo Macía.
Ellos me dieron consejos a los que le sigo haciendo caso hoy. Me enseñaron sobre la ética, el respeto, la puntualidad, la necesidad de estudiar siempre y de ser recursivo. Había que cumplir el plan de rodaje y la palabra “suspender” un llamado estaba prohibida. Había que buscar soluciones.
Con ellos aprendí que dirigir es contar una historia interesante, con buenas actuaciones, atmosferas y un arte adecuado y que la técnica siempre esté en función de la historia. Que hay que hacer una buena preproducción y rodearse de un buen equipo técnico y de producción. 
Rodar pensando en la edición, para no tener sorpresas desagradables en post producción… En 1991 empecé como director de un programa en vivo, donde me mantuve durante seis años. Luego, en 1997, marché a Colombia.

La Televisión Cubana sufrió, tradicionalmente, un gran control y una férrea censura del régimen. ¿Te censuraron alguna vez, cómo era tu relación con los funcionarios y los censores?
En Cuba fui censurado en muchas ocasiones. Varias veces me llevaron al cuartico que tenía la Seguridad del Estado en el ICRT. En una ocasión, la más ridícula de todas, porque un personaje del programa infantil que dirigía exclamó: “¡Qué rico, papas fritas!”.  Me dijeron que esa frase creaba ansiedad en la población. 
En otra oportunidad fue porque un personaje romano gritaba: “Por donde pasa el Huno no crece ni la hierba… ¡El Huno es un asesino!”. Hablábamos de Atila, rey de los Hunos, pero ellos interpretaban que nos referíamos al UNO de Cuba. Alegaban que la h se lee, pero no se escucha. 
Otra vez me mandaron para el infame cuartico para interrogarme por unos carteles contra la dictadura que habían aparecido en uno de los baños. Luego, escribí con Amadito del Pino la serie El bandolero (que nunca se llegó a producir) y me pidieron que le cambiara el nombre. 
Según ellos, los cubanos eran muy ingeniosos y podían empezar a llamar a Castro con ese nombre. “No podemos permitir que el pueblo haga un chiste con eso”, alegaron. El bandolero una suerte de Robín Hood o Zorro a la cubana. Un campesino que, como Polo Vélez, Arroyito o Manuel García, combatían a su manera la injusticia.  
Nos la pagaron, pero nunca la realizaron. Sus amarillentos papeles deben estar todavía en algún archivo de 23 y M. Me negué a cambiarle el título y el castigo fue engavetarla. 
Sigo siendo censurado en Cuba. En Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana se negó a proyectar mis cortometrajes La muerte del gato La casa vacía. Son obras que han sido premiadas en Europa y han participado en importantes festivales. 
Curiosamente, también fueron censurados en el Festival de Cine de Miami. Para nadie es un secreto que la mayoría de los festivales en el mundo están en manos de una izquierda servil y cómplice de la dictadura castrista.

Muchos profesionales cubanos que toman el camino del exilio nunca más pueden ejercer su profesión. Tú, en cambio, lograste un gran éxito en la televisión colombiana haciendo lo mismo que hacías en la Televisión Cubana: dirigir. ¿De qué te sirvió lo que aprendiste en tu país, qué tuviste que aprender de inmediato? ¿En qué si diferencia el Lilo de Colombia al de Cuba?
Aprendí a ser recursivo por las increíbles precariedades con las que trabajábamos en Cuba. Eso, debo admitirlo, me ha sido muy útil para mi trabajo. En Colombia aprendí cómo llegar a otro público y a realizar una televisión atractiva y competitiva.  
Es difícil imponerse en un mercado como la televisión y más aun siendo extranjero.  Pero Colombia me abrió los brazos y mis obras fueron televisadas en el resto del mundo. Aunque actualmente resido en Miami, trabajo en varios sitios, lo mismo en Estados Unidos, que México o Colombia. 
Donde me ofrezcan un proyecto que me interese y lleguemos a un acuerdo beneficioso para ambas partes, ahí voy. En Colombia realicé varios proyectos que merecieron importantes premios. 
Fui el director de las tres temporadas de la serie El capo, también dirigí La mariposa y Arrepentidos. Fui parte del equipo de dirección de series como Lynch, Mentes en shock, Sin retorno Tiempo final 3, entre otras.
Dirigí también telenovelas como La dama de Troya, La traicionera, Un sueño llamado salsa, El pasado no perdona… y unitarios como Siguiendo el rastro, Expedientes Unidad Investigativa. En Estados Unidos, Telemundo me contrató para dirigir la serie Dueños del Paraíso.

