14 may. 2016

La confianza en la sombra de los árboles

La neblina de la Cordillera Central dominicana dentro
de la Loma de Thoreau. (foto: José Roberto Hernández) 
(Escrito para la columna Como si fuera sábado de la revista Estilos)

El viernes pasado, en un patio del Santo Domingo colonial, hablábamos con un artista cuando Jaime Moreno llegó al lugar. Justo después del abrazo, sin que nos lo propusiéramos, el bosque dominicano se impuso como tema de conversación. De pronto, me di cuenta que el artista ya no estaba en la mesa.
Más tarde, le pregunté por qué se había marchado. “Me aburren los árboles”, fue su respuesta. Eso me hizo pensar en cuánto han cambiado mis temas de conversación preferidos y las personas con las que prefiero conversar. Ahora, nada disfruto más que la naturaleza.
Esa es la razón por la que me alegra tanto la compañía de gente como Mario Dávalos, Miguel Lajara, Jaime y Jesús Moreno. Ellos siempre miran a este país con otros ojos. Tienen la capacidad de ver, en un mismo paisaje, el pasado, el presente y las mejores posibilidades para el futuro.
Por Mario descubrí Quintas del Bosque, el lugar donde Diana y yo le hemos dedicado una loma a Henry David Thoreau, una de nuestras mayores fuentes de inspiración. Junto a Mario he vivido también experiencias inolvidables por los montes dominicanos, tras el rastro de especies en peligro de extinción y entornos únicos.
Miguel Lajara me ha dado la oportunidad de colaborar con el proyecto sociocultural de Granja Guanuma, que se propone abrir sus puertas a las familias y las comunidades educativas, para que disfruten de la experiencia que significa saber del campo y vivir, de una manera sostenible, de lo que él produce.
Miguel tiene tantos sueños en la cabeza que a menudo pierde la paciencia con ellos. Hoy, cuando todos hablan de compromiso sin estar realmente comprometidos, gente como él, que trabaja sin descanso para que sea posible producir alimentos en armonía con la naturaleza, merecen toda nuestra solidaridad.
Al filo de los 50 años suele hacerse difícil elegir eso que llamamos “días inolvidables”. Puedo asegurarles que uno de los míos transcurrió en una loma de San José de las Matas, mientras recorría con Jesús Moreno las plantaciones de macadamia con las que él se ha propuesto salvar un entorno devastado.
Junto a Jesús, también, subí hasta las fajas de la Loma Quita Espuela a reforestar un pedazo de esa área protegida que había sido destrozada por un invasor. Alguien, con más influencias de las que merece, se había apropiado del terreno para construirse una casa de campo. La primera manifestación de su “sentido de pertenencia” fue derribar el bosque.
En el patio del Santo Domingo colonial, mientras conversaba con Jaime, seguimos sembrando espacios en el futuro. Él prometió conseguirme unas posturas de ébano verde, un árbol dominicano en grave peligro de extinción. Yo le prometí cuidarlas hasta que crezcan lo suficiente y ya no necesiten de mi ayuda.
Siempre disfruté de la naturaleza, pero antes no era consciente de lo frágiles que son los entornos, ni de las pequeñísimas cosas que uno puede hacer para no seguir agravando los daños sobre ellos. Ahora, miro de otra manera al campo y a los bosques, esa es una de las cosas que le agradezco al haber envejecido.
Fernando Pessoa, el poeta portugués que tuvo varios heterónimos  porque escribir bajo una sola identidad le resultaba insuficiente, decía que la literatura era una prueba evidente de que la vida no basta. En compañía de gente como Mario Dávalos, Miguel Lajara, Jaime y Jesús Moreno, he aprendido que sembrando árboles podemos dejar una huella que dure mucho más que nosotros.
Nací en el campo y me crié entre campesinos. Durante mi adolescencia mi gran sueño era vivir en la ciudad y poder andar al aire libre sin tener que vérmelas con el lodo y la soledad de la intemperie. Ahora nada me hace más dichoso que permanecer en un espacio donde todos los ruidos provienen del monte. 
A mí también me aburrían los árboles. Pero ahora soy un buscador de sus sombras para confiar en ellas. Así es que me busco a mí mismo, así es que encuentro a la gente de la que quiero estar rodeado.

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