12 jun. 2014

Las ruinas de Arango*


Esta es la estación de Arango pocos días después de su desplome. En los itinerarios de los Ferrocarriles de Cuba aparecía como Cienfuegos Carga. En ella trabajaron siete de los Yero: mi abuelo, mi madre, mi tía Cary, mi tío Rafelito y mis primos Alejandro, Lazarita y Alahím.
De niño, solía pasarme buena parte de las vacaciones jugando en el andén o mirando, a través de la ventana de la oficina de mi madre, los movimientos de la locomotora de patio. Alahím, que era mucho menos obediente que yo, un día no le hizo caso a la advertencia de no bajar nunca del andén.
Fue una tarde poco después de un aguacero. Iba pasando, muy despacio, un tren de combustibles. Mi primo trató de subirse a la escalerilla de uno de los tanques, resbaló y cayó justo debajo del vagón. Es, hasta hoy, mi mayor acto de valentía. Aunque apenas tenía 9 años, reuní las fuerzas suficientes para sacarlo antes de que llegaran las ruedas.
El Curro, un guardafrenos que vio la escena, luego le confesó a mi madre que cerró lo ojos y dio la espalda. “Yo los vi picoteados”, dijo todavía tembloroso. Aunque le salvé la vida a mi primo y me gané el respeto de todos los ferroviarios que estaban presentes, nada me libró del castigo: “¡Por dejar que Alahím hiciera la payasada!”.
Eran unas pocas líneas, un taller de vagones, un muelle para descargar casillas y dos largos apartaderos donde se armaban los trenes. Sin embargo todo me parecía inmenso, inabarcable. El día que supe que la estación se había derrumbado, se cayó también algo dentro de mí.
Todavía recuerdo los nombres de aquella gente, los sonidos de aquellas locomotoras, el ruido de aquellos vagones, las voces de aquel andén, el olor perenne del mar, que permanecía agazapado, del otro lado del último chucho.
Cuando volví, hace 3 años, hasta el olor se había esfumado. Tengo el temor de que estas cosas se me olviden y entonces desaparezcan para siempre.

*Según un breve reportaje de Perlavisión, en el momento de su derrumbe, la estación de Arango era la más antigua que se conservaba en Cuba.

1 comentario:

Alejandro Aguilar dijo...

Espectacular!!!