Con La muerte del gato inicias una nueva etapa de tu carrera. Después de tener un gran éxito como director de telenovelas y series, decides realizar un corto sobre el drama cubano y, con tus propios recursos, construyes un escenario habanero en el corazón de Bogotá. ¿Qué te hizo volver a uno de los peores momentos de tu vida, la gran depresión cubana (llamada Periodo Especial por la dictadura) de los años 90?
Acababa de publicar un libro con nueve cuentos sobre Cuba, Un cubano cuenta,y mi esposa me había regalado una cámara. Tenía un dinero ahorrado y muchas ganas de filmar mis cuentos. También necesitaba contar a Cuba desde un punto de vista diferente al de la dictadura.
El único documento fílmico que yo conozco sobre el periodo especial es La muerte del gato. Es el primer cuento de mi libro, inspirado en historias reales de una etapa de mi vida en un solar de La Habana Vieja. 
El reto era que el público se involucrara con los personajes, que fuera creíble y que se conociera, a través de la ficción, esa devastadora crisis que ha padecido el pueblo cubano por culpa de un sistema inviable y opresor.
Me rodee de un gran equipo y logramos una obra que, por el aporte de todos, creo importante.

Hace unas semanas, cuando nos encontramos en Miami, me dijiste que para poder hacer la serie “Leyendas del Exilio” tuviste que rechazar proyecto mucho mejor remunerados. ¿Por qué elegiste contar la historia de esos ancianos? ¿Qué significa para ti, como realizador, hablar de una Cuba que ha estado silenciada por más de medio siglo?
Qué buen encuentro el que tuvimos en casa de otro gran guajiro, Miguel Grillo Morales, a la sombra de unos buenos whisky y tu inseparable Brugal. Grillo, por cierto, ha sido un importante colaborador. Gracias a sus aportes pudimos realizar el cortometraje Los ponedores, con Gilbertico Reyes y Alberto Pujol.
En uno de esos cubanísimos encuentros empezó todo. Estaba dirigiendo la serie Perseguidos,en México, y fui a Miami de visita. En una reunión en casa de Diego Suarez, donde el objetivo era conocer a José Daniel Ferrer García, el líder de la UNPACU, y hablar de la situación de Cuba. 
Pero como las grandes obras necesitan de grandes aliados, en esa reunión estaba el abogado Marcell Felipe. Él sabía de mi obra y acordamos que a mi regreso definitivo a Miami debíamos desarrollar algún proyecto con el canal.  Me presentó a Carlos Vasallo, dueño de America TeVe. 
Carlos me dijo que a él le gustaría rescatar las historias de lucha de los héroes del exilio histórico, me apasionó la idea. Armé el proyecto, se lo entregué y ahí empezó todo. Ya tenemos dos temporadas terminadas (26 capítulos) y en unos días vamos a arrancar a rodar la tercera. 
Durante este año me han llamado de varias productoras, pero este compromiso que adquirí no lo voy a dejar a medias. Leyendas del exilio no es una serie más, es un pedazo olvidado y tergiversado (por el castrismo) de la historia de Cuba. 
Con este proyecto se atan muchos cabos sueltos y demasiadas lagunas de la historia reciente de nuestro país y, lo más importante, los testimonios son contados por sus protagonistas.
Sin la intervención de la maquinaria controladora de la dictadura, que se ha encargado de manipularlo todo, los invitados de cada episodio revelan hechos que pocos conocen. Los comentarios del periodista Juan Manuel Cao van colocando en contexto histórico uno a uno los hechos. 
Con Leyendas del exilio queremos contribuir a salvar la memoria de la patria y a honrar a muchos hombres y mujeres que los arriesgaron todo para ver una Cuba libre, héroes que el tiempo ha puesto en el lado correcto de la historia.

