20 sept. 2017

TGM8

Desconozco la razón por la que el color naranja se convirtió en el distintivo de la industria azucarera en Cuba. El uniforme de Las Villas, mi equipo de béisbol, tenía un central bordado en la manga y era anaranjado hasta la altura del pecho. Por la fortaleza de sus bateadores, Bobby Salamanca (el más grande narrador que tuvimos) le puso “La Trituradora Naranja”.
Por mi casa, la estación de ferrocarril del Paradero de Camarones, pasaban a diario decenas de tolveros en dirección a la Terminal de Azúcar a Granel de Cienfuegos. Desde la locomotora hasta el caboose estaban pintados de naranja. Cada vagón llevaba 60 toneladas de azúcar. Aunque estaban herméticamente cerrados, dejaban un empalagoso olor a su paso.
Ahora recuerdo aquellos trenes por los pitazos de sus locomotoras, las TGM8 de fabricación soviética. Melesio Monzoña, el carpintero de mi pueblo, era conductor de una de ellas. Gracias a él hice varios recorridos en aquellas máquinas.
Esa era unas de las ventajas de pertenecer a una familia de ferroviarios, los tripulantes de los trenes hacían ciertas concesiones conmigo. Mi primer viaje en la TGM8 de Mele fue de Cumanayagua a Camarones. Era el día del pase en la secundaria de El Nicho y cuando llegué a la estación supe que habían cancelado al Mixto, el tren de viajero que me llevaría hasta mi casa.
“¡Te vas conmigo, Camilito!”, me dijo Mele mientras pedía vía para su tren de arena extraída del río Arimao. Cuando pasábamos por Breña, la máquina arrolló a varios chivos que dormían en la línea. La cabeza de uno de ellos, como en las peores películas de terror, se mantuvo colgando de la defensa por kilómetros.
Años después, en el crucero del central Espartaco, volví a subirme a la locomotora de Mele para ir a mi casa. “¡Te vas conmigo, Camilito!”, me gritó mientras me hacía señas para que me subiera a la máquina en movimiento. Entonces, ni él ni yo sospechábamos que esa sería la última vez.
Ya no existen ni el ramal Cumanayagua ni el central Espartaco, pero de vez en cuando busco en YouTube los pitazos de las TGM8. Esa es mi manera de volver a viajar en la locomotora de Mele o de ver pasar los trenes de azúcar frente a mi casa.
A veces cierro los ojos y busco dentro de mí el empalagoso olor que dejaban a su paso.

No hay comentarios: