29 mar. 2014

El caldero en el medio de la mesa

Nos acabamos de comprar un libro de cocina cubana por Amazon. No es el de Nitza Villapol, que acabó desvirtuándose en su disimulo de la escasez o sustituyendo ingredientes con lo que apareciera de Bulgaria o la Unión Soviética.
Se trata de 350 recetas que Raquel Roque, propietaria de una librería en Miami, acopió entre la comunidad cubana en el exilio. Aunque el propósito de la obra es antropológico, acaba convirtiéndose en una aventura arqueológica por la cocina de una nación.
Mi familia, los Yero, vivía en casas contiguas en el Paradero de Camarones. Se podía ir desde la primera hasta la última pasando a través de las cocinas. No había verjas que dividieran sus patios. Bastaba con seguir el rastro de los sofritos para llegar desde la primera hasta la última.
Poco a poco eso se fue acabando. Las ruinas actuales de aquellas casas bastan para ilustrar las terribles consecuencias que han tenido,  en la familia cubana, los 54 años de revolución. Queda un solo lugar en el mundo donde yo puedo reencontrarme con las cocinas de los Yero.
Cada vez que mis tíos Aramís y Miriam, en Miami, ponen el caldero en el medio de la mesa, me enfrento al último reducto de los sabores de mi infancia. Ayer hicieron rabo encendido. Lo sé porque Miriam subió una foto a Facebook.
— ¡El rabo tenía tres botellas de vino del bueno!  —Puso al responder uno de mis comentarios.
Aunque no estuve allí puedo describir todo con lujo de detalles, desde los olores y sabores hasta lo que se dijo. Ese es el gran valor del libro que compramos, que acopia la esencia de lo perdido y ofrece la oportunidad de reencontrarnos.    

3 comentarios:

Alfredo Fernandez Rodriguez dijo...

Que tristeza me ha dado este post, cuando terminará la pesadilla esta que nos envolvió a todos los cubanos

Anónimo dijo...

Gracias a artículos como este, un día El Fogonero, tendrá más ediciones que el 5 de septiembre!. Lo auguro!.

Javier Iglesias dijo...

Eres un cabrón mi hermano, sabes que los olores son una de las pocas referencias que tenemos los exiliados.