11 jun. 2018

Jack, mi homenaje a London

En las últimas semanas he compartido varias fotos de Jack London, nuestro cachorro de labrador. Mi pariente Roberto González (algo tenemos que ser; está casado con Maite, la hermanita de Wichy García Fuentes, quien es sangre de mi sangre), me hizo una pregunta. 
¿Colmillo Blanco o el Llamado de la selva, a cuál de las dos historias estás honrando con el nombre del gran escritor? —Me puso en un comentario–. Disculpa, es solo una curiosidad.
A todo London, le respondí. Jack fue uno de mis escritores preferidos en la niñez, junto a Verne (por La isla misteriosa Veinte mil leguas de viaje submarino), Salgari (por Sandokán y el Corsario Negro) y Quiroga (por un libro que cambió mi manera de mirar al monte: Cartas desde la selva).
En esa época no leí a ningún otro escritor como a ellos. Recuerdo que el día que acabé El llamado de la selva(la edición cubana tenía el título mal traducido, lo correcto es El llamado de lo salvaje), lo volví a empezar. Permanecí varias semanas junto a Buck, en el helado norte.
Cuando por fin pasaron Colmillo Blanco en el Paradero de Camaronesllegué a mi casa con las uñas deshechas, me las fui comiendo una a una. Aunque el cine Justo no tenía aire acondicionado y el ventilador de Chena no daba abasto, llegué a sentir el frío de Alaska. 
Era el momento más asfixiante de la Cuba de los 70 y aquella película fue un aire frío, sirvió hasta para bautizar a unos autobuses. Las Hino que cubrían las rutas interprovinciales tenían un aire acondicionado tan potente, que alguien les puso Colmillo Blanco.
Jack, nuestro cachorro de labrador, es mi homenaje a London. Dentro de 15 días se quedará a vivir a la Loma de Thoreau. Espero que disfrute esa montaña tanto como Buck disfrutaba el enorme patio del juez Miller, en el soleado Valle de Santa Clara.
Nació el 14 de febrero. Todavía es muy pequeño. Es por eso que a veces, cuando anda conmigo por el monte y ya no puede más, me pide que lo cargue. Le he repetido tanto su nombre, que ya responde por él. Digo Jack London y, sin miedo ni indecisión, se hunde en las hierbas de la cañada.
Parece que entrara en lo salvaje. 

6 jun. 2018

La primera mentira

Las dictaduras tienen que inventarse muchas mentiras para poder contar su verdad. La de Cuba no es la excepción. El relato oficial describe que, en medio de una heroica batalla, Ernesto Guevara descarriló y venció a un tren blindado lleno de soldados.
En verdad el tren, donde solo viajaban ingenieros (enviados a reconstruir los puentes destruidos por los rebeldes) y armas, llevaba días en el patio de la estación de Santa Clara. Juan Carlos Portales, hijo y sobrino de ferroviarios, recuerda los testimonios de testigos presenciales.
—Mi tío Heriberto Portales y mi papá vieron al tren en Rubilene, un acceso comercial que estaba donde se encuentra la Planta de Gas —detalla Juan Carlos—. Hoy por ahí pasa el trazado de la Línea Central, es justo al final de la pendiente del Capiro. El 29 de diciembre de 1958, lo retrocedieron para escenificar el descarrilamiento.
La primera oferta del tren blindado se la hicieron a Eloy Gutiérrez Menoyo, líder del Segundo Frente del Escambray. Un enviado del teniente coronel Florentino Rosell subió hasta la zona de Veguitas, en Manicaragua, para reunirse con el guerrillero.
Esa noche Menoyo perdió el sueño, solo pensaba en la estrategia a seguir cuando se apoderara de las armas. En su desvelo nunca apareció Antonio Núñez Jiménez, quien estaba en el campamento y fue donde Guevara con la noticia. Finalmente, el argentino se le adelantó al español y pagó los 350 mil pesos que exigían por el convoy.
El 28 de noviembre de 1971, en Chile, Fidel Castro reconstruyó los hechos en un discurso: “Avanzó sobre la ciudad de Santa Clara con 300 combatientes, se enfrentó a un tren blindado (…), descarrilaron el tren, coparon el tren, lo rindieron y le ocuparon todas las armas”.
Así fue cómo una traición se convirtió en una proeza y una puesta en escena en una batalla. Durante los años 60, la zona de Veguitas fue el escenario de otra gran mentira. Entonces, una guerra civil fue suplantada por el eufemismo de “lucha contra bandidos”.
—En mi casa hay una foto tomada por un aficionado que no ha sido publicada —me cuenta Juan Carlos Portales—. Mi tío y mi papá la conservaron. Se aprecia claramente el número del coche motor que debía servir de exploradora: el 809. Cuando vaya a Cuba la voy a compartir contigo.
Algunos vagones del tren blindado permanecen no lejos de Rubilene. Fueron convertidos en las salas de un museo. Todavía escenifican el descarrilamiento. Decenas de turistas se fotografían a diario entre esos hierros. Allí, en el lugar donde se convirtió en verdad la primera mentira.

