22 jun. 2016

Gema Corredera y el feeling de Marta Valdés

Tengo dos recuerdos de Gema Corredera que llevo conmigo como dos joyas. El primero fue en la Escuela de Arte de Cubanacán, donde ella y yo estudiábamos. Pablo Milanés nos estaba regalando un concierto y cuando llegó el momento de cantar “Yolanda”, el trovador le preguntó al público si alguien podía hacerle la segunda voz.
Los muchachos cargaron a Gema y la subieron en el escenario. Solo tuvo que meterse las manos en los bolsillo de su jean y sacar su amplia sonrisa. Pablo se mantuvo mirándola durante toda la canción. Ella, en cambio, miraba al cielo de La Habana, segura, impecable, con la naturalidad de quien se sabe nacida para cantar.
Eso debió ser en 1986. Cuatro años después, recibí una extraña oferta de trabajo y Gema estaba allí como testigo. Yo había conocido a Marta Valdés en la Casa del Escritor de Matanzas. Fue Alfredo Zaldívar quien nos presentó y quien le contó de mi fascinación por sus canciones.
Ese día le regalé mi primer libro de poemas. Meses después fui, junto a Sigfredo Ariel y Bladimir Zamora, a la peña que Marta acababa de estrenar en la casona de Teatro Estudio. Empezaba el Periodo Especial (la grave crisis económica que sobrevino en Cuba tras la caída del Muro de Berlín) y ella quería dedicarle un espacio a la imaginación en medio de tantas carencias.
Nos contó que trabajaría con algunos actores de Teatro Estudio y con dos jóvenes músicos: Gema Corredera y Pavel Urquiza. “Me encantaría, Camilo, que tú seas el director artístico de todo esto”, me dijo de pronto, sin levantar la vista de las cuerdas de su guitarra. Fue gracias a eso, que pude conocer a Gema de cerca.
Hace dos años nos reencontramos en casa de Eloy Ganuza (otro de mis más queridos recuerdos de Cubanacán), en Miami. Un fuerte abrazo y las canciones de Marta saldaron todo el tiempo que llevábamos sin vernos. Ayer, en su muro de Facebook, Norge Espinosa hizo un anunció:
“No sé ustedes, pero el 15 de julio (víspera del cumpleaños de Camilo Venegas, me acuerdo ahora) yo estaré en Casa de las Américas, regalándome el concierto que a partir de su más reciente disco, con temas de esa mujer de otro mundo que es Marta Valdés, nos ofrecerá esa voz incomparable que es Gema Corredera. Feeling Marta. Who can ask for anything more?”, escribió.
Norge —le escribí en los comentarios—, acabo de oír el disco de Gema, mientras hago tiempo para ir al aeropuerto a buscar a Diana, que llega en una hora en el último vuelo de Panamá. Estoy llorando. No es un disco, es un estado de gracia. A Elena Burke le hubiera encantado escuchar las canciones de Marta tan bien cantadas por alguien que no fuera ella.
Mañana quisiera escribir sobre mis recuerdos de esas canciones —agregué— y de esa voz, cuando las conocí a ambas. Entonces todas las cosas estaban en su justo lugar y todo eso que ahora añoramos tanto era tan solo el presente.  Eso es lo que hago aquí, antes de darle las gracias a Gema por su disco con canciones de Marta, otra joya que tendré que llevar conmigo de ahora en adelante, siempre.

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