10 feb. 2017

¡Mes amis!

Ignacio Agramonte le hablaba en francés a sus soldados,
una docena de negros desnudos que le seguían machete en mano
mientras cortaban cabezas y se hundían cañaveral adentro.
—¡Mes amis! —Les gritaba—. ¡Mes amis... la liberté!

En mi pueblo no hay posadas ni moteles de paso.
Una barbería, dos tiendas, un bar y una botica.
Es todo.
Nada más hay en la calle que lo divide
como un corte hecho de una sola vez,
pero con una navaja sin amolar.
En la barbería hay un espejo desde donde se ven las dos tiendas.
En las dos tiendas las puertas son amplias y se está al tanto de todo.
El bar queda frente a la botica
y en cualquiera de los dos se puede beber un buen trago de alcohol
(ablandado con hierbabuena y agua).

Durante años, estuvo mal visto que nuestras mujeres
hablaran con hombres de otros pueblos o con recién llegados.
Sabían darse su lugar y jamás tuvimos quejas de ellas.
Pero todo cambió y ahora
cuando las mujeres de mi pueblo se desnudan
hablan en francés.
Lo aprendieron de un que turista
que se llevó a dos en un jeep rojo.
—¡Mes amis! ¡Mes amis la liberté! —Gritan, 
mientras mueven las cabezas y se hunden cañaveral adentro.

1 comentario:

Max Crowe dijo...

Encantador. Leyendo tu blog en Panamá. Comparto. La bola pica y se extiende.