2 jun. 2018

Mi enfermedad

“Soy el remedio sin receta y tu amor mi enfermedad”.
Andrés Calamaro

He descubierto que estoy gravemente enfermo. Diana Sarlabous también lo está. Aunque ya éramos portadores del virus cuando nos conocimos, lo desarrollamos juntos. La noche que llegamos juntos a lo alto de esta montaña oscura y nos reconocimos a la luz de un Jeep, supimos que no tendríamos cura.
A casi mil metros sobre el nivel del mar, entre pinos, pendas y guamas, admitimos que seríamos incapaces de recuperarnos. Por los días en que conocí a Diana, ella leía de manera compulsiva a Erich Fromm, el psicoterapeuta y filósofo judío alemán.
Fue justamente Fromm quien le puso nombre a nuestra patología. Luego, el entomólogo y biólogo norteamericano Edward Osborne Wilson, la describió con lujo de detalles. Poco a poco, fuimos detectando cada síntoma. Empezamos por sentarnos a escuchar la música que toca el viento en las ramas más altas.
Luego nos dio por vagar en cualquier dirección, bajo los pinos, bordeando las cañadas, descubriendo los senderos que hacen las reses cuando cruzan de una loma a la otra, esperando a que desaparezca la última luz del día frente al cañón que trazó el Yaque del Norte. 
Se ha demostrado que un día en el bosque reduce considerablemente el cortisol y adrenalina, las hormonas del estrés. Eso explica por qué podemos sentarnos a mirar la cima del Mogote durante horas. Tenemos dos panales y el año que viene cosecharemos 800 matas de café.
Aunque a veces todo lo que hacemos es no hacer nada, disfruto mucho salir con mi alicante de cercados a revisar los alambres y poner las grampas que faltan. Mi enfermedad, según he leído, se llama biofilia. Estoy feliz de que no tenga cura y de que Diana esté tan contagiada como yo.
Gravemente enfermos, bajo el bosque, en lo alto de la montaña que en cuestión de minutos estará totalmente oscura.

Manteca

Gaby, uno de nuestros hijos, y su novia Ana vinieron a pasarse el fin de semana con nosotros en la Loma. Los dos estudian en la Escuela de Diseño de Altos de Chavón, allí se conocieron. Cuando estamos con ellos tratamos de compartirlo todo: la música, las películas, las caminatas por el bosque, las comidas… 
Ayer, cuando empezamos a preparar el almuerzo, miraron extrañados el jarro donde guardo la manteca de cerdo. “¿Qué es eso?”, preguntó Gaby. “¡Parece leche condesada!”, exclamó Ana. Les expliqué que la sacábamos del bacon y que para nosotros era algo muy valioso. La reservábamos, sobre todo, para algunos sofritos y el congrí. 
En mi mesa de noche tengo un libro donde Henry David Thoreau lamenta que se estuvieran perdiendo tantos saberes y culpa al progreso por ello. Eso ocurrió a mediados del siglo XIX, cuando aún no existían los automóviles, la radio, los aviones, la televisión... Internet era impensable hasta para Julio Verne.
Mi abuela Atlántida, como Inés, la bisabuela de Gaby, guardaba la manteca de cerdo en latas de aceite carbón. De niño, me encantaba pescar chicharrones con una espumadera para que me los calentaran. La lata de manteca era, junto a la sal y el comino, el punto de partida de toda reunión familiar.
Hoy en la mañana hicimos huevos revueltos con tomate, cebolla y manteca. Les encantó, se lo comieron todo. Diana y yo estamos felices por eso. De alguna manera, llevamos a Gaby y a Ana hasta las cocinas de Atlántida e Inés. Al menos hoy, sábado 2 de junio de 2018, en la Loma que lleva su nombre, Thoreau no tiene nada que lamentar.

31 may. 2018

Manifiesto

Cuba es una nación que se descompone. Todo lo que la convirtió en una referencia universal, se ha extinguido o está a punto de desaparecer. Casi 60 años después de una revolución que prometía darle a los cubanos todo lo que se merecían, lo único que se ha conseguido es perder todo lo que se tenía.
La isla es una larga ruina, un deprimente museo de ciudades muertas que se mantienen en pie por un fenómeno inexplicable que acabaron llamando “estática milagrosa”. Tras la peor zafra desde el fin de la Guerra de independencia, la otrora azucarera del mundo tendrá que importar azúcar.
Las fuerzas productivas no producen, los medios de transporte no transportan. El séptimo país en el mundo en tener ferrocarril y el mejor comunicado de América Latina en 1959, ha vuelto a la tracción animal. En La Habana, una de las ciudades más deslumbrantes que tuvo el mundo, algunos duermen en la calle por miedo a que sus casas les caigan encima.
Por la inoperancia y la corrupción del régimen, acaba de producirse una de las dos peores tragedias aéreas del país. Tras el paso de una tormenta, el occidente permanece bajo agua y hay miles de desplazados. Mientras todo eso ocurre, el títere que representa al dictador ventrílocuo se ha ido de viaje.
En Caracas, Díaz-Canel y su emperifollada primera dama celebran la consumación del régimen de Nicolás Maduro. Repito las palabras que me dijo Diana Sarlabous al levantarnos: “La dictadura de mí país no le da un respiro a mi indignación”. 
A mis compatriotas que viven dentro de Cuba no les puedo exigir nada, conozco bien ese miedo. Lo tuve por años, incluso después de haberme ido. A los que viven fuera y prefieren guardar silencio (para poder seguir volviendo o salvar alguna propiedad), se los dejo a su conciencia.
Pero al cubano que diga o escriba una palabra a favor de ese oprobio, tendremos que dejar de ser amigos. Los amigos son para admirarlos, para sentir orgullo de ellos, para mirarse en su espejo y querer imitarlos; no para estarles perdonando inconsecuencias y penosas conveniencias.
Todo aquel que esté en desacuerdo con lo que digo, también tiene la libertad de dejar de ser mi amigo. “Jamás hallé compañera más sociable que la soledad”, dijo una vez Henry David Thoreau. Yo ni siquiera estoy solo, duermo con la mujer que amo y tengo tres perros que me siguen a todas partes.
En 1892, cuando José Martí llegó por primera vez a la casa de Máximo Gómez en Montecristi, el Generalísimo “cubrió la mesa” con plátanos, lomo, café y “un fondo de ron bueno”. A los amigos que me queden después de este manifiesto, nunca les faltará eso en la Loma de Thoreau. 

28 may. 2018

Mujeres

27 de mayo

Hoy, en el Día de las Madres dominicano, quiero darle las gracias a la jefa de mi manada por su extraordinaria capacidad para querer y cuidar a los suyos. Nunca había admirado tanto a alguien, nunca supe conjugar tan bien el verbo amar hasta que conocí a Diana Sarlabous. 
No creo en las fechas impuestas por la tradición y el comercio, ni siquiera en esta; pero siento un infinito orgullo por tener a mi lado a una gran madre. Al besarla a ella, las felicito a todas.

28 de mayo

Hoy mi Ana Rosario cumple 25 años. Me puse a recordar quién era yo a su edad y puedo asegurarles que es mucho mejor que su padre. Ha tenido la enorme fortuna de crecer en sociedades libres y ha decidido vivir la vida que ha imaginado. 
Cada día siento orgullo de ella. De todas las cosas que le he enseñado, solo quisiera que no olvide nunca el camino de regreso al monte. Allí, además de hallar las mejores explicaciones sobre nosotros mismos, se reencontrará siempre con su papá.

24 may. 2018

El avión de la puerta A6

Ayer Diana Sarlabous y yo volvimos al aeropuerto de Las Américas. Cuando llegamos al portal del VIP Lounge, la pasarela de acceso de la puerta A6 nos quedó justo enfrente. Allí vimos semanas atrás a una aeronave azul y blanca cuyo deplorable estado llamaba la atención de todos.
Primero supimos que aquel Boeing 737-200 cubría un vuelo regular de Cubana de Aviación. El día del accidente en Rancho Boyeros, nos enteramos que era propiedad de Global Air, una cuestionada compañía mexicana. Ayer comprobamos que se trataba justamente del XA-UHZ.  
—El avión que se cayó en Cuba vino muchísimas veces a Santo Domingo —nos aseguró un empleado del aeropuerto—. A ninguno de nosotros nos tomó por sorpresa lo que ocurrió. Ese aparato ya no daba más... era una cuestión de tiempo.
Los Boeing 737-200 son aeronaves obsoletas que necesitan mucho mantenimiento, consumen demasiado combustible y generan una gran contaminación. Es por eso que la mayoría de los que aún operan han sido relegados al transporte de carga o a misiones militares. Cubana de Aviación no tomó en cuenta nada de eso a la hora de rentarlo. 
El transporte de personas en vehículos de carga es una práctica común en Cuba. La inmensa mayoría de los coches que llevan los trenes de pasajeros, son casillas de mercancías con asientos y (a veces) ventanillas. Los célebres camellos eran remolques adaptados. 
En los cada vez más frecuentes accidentes que ocurren en las carreteras de la Isla, casi siempre hay involucrados camiones de carga llenos de personas. La seguridad en el transporte no es una prioridad para la dictadura, tan ocupada como está en controlar y reprimir.
Es por eso que me apena y me entristece que algunos compatriotas confundieran las críticas a la inoperancia del régimen con odio político. En los países libres, cuando ocurre una tragedia así, una de las primeras reacciones de los ciudadanos es exigir responsabilidades. 
Llama poderosamente la atención que, a pesar de que el avión cayó a solo metros del aeropuerto, en una zona descubierta y de fácil acceso, aún no aparezca la caja negra que contiene los datos técnicos y —sobre todo— las respuestas a todas las interrogantes sobre la tragedia. 
No es odio, es obvio. Lo verdaderamente odioso es que el bienestar, la esperanza y la vida de los cubanos valga cada vez menos para una dictadura que, 59 años después de instaurada, solo prodiga miseria y oprobio.  

Mis perros han vuelto

Quino I, el incansable vigía de la estación
de ferrocarril del Paradero de Camarones.
He tenido muchos perros,
algunos con nombres
repetidos.
Les he criado
a cielo abierto
o en los espacios
más asfixiantes.
Han seguido 
detrás de mí incluso
cuando yo 
ya no tenía a dónde ir.
Aunque mis perros han sido 
mucho más fieles 
y valientes que yo, 
nunca me lo sacaron en cara.
Lamieron mis heridas
y esperaron a mi lado
a que sanara.
Jamás me abandonaron,
ni siquiera
en los dos o tres momentos
en que me he dado por vencido.

Laika, Shadow, Quino, Tristán,
Van Gogh, Quino otra vez,
House, Laika de nuevo,
Dino Buzzati y Jack London:
no pierdan el rastro
que dejamos en la tarde,
no suelten a la noche
una vez
que la hagan su presa.
No nos separemos hoy,
miren que estoy solo
y la neblina ha vuelto.
He tenido muchos perros
y esta noche de lluvia
los ha traído de regreso a todos.
Están echados 
delante del silencio.
Esperan mi señal.
Aunque nunca 
me lo sacarán en cara,
ellos saben que tengo miedo.

23 may. 2018

Luis Posada Carriles

Luis Posada Carriles fue uno de los más tenaces y temerarios luchadores contra la dictadura de Fidel Castro. Para muchos no era más que una bestia. Esa mala reputación se la ganó por estar acusado de atentados terroristas y por la incansable gestión de la maquinaria de propaganda del régimen.
Nada de eso logró que se diera por vencido. Ni siquiera lo hizo en septiembre de 1989, cuando sobrevivió a un atentado en Guatemala. El plan consistía en secuestrarlo y, una vez que llegaran con él a la frontera de México, conducirlo en un avión desde Tapachula hasta La Habana.
Un agente cubano le pagó 40 mil dólares a un grupo de militares guatemaltecos para que llevaran a cabo la misión. Tres meses después, Fidel Castro se desesperó y desistió de la complicada idea del secuestro. Dijo que se conformaba con su eliminación física. 
Tampoco lo lograron. Posada Carriles se batió a tiros con sus atacantes y, ya gravemente herido, logró vencerlos. Las cicatrices que dejaron los disparos en su rostro (una bala atravesó su mandíbula), contribuyeron a subrayar la caricatura que la dictadura promovía. 
Ninguna causa justifica ataques a civiles ni la muerte de inocentes. Eso es aborrecible. Como también lo es ignorar que hoy ha muerto un hombre que, en su lucha por la libertad de Cuba, nunca le quitó el pecho a las balas. Toca ahora a los cubanos poner su nombre en su justo lugar.

22 may. 2018

Postcard

Así éramos, en esa luz nacimos.
Nuestras noches
se hacían responsables
de alumbrar 
todos esos portales.
En esos bancos
se sentaban 
los bohemios,
vestidos de dril cien,
a ponerle música
a nuestra respiración.

Aunque luzca irreconocible
o claramente ajena,
esa es la ciudad
que teníamos
antes 
de que todo 
lo que creemos ser
se acabara
o, peor aún,
se convirtiera
en una vieja postal,
en la prueba
que enseñamos
para que nos crean
cuando decimos
que así éramos,
que de esa luz salimos.

Como en las novelas de Faulkner, Capote y McCullers

De nuestro más reciente viaje a la Florida, traje tres pequeñas posturas de pino ellioti. Sus posibilidades de supervivencia eran mínimas. Se pasaron más de un día sin tierra ni aire, encerradas herméticamente en un Ziploc. 
Le regalé una postura a Mario García Haya y otra a Mario Dávalos, mis hermanos en República Dominicana. No he vuelto a saber de ellas. Pero a la que sembré en la Loma de Thoreau le ha encantado el clima de la Cordillera. 
Ya puedo decir que en nuestro jardín, como en los paisajes que se describen en las novelas de Faulkner, Capote y McCullers, hay un pino ellioti.

21 may. 2018

Cuba tiene las alas rotas

Hace unas semanas Diana Sarlabous y yo volamos a Miami desde el aeropuerto de Santo Domingo. Justo al lado de nuestro avión, había una aeronave destartalada que llamaba la atención de todos. El aparato era antiquísimo y se apreciaba a simple vista que estaba en pésimo estado.
—¡Qué Dios acompañe a los que tengan que viajar ahí! —exclamó una señora persignándose.
—¿Y de dónde es esa vaina?—, preguntó alguien.
—Creo que es de Cubana—, respondió otro.
Diana y yo nos miramos y bajamos la cabeza, preferimos no hacer ningún comentario. En nuestro vuelo tuvimos que sortear una tormenta. Aterrizamos en Miami después de tres intentos. Ya en tierra, el capitán pidió excusas. “Solo intentaba hacerlo de la manera más segura”, dijo.
Cuando supimos que un vuelo de Cubana se había desplomado unos segundos después de despegar en el aeropuerto de Rancho Boyeros, Diana y yo recordamos al avión que vimos en Las Américas. Con las primeras imágenes comprobamos que tenía la misma pintura. Es muy probable que fuera el mismo aparato.
El sábado leí esta reacción de Luis Alberto García en su muro de Facebook: 
No esperan los resultados de las cajas negras del avión, no escuchan que la nave no era cubana, que la tripulación era mexicana. Que era un aparato rentado. No quieren oír. No les sale de su culo oír. 
“El desgobierno cubano es el culpable del accidente”, dicen.
¿Si se cae un avión americano, es culpa del desgobierno americano?
¿Si cae uno de Francia, es la cúpula tiránica gala la culpable?
¡Vayan al médico!
Otro querido amigo, pedía que no mezclaran la política con el dolor. Ni una cosa ni la otra. Creo que, en el momento en que se supo de la tragedia, el peor de los cubanos debió sentir exactamente la misma angustia que el mejor de todos nosotros (y dejo a cada quien la libertad para elegirlos).
Si Luisito accediera a los medios libres de Cuba, hubiera estado al tanto de la serie de reportajes que se han publicado en las últimas semanas sobre el caos en Cubana. Todos llaman la atención sobre el depauperado estado de los aviones que prestan servicios y la enorme corrupción que desangra a la compañía. 
Llegados a este punto, es importante recordarle algo a mi amigo actor: El “desgobierno americano” y la “cúpula tiránica gala” no operan aviones civiles, solo se aseguran de que las empresas privadas que lo hagan cumplan con las más estrictas medidas de seguridad. Cubana, en cambio, es una aerolínea estatal. 
De manera que, aun cuando el aparato y la tripulación fueran mexicanos, es el dueño de la aerolínea, es decir, el Estado cubano, el mayor responsable de la tragedia. Como lo es también de todas y cada una de las calamidades de la vida económica y social de Cuba.
Desde el viernes, en el corazón de todos los cubanos hay una bandera a media asta. Muchos, también estamos indignados y tenemos razones de sobra para estarlo. Cuba tiene las alas rotas, metafórica y literalmente, y el responsable de eso debería pagar por ello.

17 may. 2018

Otra vuelta de tuerca de Pablo iglesias

Pablo Iglesias, el líder podemita, espera dos hijos y tiene tres perros (la misma cantidad que yo, ¡vaya casualidad!). Esa es la razón por la que él y su esposa, Irene Montero (una especie de títere que parece estar sentada en sus piernas, hablando mientras Pablo mantiene la boca cerrada), se han comprado una mansión.
Esa adquisición, hecha por un profesor universitario zabullido en la política, no fuera noticia en España si no se tratara de un tipo que lo mismo se disfraza de Hugo Chávez, que le acepta dineros al criminal régimen de Irán para poder hacer un programita de televisión. 
Como el individuo me resulta intratable, solo me atreví a ver una edición de su Otra vuelta de tuerka (Sí, Henry James con faltas de ortografía). Fue en la que sostuvo un diálogo con Silvio Rodríguez. Una hora y seis minutos de intragables lugares comunes y soporífera bobería. 
Lo admito, llegó un punto en el que no pude más. Dejo aquí el link por si algún lector se atreve. Solo quería llamar la atención sobre este preciso momento, en el que Iglesias y Montero, muy a pesar suyos, adquieren un chalet y por fin logran tener una de las tantas cosas que les envidiaban a la “casta”.
Mi amigo Miguel Grillo, un guajiro del central Mercedes que se ha refugiado junto a sus vacas en un potrero de la Florida, no lo pudo decir mejor:
Que una pareja, en su tercera década de vida, decida comprar una casa es algo aplaudible. Lo que hace este caso especialmente diferente es que se trata de dos izquierdistas radicales con un plan político que incluye la expropiación de bienes si logran llegar al poder. Enhorabuena Pablo, ves, así se logran las cosas en la vida, comprándolas con el dinero obtenido legalmente y con tu esfuerzo (espero que este sea tu caso) y no robándoselas a su legítimo dueño. 
Pablo Iglesias y su esposa esperan dos hijos y tiene tres perros. Para que los niños y los animales tengan lo que ellos creen que se merecen, se han hipotecado hasta 2048 y han adquirido una propiedad con casa para visitas y piscina. ¿Qué pensarán de ellos los matrimonios de su misma edad que desean lo mismo en Cuba y Venezuela? 
Es un sueño legítimo pasados los 30… si no te llamas Pablo Iglesias o Irene Montero.